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José G. Moreno de Alba
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chabacano
 

TODOS SABEMOS que conforme los descubridores, conquistadores y colonizadores españoles iban conociendo la fauna y la flora americanas procuraban a toda costa, para no emplear la voz indígena correspondiente, adaptar designaciones de su propia lengua, con lo que obviamente se perdía precisión, pues lo que se hacía era simplemente aludir a las realidades americanas mediante nombres de animales y plantas europeos que, en no pocas ocasiones, tenían muy escaso parecido con ellas. Eso condujo a que, aún hoy, conozcamos al guajolote como pavo, al caimán como lagarto, al puma como león americano. En el siglo XVI se llegó al extremo de llamar cuervo al zopilote. Bien señala Marcos Morínigo que "no tenemos hoy la menor noticia de cómo se llamó por los indios antillanos a la piña", ya que la impropia designación hispánica (o la voz de origen guaraní ananás) eliminó totalmente a la primitiva voz de la zona caribe.
        Más raro resulta que en América se modifiquen los nombres de frutas traídas de Europa. Sin embargo no faltan ejemplos. El árbol y fruto que se conocen en España como albaricoquero y albaricoque, en zonas americanas, en las que queda comprendido México, son llamados chabacanos. Parece ser que el albaricoquero es un árbol originario de Armenia. La voz albaricoque (con variantes albarcoque y albercoque) es de origen árabe. Por otra parte, según el DRAE, el adjetivo chabacano(a) significa 'sin arte o grosero y de mal gusto'; no se anota ahí etimología alguna. En el Diccionario de uso del español de María Moliner se señala que puede proceder de chavo con el significado de 'ochavo' en su acepción de 'cosa insignificante, de poco o ningún valor'. En ninguno de estos dos importantes lexicones se tiene en cuenta que chabacano, para muchos hispanohablantes americanos, quiere decir 'albaricoque', a pesar de que tal significado había sido ya explicado, desde 1789, por Antonio de Alcedo en su Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América.
        Según algunos estudios, este curioso cambio (de albaricoque a chabacano) pudo deberse a que el fruto del albaricoque se juzgó en regiones americanas como menos sabroso, más corriente que otras frutas semejantes, como el melocotón (conocido en México como durazno). Independientemente de que haya o no razón en tal juicio, no parece descabellada la explicación desde un punto de vista sólo lexicográfico, si se considera que en el español antiguo la voz chabacano designaba precisamente 'fruta desabrida o mala', según puede comprobarse consultando, por ejemplo, el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias (1611).
        Lo que parece necesario, habida cuenta de la vitalidad del vocablo en amplias zonas de América y entre millones de hispanohablantes, es que el DRAE dé cuenta de esta particular acepción de chabacano, aunque aclarando que se trata ciertamente de un americanismo.


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