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José G. Moreno de Alba
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recién
 

EN LOS DICCIONARIOS suele explicarse que el vocablo recién es apócope del adjetivo reciente. Me parece más preciso decir que es apócope del adverbio recientemente, pues en cualquier enunciado recién puede sustituirse por recientemente y casi nunca por reciente. Ello quiere decir, además, que recién es un adverbio (equivalente a ‘recientemente’) y no un adjetivo (pues no es sustituible por reciente). Por lo que respecta a los diversos significados que puede tener el adverbio recién, obsérvense los siguientes enunciados, tomados de la vigésima primera edición (2001) del DRAE: 1) recién salido; 2) recién lo vi entrar en el cine; 3) Vicenta tiene recién una semana en casa; 4) lo vi recién llegó. En los dos primeros enunciados, recién desempeña una evidente función adverbial de modificador de un verbo y en ambos es sustituible por recientemente: en 1 y 2 modifica, respectivamente, al participio salido (recientemente salido) y al verbo vi (o a toda la oración: recientemente lo vi entrar en el cine). En 3 es también adverbio, aunque con otra significación; equivale a ‘apenas’ o a ‘sola, únicamente’ (Vicenta tiene apenas una semana en casa). Finalmente, no es ya tan clara la función adverbial de recién en el enunciado 4, en donde parece desempeñarse mejor como conjunción que como adverbio. Ahí parece sustituible por ‘en cuanto’ (lo vi en cuanto llegó).
        En opinión de la Academia, sólo el empleo ejemplificado en 1 (recién salido) es propio de toda la lengua española. Los otros usos, como en 2, 3 y 4, son calificados, en el DRAE como americanismos. Es decir que todos los hispanohablantes emplean recién seguido de participio, pero sólo los americanos lo usan seguido o antepuesto a un verbo conjugado (Vicenta tiene recién una semana en casa; recién lo vi entrar en el cine) o con la significación de ‘en cuanto’ (lo vi recién llegó). Me parece conveniente hacer algunas precisiones. En efecto: es propio de cualquier hispanohablante el empleo de recién más participio (recién nacido, por ejemplo). Ya no es totalmente cierto, por otra parte, que ningún hispanohablante europeo emplee recién según los ejemplos 2, 3 y 4, ni tampoco que esos usos sean propios de todos los hispanohablantes americanos. Del propio CREA, citado en la nota anterior, extraigo algunos ejemplos de textos del español de la Península Ibérica. En un ejemplar de 1995 del periódico La Vanguardia de Barcelona, está escrito: “...sonaron como si recién hubieran salido del horno...”. En un impreso español de propaganda turística (1992) se dice: “...la única autopista de la región recién fue pavimentada en los años setenta”. En un texto oral de la televisión española (1987) se oyó lo siguiente (quizá se tratara de un sujeto no español; no lo dice el CREA): “...y recién a media noche ellos me entregaron...”. Empleos aún más raros, incluso para los americanos, están documentados en textos del español de España, como, por ejemplo, un recién con valor adjetivo o por lo menos no adverbial, pues aparece después de un sustantivo, fenómeno ni siquiera mencionado en el DRAE. En un ejemplar del mismo periódico La Vanguardia (de 1995) puede leerse lo siguiente: “unos transeúntes encontraron ayer el cadáver de una niña recién cuerpo (!); pesaba unos tres kilos” (el signo de admiración es mío). En un diario ABC de 1983 aparece el enunciado siguiente: “...es debido al recién descubrimiento...” (!). Evidentemente estos empleos son esporádicos en el español peninsular; pero ahí están.
        Por lo que respecta a estos empleos del vocablo recién (en alguna medida heterodoxos), en América, aunque no con absoluta seguridad, puede pensarse que no son igualmente frecuentes en todos los países. No parece aventurado clasificarlos en, por lo menos, tres grupos. Al primero, en donde el fenómeno es muy frecuente, pertenecen, entre otros, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú, Ecuador, Guatemala... Algo frecuente es su empleo en Venezuela, Cuba, Costa Rica... De empleo tan esporádico como en España (o aún más) están el español de los Estados Unidos, de El Salvador, Colombia, México... Entiendo que este tipo de precisiones son imposibles en un diccionario general como el DRAE. De cualquier forma no deja de ser censurable que, por ahorro de precisiones, se llame americanismo (es decir rasgo propio del español de todos los americanos) un fenómeno que está ausente (o casi) en más de 150 millones de hispanohablantes americanos.


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