
Primer acto
Matilde y su padre Don Juan, capitán del ejército realista se encuentran de visita en la Ciudad de México. León, enamorado de Matilde, la sigue desde la Ciudad de Querétaro, acompañado de Antonio quien es activo independentista. Rosario, criada de Matilde y enamorada de este último, ha prometido a León llevarle al encuentro de su señora.
Don Juan, en la plaza con León, le advierte que conoce de sus actos de insurrección, amenazándolo de muerte. Se observa en la escena un momento místico entre la Hechicera y Matilde.
En este primer acto se pone de manifiesto la brecha histórica de clases sociales entre españoles peninsulares, españoles criollos, mestizos, e indígenas, dando inicio a la trama de los amantes de orígenes sociales diversos.
Segundo Acto
En la Alameda la gente pasea en el devenir común de una imagen de época. Por momentos la tranquilidad parece interrumpirse agobiada por los tiempos que transcurren.
Fray Lorenzo expresa sus temores a Matilde reforzando los propios. Ésta se muestra afectada y temerosa ante el inminente levantamiento de los insurrectos con los que León simpatiza.
León y Matilde se encuentran superando por un momento sus diferencias ideológicas y entregándose al idilio amoroso.
Tercero Acto
En alguna casona de la Ciudad de Querétaro se fragua una conspiración de insurrectos.
Luis, a cambio de dinero esconde a Matilde, quien en su afán de proteger a su amado de los oscuros pensamientos infundados por Fray Lorenzo y el presagio de la Hechicera, no avista el peligro que se avecina. Matilde es testigo del suicidio de Agustín de Olinta quien es descubierto en traición a la causa. La escena es trágica, violenta, idealista, cargada de motivos patrióticos. Descubierta en su intento de salvar a León, el destino de Matilde se vuelve incierto.
Cuarto Acto
La visión de la Hechicera toma forma. Matilde, presa de los insurrectos, es rescatada por su padre Don Juan en medio de la confusión de la batalla contra los realistas. El drama se traslada al pueblo de Dolores, en donde los realistas pretender sitiar la plaza principal.
Al amanecer se oyen las campanas de la esquila de la iglesia y los fieles se dirigen a la oración matinal. Mientras tanto León, bajo vigilancia y sospecha de ser traidor por su relación con la hija de un capitán realista, debe cumplir la orden de hacer prisionero a Don Juan. El desenlace funesto es inevitable por los amantes.