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José G. Moreno de Alba
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beis
 

YA ME HE REFERIDO AL VOCABLO beige (color) y, sobre todo, a la dificultad que entraña su definición. Señalaba ahí que esa voz, de empleo generalizado, aún no estaba incluida en el DRAE (me refería a la vigésima edición, de 1984). En la vigésima primera edición (1992) del Diccionario de la Academia, aparece ya ese vocablo. Me llama empero la atención que, además de escribir el extranjerismo crudo (beige), también se dé entrada a la variante beis. Por lo que respecta a la definición, creo que resulta aceptable: 'dícese del color castaño claro'.
        Digo que me parece rara la transcripción beis. Explicaré por qué. Ciertamente nunca ha sido legislada con precisión la ortografía de los extranjerismos. Algunas observaciones aparecen dispersas en los manuales. Por ejemplo, en el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (1973) puede leerse lo siguiente: "Se encuentran grafías como chalets, carnets, champignons, algunas de las cuales no reproducen la articulación española, ni siquiera la de la lengua de origen, ni se atienen a la ortografía, más fiel a la pronunciación española, que el Diccionario de la Academia registra poco a poco (chalé, parqué). Sin duda quien las escribe estampa deliberadamente un nombre extranjero" (p. 42). Puede interpretarse lo anterior, según entiendo, de la forma siguiente: si usted no quiere emplear un nombre extranjero, escríbalo como lo pronuncia y, en tal caso, estará usando un vocablo de origen extranjero ciertamente, pero ya castellanizado o españolizado.
        En el Diccionario de 1992, efectivamente, son numerosos ya los extranjerismos castellanizados: beis (por beige), bufé (por buffet), bumerán (por boomerang), bungaló (por bungalow), buqué (por bouquet), carné (por carnet), chalé (por chalet), chaqué (por jaquette), parqué (por parquet), vermú (por vermut)... Curiosamente siguen apareciendo complot, debut y sándwich (y no *compló, *debú y *sángüich).
        Sólo una observación, aplicable a beis y a varias de las otras formas citadas. Independientemente de que será necesario seguir discutiendo las ventajas (o desventajas) de estas castellanizaciones de extranjerismos, conviene hacer ver que, muchas veces, se trata de verdaderas españolizaciones, es decir de formas de pronunciar y, según parece, de escribir extranjerismos en España, no en la lengua española. En México, y seguramente en otros muchos países americanos, muchos siguen pronunciando a la francesa o quizá, mejor, a la inglesa la palabra beige (beish, a veces sonorizada la sh final); pronuncian las letras completas de buffet, carnet, chalet, parquet, vermut...; jamás pronuncian como agudas las palabras bungalow y boomerang; y nunca dicen chaqué sino zhaqué, shaqué o yaqué, o algo por el estilo, sin ch inicial.
        En este, como en muchos otros aspectos, el DRAE sigue siendo una buena (o mala) explicación de vocablos empleados por sólo una décima parte de los hispanohablantes.


Usted hallará aquí un conjunto de artículos sobre palabras, expresiones, reglas gramaticales y ortográficas que provocan confusión o equívocos entre los hablantes. Cada entrada tiene un título, en el que se sintetiza el tema ahí tratado; por ejemplo: “bistec / bisté / bisteques / bisteces” explica los orígenes del vocablo con que solemos referirnos al filete. Para llegar a esa minucia haga clic en la letra B y busque dicha entrada, o haga clic en la lista de Todas las entradas y localícela ahí.