lunes, 26 de mayo de 2014

Pulgarcita
Por: Germán Martínez Cázares
•    La generación “Pulgarcita” nació hace 25 años, son jóvenes cuyo principal reto es defender la libertad en que germinaron.

Estamos frente a una nueva humanidad, afirmó hace tiempo al diario argentino La Nación, el filósofo Michel Serres, profesor de Stanford y miembro de la ilustre Academia Francesa. Ahora en un divertido ensayo, recién publicado por el Fondo de Cultura Económica, bautizó a esa nueva generación como Pulgarcita, con dedicatoria al famoso personaje del cuento de su paisano Charles Perrault y, además, porque esos nuevos jóvenes, crecidos en la era tecnológica y global, tienen literalmente al mundo en sus dedos pulgares.

Con habilidad digital fantástica los pulgarcitos manejan información, se relacionan, se entretienen, consumen, aprenden. Serres ha profetizado que esos muchachos están destinados a transformar el mundo.

Pulgarcita vive en la paradójica vecindad-lejana, capaz de conocer perfectamente a un amigo sin haberlo visto personalmente nunca. 

Son un individuo drástica y dramáticamente distinto a sus abuelos. En la historia del mundo, ninguna generación tuvo tantas novedades de golpe. No se alistan en partidos políticos, con escepticismo cruzan el umbral de una iglesia. Han asesinado a la típica escuela de antaño, donde un profesor se trepa en una tarima y pontifica desde el escritorio, y los alumnos tienen el deber de callar y obedecer. Ahora el saber ya no exige cuerpos humillados, son libres para aprender. Además, los espacios de circulación del conocimiento se multiplican, las expresiones de Pulgarcita se escuchan, y la difusión del pensamiento ya no tiene un sólo campus. Las universidades que antes alcanzaron la autonomía frente al Estado, ahora empiezan a construir una independencia mayor: la del alumno frente a sus maestros. Pulgarcita está a salvo de la terrible y esclavizante memorización, ahora puede ocuparse con mayor energía de la imaginación.

Pulgarcita aprecia y disfruta el valor de la experiencia en tiempo presente, goza la inmediatez; no se distrae con el pasado, ni le atemoriza o preocupa demasiado el futuro; sin embargo, los pulgarcitos son productos de un mundo en mutación donde las instituciones se comienzan a percibir rebasadas. ¿Acaso no se habla de la crisis de los partidos políticos, del parlamento, de las iglesias e incluso de las universidades? Las formas de pertenecer a una sociedad de Pulgarcita tienen nuevos lazos, por ejemplo Facebook y Twitter. Lo colectivo que es un valor igualador de los jóvenes, da paso a lo conectivo, indudable transformación social que agrega a unos con otros, pero salvaguarda las diferencias. Pulgarcita tiene nuevas comunidades solidarias. Contraria a sus antepasados, está dispuesta a firmar un contrato natural (concepto de Serres) para cuidar su entorno vital.

Esa generación Pulgarcita brotó hace 25 años, con el derrumbe del muro de Berlín y el nacimiento de la web, invento de ese moderno Gutenberg, el británico Timothy Berners-Lee.

Defender la libertad en que germinaron los pulgarcitos es el principal desafío de esos jóvenes. El otro reto es vencer el miedo provocado por los cambios. Esos temores son el argumento falso de los fundamentalistas, principales enemigos de Pulgarcita, que en estos 25 años fueron capaces de estrellar aviones en unos edificios de Nueva York, hacer explotar unos trenes en Madrid, condenar a muerte a Salman Rushdie, llenar de mentiras nacionalistas a Latinoamérica, dar la espalda a la migración, fomentar el racismo, censurar y, en no pocos casos, construir emporios con el narcotráfico.

El otro reto de la sociedad pulgarcita será reconciliar a la religión con la razón, a la ciencia con la fe; divorciadas éstas alimentan los fanatismos y propician la ocasión para los mercaderes de la angustia y los falsos profetas del relativismo. Puede encontrar a un Dios como moción de libertad.

Los gobiernos-pastores amantes de la tutela social no creen en Pulgarcita, ni están dispuestos a promover condiciones de libertad para que se desarrolle, al contrario, como en el cuento de Perrault, buscarán devorarla...
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Fuente: Reforma / México / Distrito Federal Versión para imprimir