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José G. Moreno de Alba
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a (en) nombre de

a / ha / ¡ah! / há

a nosotros / a nos

(a)postemilla

¿(a) qué hora(s) es (son)?

a ver / haber

abducción

abocarse

abordar

abusar

acceder

accesar

acechar / asechar

acemite /acemita / cemita / cema

de achichincles, chalanes y canchanchanes

acostumbrar(se) (a)

adolecer

adonde / a donde

aéreo / aero-

agarrar, coger, tomar

agredir

agresivo

agüitado

ahí / allí

el alcázar del castillo

álgido

alineo o alíneo

(allá) cada (y) cuando

alquilar / rentar

alternativa / opción

aludir

amanecerse, regresarse

americano

antro

años veinte(s), los

apachurrar

apanicarse

apenas y (si) se oye

"aplicar un empleo", "aplican resctricciones"

apreciar

apto, inepto

aqüeste

(la) Argentina, (el) Perú...

arrabal, barrio

el arte / las artes

asesino / homicida

asir / tener / detener

atingencia

autobús / camión

autobaño, autorradio, etcétera

un ave / una ave

azteca / náhuatl / mexicano

la azúcar / el azúcar

bajo la base de

balbucir, balbucear

banqueta

bayano

beicon

beige

beis

bendeciré, contradiré

bengalí

billón

bísquet

bistec / bisté / bisteques / bisteces

biznaga

blanc(uzco) / verd(usco)

¡bolo, padrino!

bonhomía

bromoso

bucal / oral

buffet, bufet, bufé, bufete

buró

burós / buroes

(la) C(c)iudad de México

cabildear

camellón

camionsote / camionzote

campus

caníbal

cantara por "cantó" y "había cantado"

capear, capitoso, capón

carácter

carátula

¡caray!

el cariaco, Guayaquil y Guayana

caro / costoso

cartel / cártel

casete

casimir

casual por

chabacano

chamba

chanfle / chaflán

changarro

chapopote / chapapote

charola

chicle

chilacayote / "Cidra cayote"

chilango

chimuelo

chiquitear

chiste colorado, viejo (rabo) verde

chiste, chistoso

chocar, chocante

choclo

cien(to)

cirquero / circense

ciudadanizar la cultura

colonia, fraccionamiento

comedido / acomedido

como muy importante

computadorizar

con o sin sal

consensar / consensuar

conspicuo

contemplar

contexto

contralor

conurbación

cooptar

corifeo

corre y corre, escribe y escribe

corriente ('de mala calidad')

cotidian(e)idad, femin(e)idad

crestomatía

crisis, emergencia

cual(es)quier(a)

cuelga

cuento, bicuento

curar, curador, curaduría, curatoría, curatorium, curatorio...

currícula, memoranda, córpora, campi...

currículum (-o, -a, -os)

el (de) ése

de hasta / hasta de

de oque, de oquis, dioquis

debo (de) estudiar

década, la

decenio, siglo, milenio

demasiado

desapercibido / inadvertido

desayunar

descentralizar / desconcentrar

descomponer(se)

desinformar

detentar

detentar (otra vez)

detrás nuestro / detrás de nosotros

devenir

devenir (otra vez)

¿10 de marzo de o del 2000?

"diez para las dos", ¿anglicismo?

digital

dintel, umbral

díselo, dícelo, díceselo

dramático

ducha, regadera

E(e)l B(b)ajío, L(l)os A(a)ltos

eclipse y léxico regional

efeméride(s)

eficientista, eficientismo

ejecutar por asesinar o matar

el (G)golfo de México

él desafora / él desafuera

elegir

elite / élite / elit

embarnecer

emérito

empoderar

en situación de calle

en solitario

enojarse, enfadarse

ensimismarse

entre(o)meterse

entrenar(se)

épale, órale, ándale

erario "público", concejo "municipal"

es entonces (que) (cuando), fue allí (que) (donde)

especular

estándares

estímulo

estoy cierto

etnia, étnico

evento

explotar / explosionar

extinguidor / extintor

falla / fallo

federal, federalismo

feo, bonito

financio / financío; diferencio / diferencío

fláccido / flácido

*flamable

forzo-fuerzo

foto's, d'Gerard

franquicia

gambusino

garage

género / sexo

gente

gente humilde

el gentilicio americano

global

granola

(a) grosso modo, statu(s) quo

guango, guangocho, guangoche

guayín

gubernatura

¿guión o guion?

*habemos muchos

habemos varios que...

haiga

hasta

hechizo

hemisferio

hidrocálido

hispánico

Hispanoamérica, Latinoamérica, Iberoamérica

histérico

homofobia, homosexual

hoy (en) día

iceberg

idiosincrá(sico)(tico)

ignorar

igualdad, equidad, desigualdad, inequidad, iniquidad

imbricar

impartir / dictar / dar una conferencia

implementar

imprimido / impreso

incautar(se)

incidente

indexar, indizar

indígena

infición

infligir, infringir

influir, influenciar

ingresar: ¿transitivo o intransitivo?

inició el curso

instancia

intelectual

intercepción / interceptación

interferir

no abre la

¿Irak o Iraq?

jaletina / gelatina

jeroglífico / jeroglifo / glifo

jitomate / tomate

jocoque

jugar (al) futbol, jugar un papel

Lago Gascasónica

¿las ocho de la tarde o de la noche?

"le informo (de) que no tiene mensajes"

(le) dije "a Pedro"

"le" por "les"

licuo y licúo

llanta / "rin"

lo cesaron

lo que es

logística

machismo

machote

maestro, profesor

las malas palabras

mandatar

mandatario

mande usted, a sus órdenes

maquila

el (la) maratón, maratoniano / maratónico

margayate

de marras

máster

(me) acostumbré (a)

(me) entreno todos los días

me lo quedo

me recuerdo

me simpatiza / simpatiza conmigo

media tonta / medio tonta

¿médula o medula?

¿membresía o membrecía?

mexiquense

mexiqueño, defeño

miniatura

minimalista

minusválido, discapacitado

mismo

el modisto

morbilidad, morbidez

mormado

motivar

mucho muy / muy mucho

mucho muy interesante

Munich/ Münjen/ Miunich

nación

naco

nahuatlismos de referente

necio

ningunear

nivel, a(l) nivel (de)

no + sustantivo ("La no asistencia")

"no la puedo"

no me antojes

nortearse

noticiario, noticiero

obviar

ocupar por necesitar

ofertar

oír / escuchar

ojalá Dios quiera

olán / holán

ominoso

ómnibus

el plural de ómnibus

optar (por, a)

optimar / optimizar

el (la) orden del día

orfanato(rio)

orillar

la ortografía portuguesa frente a la española (diferencias de política lingüística)

¿El País o el país?

país, nación, nacionalidad, estado, república...

palapa

papa / patata

para por

parteaguas

patrocinar / auspiciar

pedir y dar disculpas

¿Pekín o Beijing?

peonero / pionero

Pericoapa, Pericentro

pero sin embargo

pichicato

pilón, llapa

pipiolo, pipiola, pipiolera

pizcar, pizca

un(a) poco(a)

por mor de

por qué, porque, porqué

porfiriato / porfirismo

prender el radio

prerrequisito

la presidenta

¿El Presidente o el presidente?

presídium

pressing

prever, proveer

priísta / priista

primer(a), tercer(a) vez

priorizar

privacía

problematizar, visualizar, conceptualizar

profesional / profesionista

promedio

la provincia, el interior

provisional / provisorio

provocar / causar

publicitar

pulque

¿qué / "cuál" libro prefieres?

quedré, querramos, quiéramos

quesadilla

quicio

quihúbole

quiniela

raíl, riel

rato

realista, realístico

rebonito, retebonito, requetebonito

recaudo

recién

reconversión

recreativo-recreacional

regalías

restaurant / restaurante / restorán

romper (a bueno)

sabiondo / sabihondo

santuario

satisfaré/satisfaceré

se 'los' dije

se me hace

(se) regresó porque (se) enfermó

sendos

señora, señorita, señora de Pérez...

señorita

siempre sí, siempre no

siniestralidad

el soconusco (con minúscula) y el pinole

sofisticado

solución de continuidad

subiría el precio del petróleo

¿sudeste o sureste?

sugestión / sugerencia

talacha

taller

tantito

tapanco

tarea

tendente-tendiente

el / la tequila

tiburón

tiza contra

TLC / NAFTA

tocayo

tomar / emborracharse

tópico

torrefacto

tráfico / tránsito

3.1416 / 3,1416: ¿punto o coma para separar decimales

tres españolismos recientes: desvelar, decantarse y talante

trique

trivia

ubicar

ustedes / vosotros

¿uve, uvé, ve chica, ve baja, ve corta, ve labiodental? ¿doble u o doble uve?

vaciado, suave, chido

vagamundo

valet parking

vascuence

veintiún(a) páginas

veniste(s)/ viniste(s)

ver / mirar

versal, versalita, mayúscula

verter / vertir

vestidos rosa(s)

viable

volteó / volvió la cabeza

volviste en ti / sí

votar por (a) Juan Pérez

voy 'a por' ella

Ya apliqué para ese empleo. Se aplican inyecciones. Aplican restricciones

Ya mero llegamos a mi mera casa, donde soy el mero mero

 

mexiquense
 

I

RECIENTEMENTE HA VENIDO APARECIENDO, sobre todo en el lenguaje periodístico, el neologismo mexiquense, con función de gentilicio para designar a los originarios del Estado de México o a lo perteneciente o relativo a ese estado de la Federación. Explicablemente esto ha provocado algunas discusiones. Convendría tener en cuenta, al menos, algunas precisiones, unas de carácter lingüístico o filológico y otras que quizá podrían denominarse históricas o sociológicas.
        No debe olvidarse, ante todo, que son sólo los hablantes los verdaderos reguladores de la lengua. Los lingüistas y filólogos son solamente observadores de los fenómenos lingüísticos y descubridores y descriptores de los sistemas y estructuras que subyacen en todo acto de comunicación humana. Los puristas, por su parte, no son tampoco reguladores de la lengua, sino en todo caso tratan (casi siempre en vano) de privilegiar alguna de las variantes lingüísticas sobre otras en razón del prestigio de quienes las usan, aunque algunas veces también lo hacen para evitar imprecisiones y lograr un discurso más inteligible.
        Es la lingüística, en efecto, la que nos enseña que una cosa es la innovación y otra el cambio. Es la primera un simple acto puramente individual de un hablante. La innovación se convierte en cambio si es adoptada por un importante grupo de hablantes y puede así hacerse después norma válida dentro de una comunidad lingüística. El cambio puede ser fonético, morfosintáctico, léxico o semántico. Puede ser condicionado o espontáneo, según tenga o no referencia con el contenido. Así, no es lo mismo una sonorización de t en d (incondicionada) que una etimología popular del tipo vagamundo por vagabundo (cambio condicionado).
        En el caso que nos ocupa, se trataría de una innovación en el inventario de los adjetivos gentilicios usados por los hablantes de México. A reserva de analizar más adelante la propiedad de esta nueva palabra, este neologismo o innovación, lo que me interesa ahora destacar es lo inobjetable del hecho de que "alguien haya inventado el término", pues toda innovación tiene por definición el carácter de individual. Dejará de serlo, pasará a ser hecho comunitario, cuando obtenga el rango de cambio lingüístico, cuando los hablantes, en su mayoría o en un buen número, la hagan suya, cuando sea normal, esto es, perteneciente a la norma, que, de acuerdo con las ideas de Eugenio Coseriu, puede entenderse como suma de hablas individuales. Es así como se puede hablar de "norma mexicana" como la suma de las hablas de los mexicanos, o de la norma de la ciudad de México como la suma de las hablas de sus habitantes. Es un concepto eminentemente relativo y de gran utilidad para los lingüistas y dialectólogos.
        La voz mexiquense puede pasar a formar parte de la norma mexicana cuando un buen número de los hablantes de este país la incorpore a su léxico. Véase que, por ejemplo, la designación hidrocálido, para nombrar al originario del estado de Aguascalientes, tuvo también sin duda su origen en una innovación individual (el término y su aplicación fueron "inventados" por alguien) y después fue adoptada por los hablantes y hoy es quizá tan común como otras designaciones recomendadas por los gramáticos, como aguascalentense o aquicalidense, que no tienen además el carácter de voz híbrida (latín y griego) del término hidrocálido, a pesar de lo cual se impuso sobre ellas o al menos convive con ellas en la norma del español mexicano.
        Aclarado ya que la voz mexiquense, como gentilicio para designar a los originarios del Estado de México, recién introducido, podrá pasar a formar parte de nuestro léxico sólo si así lo determina el uso de los hablantes, convendría detenerse un poco a examinar la propiedad o impropiedad del mecanismo que se utilizó para su formación y la justificación que puede encontrarse al neologismo.
        En cuanto a esto último, hay que recordar que el Estado de México es el único que carece de gentilicio, debido evidentemente a que la voz mexicano, que podría corresponderle, se aplica a los nacidos en los Estados Unidos Mexicanos, nombre oficial del país que es más conocido como México. Haciendo un poco de historia, el territorio del actual Estado de México perteneció primero a la provincia de México, una de las cinco provincias mayores que integraban el reino de México. Fue después la más importante de las 12 intendencias en que se organizó el Virreinato en 1786. En 1821, al consumarse la Independencia, se le reconoció como provincia de México. Cuando en febrero de 1824 se promulgó el Acta Constitutiva de la Federación, el Estado de México nació con una importante reducción de territorio en relación con el que había tenido antes. En octubre de ese mismo año se promulgó la ley que estableció el Distrito Federal. Hubo después otras mutilaciones que redujeron al Estado de México a su actual superficie de 21 461 kilómetros cuadrados.
        En lo que me interesa hacer hincapié es en que la designación de provincia, intendencia o estado de México ha sido siempre la misma, desde la más antigua división de la Nueva España hasta nuestros días. No creo que sea fácil encontrar, en otros países, un caso análogo: el que la designación del país se identifique con la de uno de sus estados, departamentos o provincias; además, claro, de que también se da la identidad de designación en relación con la ciudad capital, lo que, aunque también raro, sucede con otros nombres toponímicos (Guatemala, Panamá). Recuerdo aquel viejo noticiario de televisión que anunciaba al Estado de México como "el estado que lleva por nombre el de la patria misma".
        En conclusión, si buscamos en cualquier enciclopedia o diccionario el significado de mexicano, se nos explicará: 'natural de México, perteneciente o relativo a esta república de América'. Nunca se entenderá por tal ni al oriundo del Estado de México ni al natural de la ciudad de México. A éste quizá, por razones muy poco claras, se le conozca, en nuestro país al menos, como chilango, capitalino o defeño (muy reciente y, creo, aún poco aceptado); a aquél, sin embargo, no hay forma alguna de nombrarlo.
        
        
        II
        
        Debido a que los hispanohablantes hemos determinado por el uso que la voz mexicano designe sólo al 'natural de México, perteneciente o relativo a esta república de América', parece conveniente crear un adjetivo para nombrar al oriundo del Estado de México, habida cuenta sobre todo de que es el único estado de la Federación que carece de gentilicio.
        Ésta es, a mi ver, la simplísima justificación que encuentro para que alguien —ignoro quién y cuándo— haya propuesto el término mexiquense. Se pudieron haber propuesto quizá otros, pero habría que decir lo mismo: el éxito de la designación depende exclusivamente de la aceptación de los hablantes. Veamos empero el mecanismo utilizado para la creación del neologismo.
        Son adjetivos gentilicios, dice el DRAE, los que denotan la gente, nación o patria de las personas, como español, castellano, madrileño. Normalmente éstos se forman mediante la adición de determinados sufijos al nombre propio que designa el lugar (topónimo). Los sufijos gentilicios más comunes son -ano (bogotano), -eno (chileno), -ense (nicaragüense), -eño (limeño), -ero (habanero), -és (cordobés). Más raros son otros, como -eco, de origen náhuatl y frecuente en México (tamaulipeco), -ín (mallorquín), -ita (israelita), etc. No faltan gentilicios especiales que a veces tienen sustento en antiguas designaciones de determinado lugar, como emeritense (de Emerita, designación latina de Mérida), vallisoletano (de Vallisoletum, nombre medieval de la actual Valladolid).
        Por lo que a nuestro país se refiere, y en particular a los gentilicios de los estados de la Federación, los sufijos más comunes son, en orden decreciente: -ense (casi la mitad de los estados forma su gentilicio con esta terminación: sonorense, duranguense, morelense, guerrerense, etc.); -ano (siete estados toman este sufijo, entre ellos veracruzano, poblano, campechano); -eco (chiapaneco, tamaulipeco, yucateco); -eño (oaxaqueño y tabasqueño); con un solo estado aparecen en la lista: -ino (potosino), -és (neoleonés) y -a (nayarita).
        De manera consciente o por casualidad, quien creó el término (recientemente introducido, pero creo que hace ya tiempo inventado) no hizo otra cosa que seguir la regla morfológica al añadir al topónimo México el sufijo gentilicio -ense, que es el más común en nuestro país para ser aplicado a gentilicios de estados de la Federación.
        En resumen, el proponer un gentilicio para un territorio que carece de él parece justificado. Juzgo asimismo adecuado que para ello se haga uso del sufijo más común, más normal. Sin embargo es necesario repetir que a nadie, sino a los hablantes, compete la regulación de la lengua. Puede discutirse, aceptarse o rechazarse la necesidad o justificación de la voz, la conveniencia o propiedad de su formación. Independientemente de ello, el que el vocablo permanezca en nuestro léxico o tenga sólo una vida efímera es asunto que sólo a los hablantes compete.
        
        P. D. En la vigésima primera edición del DRAE (1992) se incorporó la entrada mexiquense ('natural del Estado de México, en la República Mexicana').


Usted hallará aquí un conjunto de artículos sobre palabras, expresiones, reglas gramaticales y ortográficas que provocan confusión o equívocos entre los hablantes. Cada entrada tiene un título, en el que se sintetiza el tema ahí tratado; por ejemplo: “bistec / bisté / bisteques / bisteces” explica los orígenes del vocablo con que solemos referirnos al filete. Para llegar a esa minucia haga clic en la letra B y busque dicha entrada, o haga clic en la lista de Todas las entradas y localícela ahí.