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José G. Moreno de Alba
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homofobia, homosexual
 

SOMOS MUCHOS, sin duda, los que opinamos que la voz homofobia, relativamente reciente en español, está mal formada desde un punto de vista meramente morfológico. Si se considera que los constituyentes del vocablo son, por una parte, el seudoprefijo griego homo-, que significa ‘igual’, y el sustantivo fobia (‘aversión obsesiva’), homofobia debería denotar algo así como ‘aversión a lo igual’ como hidrofobia quiere decir ‘aversión, temor al agua’. Sin embargo el DRAE del 2001 nos explica que su sentido es ‘aversión obsesiva hacia las personas homosexuales’. Quiere decir que, por lo menos en esa palabra, homo- equivale a ‘homosexual’. Confieso nunca haber oído ni leído la voz o el seudoprefijo homo- con ese sentido; por ejemplo: “Debemos respetar a los homos (es decir, a los homosexuales)”.
        El DRAE, que en la mayoría de los artículos asigna, no siempre con acierto, etimologías, en este caso, astutamente, se limita a señalar que homofobia procede del inglés homophobia. El espinoso asunto de la explicación morfológica queda en manos, entonces, de los anglohablantes. Ellos verán cómo analizan esta especie de anacoluto, si se me permite el atrevimiento del tecnicismo. En efecto, un anacoluto es una inconsecuencia en la construcción del discurso. No habrá aquí discurso pero sí una inconsecuencia en la formación de la palabra: homo + fobia ? ‘aversión a los homosexuales’. No faltará quien piense que el asunto se remedia si se inventa un engendro como *homosexualfobia (‘aversión hacia los homosexuales’). Me temo que ni siquiera así, porque en mi opinión tampoco la palabra homosexual está bien formada.
        En el artículo homosexual, la Academia de la Lengua no acude a la explicación de la voz como anglicismo. A lo mejor le convendría hacerlo y, creo, no andaría tan errada. Hasta donde pude averiguar, el término homosexual comienza a usarse, en español, en las primeras décadas del siglo pasado. En el Corde (Corpus diacrónico del español), las primeras documentaciones se hallan en textos más o menos técnicos de Gregorio Marañón, publicados entre 1919 y 1929. Lo emplea también Unamuno en 1927. El DRAE le da cabida en su edición de 1936, asignándole el significado de ‘sodomita’, lo que no parece mal si se considera que un sodomita, para el Diccionario de autoridades (1739), es el que comete sodomía y sodomía queda definida en los siguientes términos: “concúbito entre personas del mismo sexo”. Parece ser que por muchos siglos los homosexuales se llamaron en español, sodomitas.
        Ahora bien, la explicación etimológica de la voz homosexual en el DRAE deja mucho que desear. Comienzo señalando que en las ediciones de 1936, 1939 y 1947 se dice que el vocablo está formado por homo (del latín, ‘hombre’) (!) y por sexual. Ciertamente homo, en latín, significa ‘hombre’, pero el homo- que interviene en homosexual nada tiene que ver con el latín homo sino que se trata, como dije, del seudoprefijo griego que significa ‘igual’. Ese grave error queda corregido a partir de la edición de 1956. Se sigue señalando como sinónimo sodomita. En la entrega de 1970 se omite esta equivalencia y se define homosexual en los siguientes términos: “Persona que tiene relación carnal con otro del mismo sexo”, que viene a ser la misma definición que se asigna a sodomita en el Diccionario de Autoridades de 1739; por tanto, bien podría haberse dejado la equivalencia homosexual = sodomita. Persiste esta definición, con algunos leves cambios de redacción, hasta la más reciente edición, la 22ª de 2001.
        Vuelvo a la etimología de homosexual. La entrega del DRAE de 2001 sigue siendo la más reciente. Pues bien, en ella se anota que homosexual procede de homo- y sexual. Como se ve, no hace intervenir aquí la Academia al inglés. Tal vez convendría pasar también este caso a los anglohablantes, pues un anacoluto semejante al que puede observarse en homofobia se da también en homosexualidad, es decir: homo + sexualidad: “relación erótica entre personas del mismo sexo”. Lo que nos dice la suma de homo más sexualidad es simplemente algo así como “igual en lo que se refiere al sexo”, lo que nada tiene que ver con la “relación erótica entre personas del mismo sexo”. Nótese que es muy semejante esta especie de compactación que se observa tanto en homofobia cuanto en homosexual. No me parece, por tanto, imposible que no sólo homofobia venga del inglés; tal vez también tenga ese origen homosexual. Es a esa lengua a la que debemos, creo, esos asépticos eufemismos, entre los que se cuenta, de reciente ingreso, el término gay (pronunciado [géi] en México y [guái] en España). Por cierto, en el DRAE (2001) tiene ya su artículo el vocablo gay. No se dice ahí ni siquiera que procede del inglés. Algo semejante podría hacerse con homosexual: no señalarle origen inglés, al menos mientras no se demuestre, pero tampoco explicarlo por la suma de homo- y sexual, puesto que en nada ayuda a la comprensión de su sentido. Convendría quizá limitarse a dar el significado, sin meterse en explicaciones morfológicas de dudosa confiabilidad.


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