jueves, 27 de agosto de 2015

Entre el dolor y la esperanza
Por: Virginia Bautista
Detrás de la imagen sensual de la actriz neoyorquina Rita Hayworth (1918-1987), una de las más emblemáticas de la época dorada del cine estadounidense, detrás de su glamour, su fama, de haberse casado con un príncipe iraní (Ali Khan), hay una historia de dolor y tristeza. 

La escritora Sandra Lorenzano (1960) descubrió lo anterior en el momento en que, cuando buscaba material para su nueva novela, leía sobre la historia de Tijuana y el Casino Agua Caliente, en donde Margarita Carmen Cansino Hayworth, su nombre real, comenzó a bailar a los 13 años de edad. 

Pensé que en esa mujer maravillosa, la imagen misma deja sensualidad en los años 40, a quien le decían la Diosa del Amor o la Diosa de Fuego, pero que en realidad de niña fue obligada a bailar en un centro nocturno, prostituida por su padre, ofrecida al mejor postor, abusada también por su padre, tenía un símbolo y un pretexto para contar las historias de violencia en contra de las mujeres, comenta en entrevista. 

La narradora argentina que vive en México desde 1976 dio vida a una novela en la que pudiera expresar un poco de toda mi preocupación y mi dolor, todo mi enojo, por la violencia en contra de las mujeres que vivimos en nuestro país. 

Se ha vuelto una situación de verdad grave en la sociedad mexicana. Y me parecía que mi responsabilidad, a través de la escritura, que es lo único que de verdad tengo, mi responsabilidad ética, era decir algo sobre esto para sensibilizar a los lectores, explica. Así nació La estirpe del silencio (Seix Barral), en la que, mediante un juego de voces narrativas; la también poeta se mete en la piel de diversas mujeres que protagonizaron espantosas experiencias en el México de principios del siglo XX y reflexiona sobre el valor de la memoria, la solidaridad y la justicia, así como sobre las fronterasgeográflcas, de escritura, afectivas y sexuales.
 
Quise ubicar la historia en Tijuana, porque es una ciudad que me fascina. Es una urbe que, si bien está marcada por cierto tipo de cultura de la ilegalidad, sobre todo en sus orígenes, posee una energía creadora impresionante, agrega. 

La ensayista añade que pocos saben, por ejemplo, que el Casino Agua Caliente fue el centro nocturno más fastuoso que hubo en América Latina en esa época. Un lugar que era tan lujoso que hasta tenía pistas de aterrizaje, porque los magnates de Hollywood llegaban desde Los Ángeles en avioneta, había un hipódromo y uno de los mejores espectáculos nocturnos. Tijuana es más que una geografía, es la fuerza de cómo surge una ciudad. 

La especialista en arte y literatura latinoamericanos detalla que tomó a Rita Hayworth, para la elaboración de la trama, en dos momentos importantes de su vida. Uno es esa primera adolescencia, cuando debuta como bailarina profesional en Tijuana, convirtiéndose en la pareja de baile de su padre, que era un bailarín español.
 
Y el segundo es cuando se va apagando su esplendor como estrella de Hollywood, envejece y empieza a tener problemas de memoria a los 50 y pocos años. Alguien le dijo que el mejor lugar para que se detuviera su enfermedad, que ahora sabemos que era Alzheimer, era la Patagonia argentina. Entonces fue a sentarse sola, frente a un océano Atlántico oscuro y ventoso, tan diferente de su Pacífico californiano. La recupero con monólogos interiores, señala.
 
La vicerrectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana recrea también la vida de las francesas Claire y Anette, quienes, tras quedar huérfanas, son traídas a México con ayuda de un sacerdote, con el engaño que le buscarán un esposo a la primera, de 15 años, pero en realidad cuando llegan a tierras aztecas son prostituidas. Teje esta historia alrededor de la de Hayworth y de alguna manera se vinculan con ella. 

Siempre con la conciencia de que no estoy escribiendo un estudio sociológico, histórico o antropológico sobré la violencia, sino una novela. En ésta hay una trama policial, empezamos con un muerto, hay historias de amor, humor, hay mujeres que se dejan vencer por esa violencia, pero también otras que se empoderan a partir de ella y logran cosas excepcionales. 

No es una historia de mujeres para mujeres. Hay también hombres maravillosos, solidarios, generosos. Así como hay unos cabrones absolutos, están los otros, los que respetan a las mujeres y las ayudan a sobreponerse al horror, las ayudan en esa búsqueda de su propio rostro y en ese empoderamiento que ellas emprenden, asegura. 

Y concluye que La estirpe del silencio no es una novela del desencanto, sino que muestra que siempre queda una puerta abierta, donde está el amor y la solidaridad.
Fuente: excelsior.com.mx / México / Distrito Federal Versión para imprimir