El significado de la
locución adjetiva de marras se explica,
en el Diccionario de la Academia, en los siguientes términos: “que es conocido
sobradamente”. Anota el siguiente ejemplo: “Ha contado mil veces la aventura de marras”. Líneas arriba el Diccionario
había aclarado que el adverbio marras,
procedente del árabe marrah [‘una
vez’], viene a ser sinónimo de antaño, en
tiempo pasado. No debe confundirse este adverbio con el plural del sustantivo
marra (‘falta de una cosa donde
debiera estar, especialmente de viñas, olivares, etc., en cuyos liños faltan
cepas, olivos, etc.’), que procede del verbo marrar (‘errar, faltar’). El sustantivo marra (‘falta, yerro’) casi no se emplea en el español
contemporáneo, pero tuvo vigencia en el de otras épocas, como puede verse en el
siguiente fragmento de un documento notarial del siglo XVII: “El dicho Domingo Rodriguez a de rreponer las marras de las
posturas faltas de frutales de endrino o de frayle e de mançanos todo a su
quenta e a su costa de el e de su fiador”. Se pueden encontrar ocurrencias
todavía en el siglo XIX, como deja
verlo el siguiente pasaje de un relato de Pedro Antonio de Alarcón: “La
advertida ignorancia de su merced, junta a la malicia del mono y a la
prevención del hombre entrado en años, aconsejábale no fijar nunca la vista en
sus interlocutores, a fin de que no descubriesen las marras de su inteligencia o de su saber”.
Por otra parte, el verbo marrar, con
el sentido de ‘errar’, sigue empleándose en el español actual, como lo muestra
el siguiente pasaje tomado de un número reciente de un diario colombiano: “Un
equipo que aspire al campeonato no puede marrar en un partido 10 ocasiones claras
de gol”. Ahora bien, el adverbio marras
(‘antaño, en tiempo pasado’) también dejó de emplearse no hace mucho. El texto
que transcribo en seguida pertenece a José Cadalso y fue escrito a finales del
siglo XVIII: “A fuerza de llamarse
poetas muchos tunantes, ridículos, necios, bufones, truhanes y otros, ha caído
mucho la poesía del antiguo aprecio con que se trataba marras [‘en otros tiempos’]a los buenos poetas”.
Volvamos a la locución
adjetiva de marras. Como tantas otras
minucias del lenguaje, la locución (de
marras) y el adverbio (marras)
fueron admirablemente bien explicados, en el siglo XVII, por el sabio gramático y paremiólogo renacentista
Gonzalo Correas. Uno de los tantos refranes que enlista es aquel que dice: “En tienpo de marras, los
bueies por arras”. Anota en seguida que marras
quiere decir “tiempo pasado, en cierta ocasión que hicieron o pasó algo”.
Páginas después amplía la explicación: “Sinifika: kosa de tienpo pasado; i
varía frases: ‘La de marras’; ‘Lo de marras’; ‘Kuando marras’; ‘Donde marras’;
‘Ésta será la de marras’; ‘¿No os
akordáis kuando marras?’ Pareze ke se
dixo de ‘marrar’, por: ‘errar’, ‘no azertar bien’, komo kontando el tienpo i
días, i la istoria estropezar i errar o marrar algo della, i el konpañero, ke
se akuerda mexor, dize: ‘Marras’, por: ‘Ierras’, i le rrekuerda i enmienda”.
Del
adverbio hay documentaciones muy tempranas. Lo emplea Berceo (hacia 1230):
“Atales avié d’ellos qe metién apellidos, que los oviera marras en Cogolla vencidos”. Por lo que corresponde a los primeros
registros de la locución adjetiva, ya aparece ésta en Juan de Mena a mediados
del siglo XV: “Segund que tragó la
tierra / al caballero de marras, /
así me sorbió la sierra / Ramusia volviendo en guerra / las treguas dadas en
arras”. A partir de entonces hasta nuestros días no ha dejado de emplearse. El
siguiente pasaje pertenece al libro Ensayo
de contraconquista (2001) del escritor mexicano Gonzalo Celorio: “Si Xavier Villaurrutia en el prólogo a la
antología de marras tiene como
marco de referencia la poesía francesa de la primera mitad de siglo XX es porque ésta sigue teniendo un
valor de paradigma entre los escritores de su propia generación”. Debe tenerse
en cuenta que esa “antología de marras” había sido ya citada por el autor varias
veces en pasajes anteriores del mismo ensayo.
Me
valgo del texto de Gonzalo Celorio para proponer
una pequeña corrección o, si se quiere, una precisión a la definición que de la
locución hace el Diccionario académico y que transcribí al principio de esta
nota. En efecto, en algunos casos de
marras equivale precisamente a aquello “que es conocido sobradamente”, pero
en otros (tal vez la mayoría) puede mejor glosarse como aquello que, en el
texto oral o escrito, ya se mencionó y que, por ello, al interlocutor o al
lector le resulta o le debe resultar conocido y por tanto no se ve necesidad de
explicitarlo nuevamente. En otras palabras, y vaya como simple ejemplo, no cabe
duda de que la estatua de la libertad, en Nueva York, es sobradamente conocida.
Sin embargo ello no me faculta a referirme a ella simplemente como a la
“estatua de marras”. Lo podré hacer sólo en la medida en que, textualmente, me haya
antes referido a ella.
Finalmente, tengo la impresión de que, al menos en el español de
los años recientes, en ocasiones al significado propio de la locución adjetiva de marras, ya
explicado, se añade además un matiz en alguna medida despectivo. En ciertos
casos, se califica con ella, negativamente, a la persona o cosa a la que se
refiere el sustantivo modificado. Véase algún ejemplo. El siguiente texto está
sacado de un número (11/09/97) del diario español El País:
¿Cantará Elton John en el funeral
de la madre Teresa Goodbye, Calcutta’s
nun? ¿Qué tal otro refrito para Mobutu bajo el título de Goodbye, bloody dictator? ¿Y una
despedida musical como Dios manda para el negro de Banyoles (Goodbye, Banyoles’ blackman)? Nadie
puede negar que la India, el Congo y Botsuana necesitan todo el dinero que se
pueda recaudar. Si de
mí dependiera, Bernie Taupin se pasaría reescribiendo Candle in the wind hasta el día del juicio final. Momento en el que
su socio podría interpretar, espero que por última vez, la cancioncita de marras,
convenientemente rebautizada para la ocasión como Goodbye, cruel world.
Como se ve, hay casos en que de marras parece equivaler a algo así
como el o la tal, el o la mentado(a)[la cancioncita de marras > la tal cancioncita, la mentada
cancioncita], con cierto tonillo o idea de menosprecio.
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