NO SON POCAS LAS PALABRAS cuya historia resulta verdaderamente curiosa, como creo que sucede con el sustantivo estímulo y con el verbo estimular. Como la mayor parte de las palabras españolas, estímulo y estimular proceden del latín: stimulus y stimulare. En sentido recto, stimulus significa varias cosas, pero la primera de sus acepciones era 'aguijada para picar a los bueyes'. La aguijada no es otra cosa que una vara larga con una punta de hierro. Stimulare, por su parte, tenía el sentido de 'aguijonear, picar, punzar'. Otras acepciones de stimulus eran 'látigo', 'estaca puntiaguda', 'pértiga para castigar a los siervos', etcétera. Ya desde el mismo latín los vocablos stimulus y stimulare tenían sentidos figurados o metafóricos. Así, por stimulus podía entenderse también: 'incitación, tentación, pasión, lo que incita o mueve a obrar'; asimismo, en algunos textos debe traducirse como 'tormento', 'pena', 'dolor', 'congoja'. Ya en Cicerón y Tito Livio stimulare significaba en ocasiones 'incitar', 'avivar', 'conmover', 'animar'; también, a veces, tenía el sentido de 'atormentar', 'dar cuidado', 'traer solícito' y 'cuidadoso'. Ahora bien, en español el sustantivo estímulo, sólo en textos antiguos, es decir como arcaísmo, tiene el significado de 'vara con punta de hierro de los boyeros' (como anota el DRAE). La segunda acepción es sin duda la que hoy prevalece: 'incitamiento para obrar o funcionar'. Por lo que toca al verbo estimular, creo que también la segunda significación, metafórica, es la importante en el español moderno: 'incitar', 'excitar con viveza a la ejecución de una cosa', o 'avivar una actividad, operación o función'. La anotada como primera acepción ('aguijonear', 'picar', 'punzar') sin duda es ahora menos frecuente. Lo que me interesa destacar es que, recientemente, al menos en el español mexicano, el sustantivo estímulo ha seguido su evolución semántica y hoy con frecuencia tiene un evidente valor de sustantivo concreto y no sólo abstracto, como queda anotado en el vocabulario académico ('incitamiento'). En cierta jerga administrativa o laboral se emplea estímulo como sinónimo de paga, en efectivo o en especie. En la UNAM, por ejemplo, si un profesor no falta durante un año, le dan un estímulo, consistente en una quincena extra de salario. Creo que existe ya también un reglamento de estímulos (!). Puede oírse que un profesor pregunta a otro: "¿ya recibiste tu estímulo?" (esto es: "¿ya te pagaron tu quincena extra?"). Si estímulo había significado primeramente 'vara para picar a los bueyes', ahora resulta que quiere decir 'pago que se añade al salario normal'. Nótese que en este contexto el verbo estimular puede acabar significando 'pagar', primero seguramente como algo fuera del contrato (aunque ya reglamentado), y no parece imposible que en unos años llegue a confundirse de plano estimular con pagar, lo que podría verse como un curioso eufemismo (a mi juicio, inaceptable desde un punto de vista enteramente jurídico), y así, al trabajador podría en un futuro no pagársele (es decir, dársele lo que se le debe) sino simplemente estimulársele (es decir, que se le entregaría dinero, comida, etc., no porque se le debe, de conformidad con su contrato, sino con objeto de que trabaje con mayor intensidad o rapidez). |