EN LA EXPRESIÓN MEXICANA quihúbo(le), frecuente en la lengua coloquial de todos los niveles educativos, aunque quizá más usual en hablas populares, coinciden al menos tres interesantes fenómenos lingüísticos de diversa índole: uno es de naturaleza semántica y está relacionado con desplazamientos de significación; otro tiene que ver con la fonética, con la pronunciación; y, finalmente, el último podría verse como morfológico y se refiere a la estructura formal de la frase (o vocablo). Por lo que toca a su significado (o, quizá mejor, a su falta de significación), puede decirse que quihúbo(le) se emplea simplemente como una más de las abundantes fórmulas de saludo (qué tal, cómo has estado, hola, qué cuentas, quihúbole...). Es decir que no se trata sino de una especie de pregunta retórica que obviamente no espera respuesta alguna y que está formada con el relativo interrogativo qué y el pretérito del verbo haber (hubo). Con estricto apego a su origen debería escribirse siempre entre signos de interrogación: ¿qué hubo? (es decir: ¿qué ha pasado?, ¿qué hay de nuevo?). Si no se hace así es precisamente porque ha perdido totalmente su sentido de pregunta. Se ha producido el fenómeno semántico que se conoce como lexicalización. En quihúbo(le), cada uno de los constituyentes de la frase (y por ende la frase completa) no connotan lo que en otro contexto significan: han perdido su significado léxico. O, si se quiere, han adquirido uno diferente; esto es, el de servir de simple fórmula salutatoria. Desde los primeros estudios que sobre la pronunciación del español mexicano se publicaron, a fines del siglo XIX, se habla ya, como rasgo fuertemente caracterizador del español de México, de su tendencia a la diptongación de hiatos. En 1886 escribía Joaquín García Icazbalceta: "cuesta menos trabajo pronunciar leon, que le-ón; pais que pa-ís; oi-do que o-í-do; cre-ia, ve-ia, que cre-í-a, ve-í-a; a-ho-ra se convierte a cada paso en aho-ra y aun o-ra". Quihúbole no es otra cosa sino el resultado de la diptongación (en este caso sintáctica por tratarse de dos palabras) de qué hubo. Por último podría verse como fenómeno de índole morfológica la adición de un le al final, muy propio de México: quihúbole. Este le, que también aparece como enclítico pospuesto a diversos verbos en imperativo (pásele, ándele, pícale...) o a ciertas interjecciones (épale, órale...), se conoce como neutro dado que parece no tener significación, es decir, no es definible, no constituye un lexema propiamente dicho. Tiene si acaso la función de añadir un matiz enfático a la expresión. |