sábado, 31 de mayo de 2008

Narrativa y paranoia
Por: Sergio González Rodríguez

Gonzalo Soltero ratifica en su primera novela, Sus ojos son fuego, un proyecto literario saturado de acertijos, intenso y obsesivo

Experto en el estudio del acontecimiento y sus confluencias, llámese Internet o las nuevas escrituras digitales, Gonzalo Soltero ha construido, con tres libros publicados, una obra interesantísima que se perfila firme y carente de falsas presunciones. Lo suyo es la imaginación transversal inscrita en lo contemporáneo.

Si ya en Crónicas de neón y asfalto había destacado su talento al consignar en relatos, viñetas, instantáneas o secuencias próximas a lo cinematográfico un cúmulo de situaciones, atmósferas y personajes, cuya tensión en el territorio urbano se expresaba en el accidente real o espectral, las contradicciones casi metafísicas o la emergencia violenta, ahora con Sus ojos son fuego (FCE), su primera novela, el narrador ratifica un programa literario saturado de acertijos, intenso, obsesivo, convincente.

En la obra de Gonzalo Soltero la destrucción se vuelve un clímax piromaniaco, después un proceso maquinado y gradual de exterminio. En consecuencia, el rapto o furor destructivo está lejos del proceder anarquista, del detonante nihilista, del rencor social y sus fermentos que asumen en buena parte otras novelas de catástrofe, recientes en México. La novela de Gonzalo Soltero usa sólo como plataforma lo postapocalíptico para experimentar mediante sus mejores prospecciones un poder narrativo: la cimbra de una trama eficiente, la penetración caracterológica de sus personajes, sobre todo, el del biólogo que indaga una hipótesis genocida, el manejo de un clima de angustia.

Sus ojos son fuego incursiona pues en una encrucijada de géneros que la literatura y el cine han logrado insertar en nuestra mente: la ficción especulativa, el relato de aventuras, el thriller sicológico. Una tradición narrativa que explora la naturaleza del miedo y las formas de enfrentarlo, el examen de las pulsiones de odio y muerte contra las demás personas, en donde brota el principio de supervivencia de la especie humana por encima de las otras.

El biólogo de un instituto de investigaciones universitarias descubre algunos indicios de conducta anómala en los especímenes que observa, y elabora una hipótesis que querrá someter a prueba de laboratorio mediante métodos científicos. La historia de lo que acontece al investigador construye la novela. Un narrador que sabe secretos, un protagonista, el biólogo, que avanza a tientas por la vida real y la novela. O personajes diversos que se entrecruzan en un suspenso al que el novelista sabe darle una contundencia de principio a fin, gracias al dominio de la sustancia paranoide del propio relato y sus simbolizaciones mayúsculas: la semejanza simiesca de los humanos, la amenaza del reino de las ratas, el peligro policiaco, la voracidad automovilística, los rumores sobre la violencia delincuencial en Internet, etcétera.

Hay un gran experimento detrás de los hechos narrados que sólo puede ser develado por un experimento íntimo. La confrontación inaudita entre dos ámbitos en plena disparidad le ofrece a la novela un desafío extra, que el narrador logra vencer: aquello que explicará el auge de la violencia generalizada en la gran urbe. Un misterio atroz, un desenlace fatal.

En Sus ojos son fuego la propuesta formal se explaya en el ensamble de los distintos niveles del relato, en la alternancia de lo exterior con lo interior, en el vaivén entre la descripción de estados subjetivos y la escritura de una bitácora filo-darwinista que lleva el protagonista. En sus páginas, cuando aparece la materia violenta, se rechaza toda trivialización o humor fallido, pues brilla en ellas una permanente ironía que arrasa además con el patetismo solemne.

Sus ojos son fuego está lejos de limitarse a la rutina de la parodia. Desde luego, evita a su vez el pastiche, el regodeo autocomplaciente y el vicio parasitario llamado también paráfrasis. Como pocos autores nuevos de la literatura mexicana, ha encontrado una zona de propulsar reinvenciones fructíferas. Sus ojos son fuego patentiza el esfuerzo cumplido del escritor en una novela notable.

Fuente: Reforma / México / Versión para imprimir