miércoles, 18 de octubre de 2017

“Yo ya toda soy de nada”
Por: Patricia Rosas Lopátegui
Mañana estamos de manteles largos, no sólo porque celebramos el aniversario del natalicio de Guadalupe Dueñas, sino también la edición de sus Obras completas (FCE, 2017). Y como dijo María Luisa La China Mendoza en días pasados: Es la hora de dar inicio a los homenajes más que merecidos para Guadalupe, la del nombre regio de México (Excélsior, 7/10/2017). 

Dueñas nació en Guadalajara (circa 1910- 2002). Ingresó al mundo de las letras como cuentista. Sus primeros textos aparecieron en la revista Ábside, en 1954, y ese mismo año se publicaron en una plaquette bajo el título Las ratas y otros cuentos. El gobierno de Jalisco le concedió el Premio José María Vigil (1959) por su colección de relatos Tiene la noche un árbol 1958). 

Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores (19611962), periodo en el que coincidió con Inés Arredondo, Vicente Leñero, Miguel Sabido, entre otros destacados autores, con el proyecto de elaborar su única novela, Memoria de una espera, misma que permaneció inédita hasta su publicación en este volumen. 

En la década de los 70 apareció su segundo libro de cuentos, No moriré del todo (1976), y una colección de semblanzas sobre diversos autores, escritoras, intelectuales y poetas, Imaginaciones (1977). Después vino una larga pausa. Habría que esperar hasta 1991 para acercarse a su tercer y último libro de cuentos, Antes del silencio. 

Para sorpresa de sus lectores, Guadalupe Dueñas también fue poeta. Como la mayoría de sus contemporáneos, escribió a mano poemas, relatos, apuntes para el trabajo y todo lo que acudía a su imaginación en cuadernos y libretas. Ahí permanecieron silenciosos a lo largo de siete décadas. Este libro por fin los rescata. 

No debe de extrañarnos que la autora de Historia de Mariquita. Zapatos para toda la vida y La tía Carlota haya soñado con ser poeta. Leyó, admiró y escribió sobre Edgar Alian Poe, Ramón López Velarde, Emily Dickinson, Concha Urquiza, Federico García Lorca..., y mientras escribía largos poemas fue amiga de Octavio Paz, Salvador Novo, Pita Amor, Rosario Castellanos y Luis Cernuda. Pero el padre Alfonso Méndez Planearte, su amigo y guía espiritual, le anunció que sus relatos superaban sus versos, y era mejor que le apostara a la narrativa. En este compendio, prescindiendo de su recomendación, se rescataron esos poemas que sobrevivieron el paso del tiempo, ese arsenal que alimentó sus narraciones. 

Autora de prosa impecable, la búsqueda de la perfección de la palabra poética con evidente afán clasicista se aprecia en estos materiales. Sin lugar a dudas conocerlos permite acercarnos a su angustia existencial, esa que padecen los protagonistas de sus relatos, y sobre todo, a su inmenso corpus literario. Con estos poemas los invitamos a leer, a descubrir o redescubrir a una de las escritoras más importantes del siglo XX. 

Antes de que muera 

Antes de que muera arrancaré las corolas de pulpa ensangrentada de todos los claveles y con la carne roja que son las amapolas amasaré un guiñapo que registre los latidos que llamo corazón. 

Pondré en mi cintura un ramo de orquídeas, me haré una guirnalda de ramo de lis y entre mis manos sólo flores blancas limón nardo azahares gardenias jazmín, mentiré ala muerte. 

Seré un jardín extraño con la muerte albina y la pobre gente mirará a lo lejos mi féretro pasar, como flor gigante el cortejo de alas cual las nubes blancas antes de ennegrecer.
 
El alma me olía a Jardín 

El alma me olía a jardín dulce naranjo florido de soledad fue mi infancia; yo no supe si me amaron me forjé mi mundo propio lo hice con trozos de cuentos y el plumaje tembloroso de un ensueño de colores. ¿Contra quién el anatema? Hay dos filos en la espada que me duele al que le hiere y también me hiere a mí. Si bien sé del cataclismo que me cegó los dos ojos, ¿qué importa que hoy descubra la sacrílega pedrada que me derrumbó por dentro? Si mis manos ya no existen y mis labios no se ven ya soy sólo mi sudario y mi grito es sin sonido.  Hoy mis venas ya no guardan tibio coral derretido son hoy acueductos de pus. Ya mi vientre está manido y mi corazón de cáncer que saltaba como el pecho de una cierva enamorada es un jirón de la asfixia.
Yo ya toda soy de nada ¡para qué quiero los ojos que no sea para llorar amargo llanto de siglos llagas sobre mi eternidad! — Guadalupe Dueñas.
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Fuente: Excélsior / México / Ciudad de México Versión para imprimir