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José G. Moreno de Alba
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banqueta
 

APENAS EN LA VIGÉSIMA EDICIÓN del DRAE, la correspondiente a 1984, en el artículo banqueta quedó consignada como acepción propia de Guatemala y México la de ‘acera de la calle, paso a lo largo de la fachada de las casas’. Aunque conviene tener en cuenta que, sólo en las ediciones de 1884 y de 1899, la cuarta acepción de la entrada banqueta era precisamente la de ‘acera’, sin marca geográfica. Desde la edición de 1914 hasta la actual hay en la entrada banqueta una acepción que se explica así: “Acera de una alcantarilla, a propósito para visitar y limpiar ésta”. En el español de España la voz acera tiene dos principales acepciones: 1) “Orilla de la calle o de otra vía pública, generalmente enlosada, sita junto al paramento de las casas y particularmente destinada para el tránsito de la gente que va a pie”; 2) “fila de casas que hay a cada lado de la calle o plaza”. En México usamos la voz banqueta exclusivamente con la primera acepción de acera (“orilla de la calle...”). Es muy probable que, en México, banqueta tenga un amplísimo predominio sobre acera en la lengua hablada, en el registro coloquial sobre todo. No es sin embargo obvio que esto mismo suceda en la lengua escrita. De conformidad con los resultados de una búsqueda en textos mexicanos escritos del español actual, en el rico banco de datos de la Real Academia Española —conocido como CREA: Corpus de referencia del español actual— de banqueta encontré 119 casos en 43 documentos; y, de acera, 98 en 42 documentos. Los datos que provienen sólo de textos periodísticos mexicanos (en el CREA) favorecen el empleo de acera sobre banqueta (10 frente a 6). Puede pensarse, entonces, que acera tiene aquí, entre cierta clase de hablantes, algún curioso “prestigio” del que banqueta carece.
        Ignoro cuándo se generalizó, en España y en México, el uso de banquetas (o aceras) “para el tránsito de la gente que va a pie”. Lo que los textos parecen señalar es que, hasta el siglo XVIII, en el español de España, acera tenía casi exclusivamente el sentido de ‘fila de casas’. De la segunda mitad de ese siglo en adelante, hasta nuestros días, en España la voz acera se emplea tanto para la ‘orilla de la calle’ cuanto para ‘fila de casas’, con predominio del primer significado. Por lo que toca a acera, en México —me valgo ahora del banco de datos conocido como CORDE: Corpus diacrónico (histórico) del español— aparece en un texto de 1871 de José T. Cuéllar, con el significado de ‘fila de casas’ (“...pendían de acera a acera cordeles colgados de tápalos y mascadas”); con este mismo significado pervive la voz en escritores como Martín Luis Guzmán (1926: “en la acera de enfrente se veían edificios bajos”) y Rulfo (1953: “se recostó sobre el pretil de la acera”). Aunque en ese corpus (CORDE) las documentaciones más tempranas de acera, en textos mexicanos, con el significado de ‘orilla de la calle’, son apenas de principios del siglo XX, lógico es pensar que era voz corriente mucho tiempo antes.
        Algo semejante puede decirse de banqueta. La documentación más temprana, en el CORDE, es de M. Azuela (1916): “...el interpelado se bajó de la banqueta”. Ahora bien, si se considera que Félix Ramos, en su Diccionario de mejicanismos, de 1896, aunque con una redacción desordenada, ya registra la voz banqueta con el significado de ‘acera’, es seguro que, al menos en la lengua hablada, venía usándose en México desde tiempo atrás. Piénsese simplemente en lo que señala Israel Katzman en la página 37 de su Arquitectura del siglo xix en México: “en tiempos del segundo Conde de Revillagigedo (1789-1794) se empedraron y embanquetaron la mayor parte de las calles de la ciudad de México”. Probablemente para designar esas primeras banquetas se utilizaba el término acera; quizá pronto (¿o desde un principio?) alternó con él el vocablo banqueta. En México, esa alternancia persiste aún hoy, aunque con evidente predominio de banqueta sobre acera. Entre paréntesis: es raro que no registre la voz banqueta —en su Vocabulario de mexicanismos, escrito a fines del siglo XIX— un lexicógrafo tan enterado y cuidadoso como lo fue García Icazbalceta. Pudo deberse a que, como señalé al principio de esta nota, en las ediciones del DRAE de los años 1884 y 1899, época en la que el estudioso mexicano preparaba su Vocabulario, la voz banqueta está registrada, sin marca geográfica, con la acepción de ‘acera’; por tanto, don Joaquín no creyó tal vez necesario considerar banqueta como un mexicanismo léxico.
        Sobre el origen de este vocablo (banqueta, con el sentido de ‘orilla de la calle para el tránsito de la gente que va a pie’) hay, entre otras, dos opiniones interesantes. Una es de Santamaría: “Indudablemente banqueta procede de banco (o de banca), en cuanto que este mueble sirve para sentarse, y en tal caso, es más propio dar el nombre de banqueta a la ‘orilla de la calle más alta que lo demás del piso’, que a la fila de casas [...]”. Me parece que, en este texto, mejor que buscar el origen de la palabra, el célebre diccionarista quiso destacar que banqueta es un término más propio, más conveniente que el vocablo acera, si se quiere aludir a la ‘orilla de la calle’; en lo cual, me parece, lleva razón. En efecto, es indudable que banqueta procede de banco; lo que convendría averiguar es por qué a esa ‘orilla de la calle’, en México, se le llama banqueta y no acera. No puede deberse a la semejanza (?) de un banco o de una banca con esa ‘orilla de la calle’, por mucho que, dado que es más alta que el piso, podría uno sentarse en ella, como en un banco(?).
        Hay otra explicación, más complicada aún. En una comunicación publicada en la Memoria del XI Congreso de academias de la lengua española (1998), el profesor tejano de origen mexicano Roberto A. Galván propone para banqueta un origen francés: “El étimo de banqueta, banquette, se halla en su plural, banquettes, en Luisiana en los documentos judiciales de una ordenanza emitida en español por el gobernador Luis de Unzaga, el 12 de diciembre de 1769. La voz llegó a incorporarse con el sentido de ‘acera’ en el inglés de dicho estado, donde se pronunciaba y sigue pronunciándose como si se escribiera banket, con el acento prosódico sobre la primera sílaba. Es probable que el hispanohablante luisianense de aquella época la haya españolizado, trasladándola más tarde a México, donde arraigará, debido a la presencia francesa allí a principios de los años sesenta del siglo XIX, durante la época maximiliana”.
        Propongo, a mi vez, una explicación mucho más sencilla. Desde el Diccionario de autoridades de 1770 hasta la vigésima segunda edición del DRAE (2001) existe un artículo (o una acepción) de banqueta que conviene tener en cuenta. En el DRAE de 1770 se anota un artículo o entrada especial para banqueta con la siguiente explicación: “Uno como poyo que se levanta en la muralla, estrada encubierta, u otra fortificación al pie del parapeto, para que el soldado subiendo en él, pueda disparar descubriendo más la campaña, y bajarse después para cargar el arma estando a cubierto. Es voz de la fortificación”. Esta definición, con algunos cambios, viene repitiéndose en todas las ediciones posteriores del DRAE, hasta hoy. Ahora bien, consultando planos de fortificaciones novohispanas, sobre todo del siglo XVIII, encontré en casi todos ellos, con ese preciso sentido, la voz banqueta. Quiere decir que en el español novohispano del siglo XVIII, concretamente en el vocabulario de las fortificaciones, banqueta, con el sentido de ‘poyo’, era una voz usual. El DRAE define poyo con los siguientes términos: “banco de piedra, yeso u otra materia, que ordinariamente se fabrica arrimado a las paredes, junto a las puertas de las casas de campo, en los zaguanes y otras partes”. Nada raro sería que, cuando por esa misma época, comienzan a construirse en México esos particulares andenes “para el tránsito de la gente que va a pie”, se les llamara banquetas, pues en efecto eran muy semejantes a esos poyos de las fortificaciones que precisamente así se llamaban. Mi hipótesis es, entonces, que la denominación mexicana banqueta, para lo que en otras partes se llama acera, se tomó del léxico de la construcción de fortificaciones, es decir del que ahora considera el DRAE como vocabulario de la milicia.


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