domingo, 14 de abril de 2013

La de la Ruptura una generación que cambió todo
Por: Héctor González
A mediados del siglo pasado, un grupo de artistas plásticos hizo frente al muralisrno mexicano. Convocados por Vlady, encontraron coincidencias en propuestas y trabajo. Aquel colectivo se convirtió en la Generación de la Ruptura. 

Con Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Roger von Gunten y Alberto Gironella como algunas de sus cabe/as más visibles, despojaron a la plástica mexicana de elementos nacionalistas y le dieron un aire más cosmopolita. 

Casi 60 años después, la crítica y académica argentina Lelia Driben revisa la trascendencia del movimiento en su libro La Generación de la Ruptura y sus antecedentes (Fondo de Cultura Económica). Forma parte de nuestra historia más reciente y al mismo tiempo varios de sus miembros siguen pintando con calidad. Además, jugó un papel fundamental en la historia del arte de México, comenta la especialista en entrevista. 

A través de su texto, Driben traza el contexto de la época. Ubica al muralismo de Rivera, Siqueiros y Orozco como la primera vanguardia mexicana del siglo XX y destaca su dominio dentro del escenario cultural de entonces. 

Lo llamo la primera vanguardia mexicana porque incorporó elementos del pasado, léase la pintura mural, con elementos de su presente, como el campesinado y la población indígena. Siqueiros y Orozco lo hicieron a través desde su raíz expresionista; y Rivera con una propuesta influenciada por los europeos, explica. 

El muralismo apareció en 1920, mientras se desarrollaba la últ ¡ma etapa de la Revolución.
La relevancia de su trabajo fue asimilada por la llamada Escuela Mexicana de Pintura y se extendió por varios años: Dominaban todos los espacios públicos y al público mismo; el gusto por la Escuela Mexicana de Pintura se desprendía del muralismo. 

Correspondió a los rupturistas abrir el diálogo creativo y retomar lo que sucedía en Europa. El movimiento nació en las galerías, porque la Escuela Mexicana de Pintura dominaba los pocos espacios públicos que existían. Ya después fue incorporada por el Museo de Arte Moderno en una exposición llamada Confrontación 66

El mapa expuesto por Lelia Driben delinea los artistas con quienes la Generación de la Ruptura tuvo interlocución. Se refiere a Carlos Mérida, Rufino Tamayo, Gunther Gerzso, Mathias Goertiz y Wolfgan Paalen, como modernistas esenciales. 

Sin embargo, si se trata de hablar de sus maestros la autora se concentra en Vlady y Juan Soriano. El primero dispuso de su casa para hacer de sus cuartos, estudios. Incluso ahí mismo fundó la Galería Prisse, que si bien duró poco tiempo fue suficiente para recibir la primera exposición de José Luis Cuevas en 1953. 

En tanto, Soriano fue maestro y protagonista. Desde 1955 a 1970 pinta de acuerdo a las modalidades de la Ruptura, pero antes había sido un gran proveedor de información. Él viajaba mucho a Europa y les traía catálogos y libros a los jóvenes. 

Los protagonistas 

Para Driben el cuadro de los rupturistas incluye a Lilia Carrillo, Arnaldo Coen, Pedro Coronel, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Enrique Echeverría, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, Alberto Gironella, Roger von Gunten, Brian Nissen, Gabriel Ramírez y Kazuya Sakai. 

Hasta aquí digamos que no hay sorpresas, salvo la ausencia de Lucinda Urrusti: Ella puede haber coincidido en edad, pero no pinta de acuerdo a las formas de la generación, está más vinculada a las formas anteriores, justifica la escritora. 

Asimismo, abre el abanico e incluye a artistas que no suelen agruparse dentro del movimiento: Agregué a cuatro artistas más: Tomás Parra, Francisco Toledo, Gilberto Aceves Navarro y Rodolfo Nieto. Todos con fluyen con las propuestas estéticas de la Ruptura y su articulación icónica. Incluso algunos coinciden con ellos en su aparición. Aceves Navarro estaba en el Salón de la Plástica Mexicana, pero su configuración visual respondía más a las fornas de la Ruptura y el nuevofiguratismo. Toledo es el último de los vanguardistas mexicanos. Sus formas confluyen con las de la ruptura. Incorpora los elementos de su tierra, Juchitán, a las lecciones que recibió en Francia. 

El momento culminante del movimiento tiene lugar a principios de los sesenta —en concreto en 1962—, con la inauguración de la galería Juan Martín: Es entonces cuando se consolida. 

De manera paulatina, cada artista encontró su propia voz. Alberto Gironella, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Enrique Echeverría y Gabriel Ramírez son abstractos; todos ellos tenían estilos distintos, pero los unía una diversidad de propuestas estéticas que coincidían con la modernidad del siglo xx europeo. Coronel comienza su carrera pintando al modo de los muralistas, pero después cambia a un neofigurativismo más libre. Cuevas era un provocador. Arnaldo Coen fue el más joven de la generación; tenía una abstracción lírica vinculada a Klee. Von Guthen aporta su particular manera de pintar, que consiste en una muy decantada evocación de la naturaleza. Brian Nissen contribuye con fomias bidimensionales y tridimensionales. 

La herencia de la Generación de la Ruptura aun sobrevive. Driben sostiene que su principal aportación fue cambiar la forma de ver el arte en México. La generación subsecuente fue opacada por el apogeo de los rupturistas, pero aun así destacan geometristas como Luis López Loza; los escultores Fernando Conzález Cortázar y Sebastián. Después surgieron los Castro Leñero, Gerardo Macotela, Manuel Marín, Miguel Ángel Alamilla, Irma Palacios... pero incluso para ellos los rupturistas siguen siendo la principal referencia.

El movimiento nació en las galenas, porque la Escuela Mexicana de Pintura dominaba los pocos espacios públicos que existían. 
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Fuente: Vértigo / México / Distrito Federal Versión para imprimir