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José G. Moreno de Alba
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chiste colorado, viejo (rabo) verde
 

EN UN ARTÍCULO DE LA EXTENSA Y HERMOSA SERIE “El dardo en la palabra”, que publicaba el diario español El País (19 de mayo de 2002), don Fernando Lázaro Carreter explicaba con su reconocida erudición un difícil pasaje de Baltasar Gracián en el que aparece la expresión libro verde, que el clásico aplicaba a aquellos infames que se convierten en infamadores. No pretendo aquí glosar la lección completa del célebre filólogo, sino simplemente hacer algunas observaciones a notas marginales suyas referentes a ciertos significados de los adjetivos verde y rojo (o, más precisamente, colorado).
        Nos recuerda Lázaro Carreter que “los clásicos antiguos calificaron de verde la ancianidad vigorosa, de primavera tardía, sin achaques notables […] Pero como a esos viejos afortunados les aguija aún la libido, jugueteando con el adjetivo verde se le añadió en seguida el rasgo irónico de ‘lascivia’”. Más adelante nos informa que en el español europeo actual, sobre todo en el de los jóvenes, ha desaparecido la expresión viejo (o vieja) verde. Dos observaciones. Una: tengo la impresión de que en el español mexicano sigue vigente la expresión, aunque suele tener una variante no registrada en el DRAE. Aquí solemos hablar, por una parte, sólo de viejos (verdes) y no de viejas (verdes) y, por otra, casi siempre decimos no precisamente viejo verde sino viejo rabo verde. Todavía la más reciente entrega del DRAE (2001) anota, como la acepción 13 de verde, la siguiente: “Dicho de una persona: que conserva inclinaciones galantes impropias de su edad o de su estado. Viejo verde, viuda verde”. Para este concepto, en México y, probablemente, en varias partes de América, preferimos la expresión rabo verde, como acertadamente lo señalan no pocos diccionarios de americanismos y de mexicanismos (Malaret, Morínigo, Palomar, Santamaría…)
        En otro pasaje del artículo citado, Lázaro Carreter se refiere, también tangencialmente, al adjetivo verde, con el significado que el DRAE explica en su acepción 12: “Dicho de un cuento, de una comedia, de una poesía, etc: Libres, indecentes, obscenos”. Anota, por otra parte, que, con este mismo sentido se empleó, en otra época, el adjetivo colorado: “Éstos [los vocablos verdes] —escribe don Fernando— eran colorados hasta el siglo XVIII (…) Tal proceso se consuma por completo en el siglo XIX (…) Y colorado pasa al baúl de los arcaísmos”. En efecto, en la entrada correspondiente del Diccionario, en la quinta acepción, se asienta: “Colorado (…) 5 desus. Verde (libre, obsceno)”; es decir que colorado tuvo también, en un tiempo, el significado que hoy tiene verde. Es probable, por otra parte que en el siglo XIX todavía tuviera vigencia, en España, el sentido ‘indecente, obsceno’ en la voz colorado, pues en la decimoquinta edición del DRAE (1925), la quinta acepción de colorado —sin marca alguna que señale la voz como desusada— es la siguiente: “Dícese de lo impuro y deshonesto que por vía de chanza se suele mezclar en las conversaciones”. Esta definición es casi la misma que aparecía en los diccionarios académicos del siglo XVIII.
        Ahora bien, la abreviatura desus. (desusado) de la más reciente edición (2001) —que aparece por primera vez apenas en la vigésima de 1984— debería, en mi opinión, circunscribirse al español peninsular. En el español mexicano, en primer lugar, jamás se emplea, con ese sentido, el adjetivo verde y, en segundo lugar, sigue empleándose (y, por tanto, de ninguna manera le conviene la marca de “desusado”), con el valor semántico de ‘libre, indecente, obsceno’, el adjetivo colorado. Aquí decimos, por ejemplo, “te voy a contar un chiste colorado”, nunca un chiste verde. Si se acepta que, por una parte, colorado como ‘indecente’ no se emplea ahora en España y, por otra, sigue empleándose en México, convendría considerarlo mexicanismo (o americanismo, si su empleo se extiende por otros países del continente).


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