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José G. Moreno de Alba
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histérico
 

HACE POCO COMENTABA con algunas personas lo interesante que resultaría hacer una investigación que explicara los cambios de sentido que las voces van experimentando al paso del tiempo y que, así sea imperfectamente, van quedando reflejados en las definiciones que de cada vocablo aparecen (y se modifican) en las sucesivas ediciones del DRAE. Con los adelantos en computación, es probable que en un disco óptico pudiera caber una síntesis de las alteraciones que cada definición ha ido sufriendo en cada una de las 20 ediciones del vocabulario oficial desde el famoso Diccionario de autoridades de 1739 o, si se quiere, desde el latino-español de Nebrija de 1492. De paso podría estudiarse asimismo, entre otras cosas, el avance de la ciencia, al menos desde el punto de vista del hombre común: piénsese, sea por caso, que, en ese espléndido monumento a la lexicografía que es el citado Vocabulario español-latino, Elio Antonio de Nebrija hace al átomo equivalente o sinónimo de 'cosa no partible'; en la vigésima entrega del DRAE, por lo contrario, puede leerse que átomo es:

        “La partícula de un cuerpo simple más pequeña capaz de entrar en reacciones químicas. Se llama así por haberse creído que era indivisible. Está formado por un núcleo masivo, compuesto de protones y neutrones y circundado de electrones repartidos en diferentes órbitas. En el átomo neutro el número de electrones es igual al de protones, y es este número el que determina sus propiedades químicas".

        Más de algún físico o químico estará en desacuerdo con la precedente definición, pero es innegable su diferencia con respecto a la (simple y hermosa) de Nebrija.
        Otro ejemplo: en la decimoquinta edición del DRAE, de 1925, todavía podía leerse que el histerismo (no se documentaba todavía la voz histeria) era el 'padecimiento nervioso de la mujer, caracterizado principalmente por convulsiones y sofocación', y que histérico(a) era lo 'perteneciente al útero o al histerismo'. Dejando a un lado la dudosa relación del útero con el susodicho padecimiento nervioso, lo cierto es que hoy, aunque la voz histérico(a), de acuerdo con el vocabulario académico, sigue siendo 'lo relativo al útero o al histerismo' (o histeria, voz ya incluida como sinónima de histerismo), el vocablo histerismo significa una 'enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos'. Como se ve, de manera indirecta, los redactores del DRAE siguen creyendo que esa enfermedad nerviosa tiene algo que ver con el útero, lo que explican no sólo por la etimología griega de la palabra histérico (histerá, 'útero'), sino también cuando anotan que es “más frecuente en la mujer que en el hombre”.
        Estamos, creo, en una etapa intermedia apenas del cambio de la definición. Quizá más adelante se descubra (realmente no sé si ya se hizo) que nada tiene que ver el útero con la histeria, que tal vez la mujer no tiene por qué ser más histérica que el hombre, y en tal caso, la definición tendrá que cambiar, aunque la etimología conservará, para la historia de la lengua, la primitiva y científicamente equivocada significación.


Usted hallará aquí un conjunto de artículos sobre palabras, expresiones, reglas gramaticales y ortográficas que provocan confusión o equívocos entre los hablantes. Cada entrada tiene un título, en el que se sintetiza el tema ahí tratado; por ejemplo: “bistec / bisté / bisteques / bisteces” explica los orígenes del vocablo con que solemos referirnos al filete. Para llegar a esa minucia haga clic en la letra B y busque dicha entrada, o haga clic en la lista de Todas las entradas y localícela ahí.