viernes, 27 de marzo de 2009

Margarita y las palabras
Por: Andrea Cataño Michelena

Ayer, hace once años, una de las grandes voces poéticas de México se cambió de traje. A los 79 años, una tarde en que las jacarandas con sus llamaradas lilas anuncian por las calles de la ciudad que ha llegado la primavera, Margarita Michelena murió, de repente, en compañía, en su casa y sin sufrimiento.

Conforme llegan las nuevas generaciones, el olvido va cubriendo de polvo a las figuras que las precedieron, pero los que nos quedamos tenemos el deber de sacudirles el olvido.

Me atrevo hoy a hablar de ella no solamente porque fue mi madre, sino porque fue una mujer que nos abrió camino entre otros, en el periodismo, ya que fue la primera pluma femenina que ocupó las páginas editoriales. También fue la primera mujer directora creativa de publicidad, cuando, siendo muy jovencita, empezó a hacer slogans, para apoyar los patrocinios de sus anunciantes para los programas de radio cuyos guiones escribía y producía. De ella es el lema mejor mejora Mejoral, considerado como uno de los mejores de la historia de la publicidad en México.

Era delgada, hiperactiva, dueña de una memoria y una cultura extraordinarias, ávida siempre de conocimiento. Intelectual por una parte y, por otra, totalmente femenina: leía a Unamuno y tejía suéteres divinos; escribía sonetos quevedianos y preparaba un bacalao extraordinario; publicaba artículos que ponían a temblar a la clase política de su tiempo y bordaba en petit-point. A ella nada se le dificultaba, con excepción de conducir autos y cambiar pilas.

Fue feminista sin que lo reconociera. Tal vez porque en tiempos del feminismo recalcitrante de su época, la imagen de las mujeres que abanderaban el movimiento era la de féminas muy resentidas, según ellas. Con su talento y su gracia, la Michelena nunca se vio discriminada en un mundo de hombres en el que se desenvolvía con la mayor naturalidad. Siempre los vio como sus iguales. Recuerdo que decía que la igualdad era imposible. Somos diferentes y por lo que hay que pelear es por la equidad: que a igual trabajo, igual remuneración, que a igual talento, igual reconocimiento, pero yo quiero que los señores me sigan abriendo la puerta del coche o que si voy en el camión atestado haya un caballero que me ceda el lugar.

Sin embargo, todos estos aspectos de su vida no serían motivo para que perdurara su recuerdo, tanto como por su poesía. En su poema Hipótesis del vuelo escribió: No combaten el pájaro y el viento./ El pájaro es la música/ y el aire su hechizado instrumento./ Para saber por qué vuelan los pájaros/ no hay que ver los sofismas de sus alas,/ sino escuchar el río iluminado/ que empieza en su garganta./ Las razones del vuelo son razones de música/ y si el pájaro vuela, es sólo porque canta.

La poesía de Margarita Michelena ha sido un tanto relegada, pero sus valores estéticos no han disminuido y bien valdría releer, su obra, pues ella es, junto con otros y otras poetas de su generación, una de las mejores voces de la poesía mexicana del siglo XX.

Octavio Paz expresó: Los poemas de Margarita Michelena son torres esbeltas... perfectos objetos verbales de admirable transparencia, poemas que son cristalizaciones del tiempo vivido. Así lo prueban estas líneas que pertenecen a su Enigma de la rosa: Aria celeste, fábula de espuma,/ espejo de la nube o llama quieta,/ golpes de vida oscura levantaron/ tu infalible palacio de silencio,/ tu orden luminoso, tu diadema/ de hielo y hermosura./ En soledad te inventas y te eriges/ estatua centelleante de ti misma/ mientras el grillo, en las dormidas hierbas,/ toca su verde flauta de rocío.

El tiempo que ha pasado sobre la obra de Margarita Michelena no ha disminuido ni su intensidad ni su búsqueda de perfección formal y armonía; el tiempo ha decantado su obra haciendo resaltar sus momentos esenciales. Sus poemas apenas ocupan cien páginas del volumen Reunión de imágenes publicado por el FCE. En este sentido, Margarita Michelena escribió lo esencial. Siempre es fácil perderse en los propósitos estériles. Saber lo que se quiere es difícil, y ella lo supo en su poesía.

Como traductora y difusora de la poesía, uno de los mejores trabajos de Margarita Michelena es la versión al español de El spleen de París, de Baudelaire, y una antología lírica para jóvenes que lleva por título Jardín de palabras: recreo poético juvenil , que vio la luz en 1992. En el prólogo a esta antología escribió: El común de las personas se pregunta para qué sirve la belleza; para qué, en suma, sirve el arte. Pues te diremos que si el arte sirve para algo, es para transformar las almas y hacerlas más grandes y sensibles, más inclinadas a lo bello, que es lo bueno.

Hoy le doy a su recuerdo un beso con palabras que de ella heredé. La belleza de la poesía es la piel de mi pensamiento y de mi amor.

andreacatano@gmail.com

Librería Virtual
Fuente: El Sol de México / México / Versión para imprimir