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José G. Moreno de Alba
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hispánico
 

EXCEPCIONALMENTE ME REFERIRÉ a un asunto de lexicografía inglesa elemental, en un libro en el que sólo se tratan temas relacionados con la lengua española. Lo hago empero porque, como se verá, atañe directamente a los hispanohablantes. En un número reciente de la revista Newsweek se trató el tan traído y llevado juicio que se llevaba en los Estados Unidos contra un famoso jugador de futbol acusado de haber asesinado a su esposa. Se explicaba ahí cómo estaba conformado el jurado. En un recuadro, mediante siluetas, se daban datos de sus 12 miembros. Había ocho siluetas negras, que correspondían a los jurados de raza negra: seis mujeres (black woman) y dos hombres (black man), tres siluetas blancas de los jurados de esa raza, por cierto las tres mujeres (white woman); y, finalmente, una silueta gris (ni negra ni blanca), asignada a un hispanic man de 32 años.
        Me queda claro que woman se opone a man y que black es lo contrario de white. Entiendo también, gracias al color de las siluetas, que el hombre hispánico no es ni negro ni blanco. Por tanto, es obvio que hispanic, en el inglés actual de los Estados Unidos (o al menos en algunos de sus registros), está empleándose como uno más de los términos racistas, a los que son tan afectos en el vecino país, y designa a cualquier persona (de México o Centroamérica) que lleve apellido hispánico. Creo que en este caso se incurre además en una verdadera impropiedad léxica, y, sobre todo, el empleo de hispanic con esa significación específica muestra una evidente falta de sentido común.
        Si nos guiamos por el color de la silueta asignada al hombre hispánico, su color (su raza) debe ser algo así como moreno o, si se quiere, café (en términos mexicanos) o marrón (utilizando un vocablo del español europeo). En efecto, la mayoría de los hispánicos americanos (mexicanos, centroamericanos), que son a los que se refieren en los Estados Unidos como hispanic, somos morenos, ni blancos ni negros (ni amarillos, ni rojos).
        Veamos algunas incoherencias en este antipático empleo del adjetivo hispanic. Usted como yo conocerá a algún mexicano de pelo rubio y de piel francamente blanca: ¿seguirá siendo, para los estadunidenses, hispanic? Sin duda, porque si, por una parte, tiene un apellido hispánico como Pérez o Gómez y, por otra, es originario de México (o Centroamérica), necesariamente será, ahora sí que por definición, hispánico. Sin embargo, aun las feroces autoridades migratorias de los Estados Unidos tendrán que aceptar que, aunque pocos, hay hispánicos blancos e hispánicos negros (y los habrá amarillos y hasta rojos también). Por lo contrario, y estoy hablando en serio, no hay negros blancos ni blancos negros. Porque para que en ese país se le llame a alguien negro basta sólo el color de su piel; no interviene para ello ni su apellido (Smith o Johnson) ni su nacionalidad (estadunidense o jamaiquino). Por lo contrario, cuando se designa, sea por caso, a un chicano como hispanic se está aludiendo, sobre todo, a su origen (mexicano) y, de paso —no hay que perder la oportunidad—, al color de la mayoría de los mexicanos (morenos). Precisamente por ello, en el recuadro de la revista Newsweek, la silueta del hombre hispánico era gris, ni negra ni blanca. Los diccionarios empero siguen traduciendo el adjetivo hispanic simplemente como hispánico, aunque, curiosamente, es probable —no estoy seguro— que a un madrileño avecindado en Los Ángeles no se le llame hispanic sino white (!), tanto por su raza (suponiendo que sea en efecto blanco) cuanto, sobre todo, por su origen europeo.
        Me pregunto por qué, en los Estados Unidos, no nos llaman a los mexicanos (morenos o cafés) con el adjetivo inglés que mejor traduce ese color: brown. Ya sé que algunos, en un tono de desprecio socarrón, llaman a los hispanic algo así como brownies ('los cafés'), palabra formada a la manera de townies ('aldeanos, pueblerinos'); se trata, como se ve, de una designación ofensiva ciertamente, pero no oficial. Por lo contrario, en la documentación censal, por ejemplo, se ha oficializado para ese objeto el adjetivo hispanic.
        Por mi parte, creo que no nos llaman brown por dos razones elementales: primeramente porque, aunque parezca mentira, en este caso particular, les importa más señalar, como rasgo discriminatorio, el origen (mexicano, centroamericano) que el color de la piel. Una manera abarcadora (mexicanos + centroamericanos), según ellos, de designarnos es, entonces, hispanic, voz que cabalga entre el gentilicio propiamente dicho (Mexican, Salvadorian...) y la designación racial (brown, por ejemplo). Se evita el gentilicio preciso y, de paso, se crea una nueva categoría racial y, naturalmente, lingüística ('que hablan español'). La otra razón, me parece, podría ser la siguiente: si se oficializara, como raza, el calificativo brown (u otro semejante), se correría el riesgo de modificar el comodísimo sistema de designaciones que rige para los estadunidenses anglos, para los cuales alguien entre ellos mismos, si no es negro, es blanco, aunque sea moreno. En otras palabras, si a los mexicanos y centroamericanos nos llamaran brown, podría suceder que los de ese origen pero que son blancos pasaran al grupo —muy exclusivo— de los white, lo que a los anglos les resultaría obviamente inadmisible, y, no menos grave, que algunos estadunidenses anglos de color moreno (porque los hay), cómodamente establecidos ahora en el apartado de los white, pasarían necesariamente al repulsivo casillero de los brown.
        Para evitar ese desajuste se inventaron términos, raciales ciertamente, pero que implican, además, origen. Además de hispanic, no hay que olvidarlo, existe también oriental, que designa a los coreanos, vietnamitas, etc., vocablo que incluye, primero, este origen geográfico y, después, la raza, el color amarillo. Todos estaremos de acuerdo en que una clasificación de sillas, por ejemplo, no puede formularse en los términos siguientes: las sillas verdes forman el grupo uno, las grandes el dos, y las cómodas constituyen el grupo tres. Sería una clasificación torpe, ilógica, porque, obviamente, puede haber sillas chicas verdes, sillas grandes cómodas, sillas cómodas verdes, etc. Pues eso pasa, precisamente, cuando se establece un paradigma racial compuesto por los términos white, black, hispanic y oriental, por la simple razón de que, mientras white y black aluden al color, hispanic y oriental, por su lado, refieren al origen. Lo ideal sería que no se clasificara —ni en los Estados Unidos ni en ninguna otra parte— a los seres humanos por el color de su piel. Dado que, según parece, esto resulta inevitable en esa cultura, debería al menos buscarse un sistema de oposiciones, semánticas y lexicográficas, más lógico.


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