martes, 28 de febrero de 2012

Crear, como soñar, es dejar fluir algo que no controlamos: Isol
Por: Silvina Espinosa de los Monteros
Uno de los propósitos más audaces de la infancia es pretender diseñar sueños a voluntad, de ahí que el más reciente álbum de la ilustradora argentina Isol constituya un deleite para chicos y grandes. Con un formato vertical como el de un calendario de escritorio, Nocturno. Recetario de sueños es un poderoso invento luminoso, capaz de disparar la imaginación.

Puesto que la noche es un momento ideal para incitar al vuelo, al abrir su más reciente libro Isol nos recuerda: “Un sueño poco interesante es una noche desperdiciada”. De ahí que se haya dado a la tarea de crear un “disparador” onírico, cuyas instrucciones se sintetizan en cinco puntos fundamentales: 1) elige del libro el sueño que te parezca tentador; 2) antes de acostarte deja el libro abierto en la página de la imagen elegida y ponlo debajo de una luz potente durante cinco minutos; 3) coloca el libro de manera que puedas verlo desde tu cama; 4) ¡apaga la luz!; y 5) encontrarás el rastro luminoso que ha dejado el sueño en la página. Míralo cuanto quieras y luego cierra los ojos para seguirlo a su escondite.

Tomo al azar un cuento que se intitula “El sueño de irse lejos”, en el que simplemente se ve una casita de techo de dos aguas sobre el horizonte, pero en la oscuridad nocturna se convierte en la punta de un cohete que ha aterrizado en la luna, cuyo tripulante es saludado por un par de amigables marcianos.


—¿De qué modo se le ocurrió contraponer dos narraciones visuales: una diurna y otra nocturna, para crear una historia?

—Por lo general mi intención es lograr que cada libro que hago sea un objeto seductor tanto por su historia como por su gráfica —dice Isol—. Esto surgió de pensar en un proyecto con tinta fluorescente, que brillara en la oscuridad y no se viera de día. Siempre me gustaron los objetos que tenían esa cualidad, desde las virgencitas hasta las estrellitas para poner en el techo, y me pregunté por qué no había un libro con esas características. Pensarlo me llevó a imaginar un relato escondido en otro relato, como la tinta invisible de las cartas secretas. Me gustan las sorpresas, darlas y recibirlas.

—¿Cómo desarrolló la parte conceptual? ¿Qué le interesaba comunicar?

—El concepto de Recetario de sueños [FCE] lo encontré al buscar una estructura que hiciera funcional el tema de cargar con luz cada página. Es algo que hay que hacer de a uno por vez, por lo cual las imágenes tenían que ser autónomas unas de otras. No se puede cargar todo el libro al mismo tiempo y leerlo en secuencia como mis otros trabajos. Me interesa que se pueda elegir una ilustración por su título, viendo sólo una parte de una historia, y la expectativa de lo que sucederá al apagarse la luz. Me encanta que la oscuridad traiga una imagen consigo y que esa imagen desaparezca al prenderse de nuevo la luz, como el sueño al abrir los ojos. Cada página contiene una historia en dos actos con dibujos diferentes, pero no pueden verse simultáneamente. ¡Es como un truco de magia!

—¿De qué manera acometió el proceso técnico?

—Fue muy divertido, parecido a un juego de ingenio, ya que las líneas en tinta fluorescente tenían que estar en los lugares donde no hay tinta oscura (para que brille bien, lo mejor es fondo blanco). Así que por un lado tenía el dibujo “en positivo” a cuatro colores y en otra “capa” el dibujo escondido en tinta glow, en negativo (las líneas se verían como luz, y donde no hay tinta es negro). Hay que poner la cabeza imaginando así cómo combinar esas dos imágenes. Como he hecho bastante la técnica de serigrafía, me es fácil pensar en capas de colores separados, así como lo hice en La bella Griselda; pero esto es realmente muy nuevo, pues nunca trabajé con esta tinta y mis pruebas fueron todas virtuales en la computadora. La tinta se llama glow in the dark y el libro fue impreso en China. Tuvimos bastante trabajo pensando en el formato. Hacer los dibujos en sí no llevó mucho tiempo porque son simples, lo difícil, ¡pero fascinante!, fue encontrar historias mínimas que funcionaran con este truco luminoso de una manera divertida.

—Si hubiese que definirlo, ¿este libro-objeto sería un inductor o tejedor de sueños? ¿O cómo le gusta llamarlo?

—La idea del Recetario es en realidad un absurdo: los sueños son muy difíciles de controlar, no se domestican como perritos. Este libro es un juego que propongo al lector: soñar despiertos, adivinar que habrá escondido. Ojalá inspirara muchos otros sueños en forma de historias inventadas, dibujos locos... Por eso hay una página al final del libro para que dibujes lo que quieras y lo puedas ver en la oscuridad.

—¿Qué importancia tiene en su trabajo el aspecto onírico? —Crear, como soñar, es dejar fluir algo que no controlamos totalmente, que tiene que ver con el deseo, las fantasías, las inquietudes, los temores... En ese aspecto, el material de la invención creativa sale de ese mismo lugar onírico o no racional. Me sirve mucho dibujar o improvisar escribiendo sin pensar, escuchando música o probando técnicas distintas para encontrar imágenes inesperadas... Pero al trabajar en una obra ordeno ese material, le doy una forma y tengo en cuenta que será observado por otro. Cuido que quede algo de ese misterio que me inquietó y me hizo entusiasmarme con esa idea para jugar.  Cada historia o imagen que elijo tiene que ver con mi sensibilidad, con lo que me conmueve, me sorprende o me hace reír; pero no está enjaulada en una sola explicación. Así el libro tendrá también cierta polisemia que dará apertura al lector de asociarlo con lo que quiera de su propio mundo. Mis libros no enseñan nada en particular ni tienen una moraleja; en ese aspecto prefiero que sean lúdicos desde un lugar inteligente, con humor y cierta extrañeza de lo cotidiano. En todo caso quisiera contagiar ese placer de disfrutar una historia, una gráfica potente, con cierta libertad para salirse de lo previsible.
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Fuente: El Financiero / México / Distrito Federal Versión para imprimir