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José G. Moreno de Alba
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tapanco
 

En la más reciente edición del DRAE, la vigésima segunda, del 2001, no tiene cabida la voz tapanco, usual en México con el significado de ‘desván’ (parte más alta de la casa, inmediatamente debajo del tejado, que suele destinarse a guardar objetos inútiles o en desuso). También puede referir a cualquier tablado (suelo de tablas formado en alto sobre una armazón). Creo que ése es el sentido que tiene el vocablo en el siguiente pasaje de El Llano en llamas de Juan Rulfo: “Se dirigió al corral para abrirle el zaguán al viejo Esteban. Pensó también en subir al tapanco, para deshacer la cama donde él y Margarita habían pasado la noche”.
        Explican la voz muchos diccionarios de mexicanismos. Uno de los más tempranos en que pude encontrarla es el de Félix Ramos y Duarte de 1895, que la define de la siguiente forma: “Desván, barbacoa. Del azteca tlapanco, en la azotea; comp. de tlapantli, azotea, i co, en ó sobre”. Creo que en este artículo, barbacoa está empleada en la acepción (americana) de ‘zarzo o tablado tosco en lo alto de las casas, donde se guardan granos, frutos, etc.’. Varios de los siguientes lexicones, inspirados sin duda por éste, repiten la etimología náhuatl propuesta por Ramos y Duarte. Ignoro la validez de esta hipótesis, aunque me resulta opaca la relación semántica que puede haber entre ‘azotea’ (significado de tlapantli, según Ramos) y ‘desván’ (significado de tapanco). Por otra parte, los estudiosos de las teorías del sustrato —y de sustrato es la influencia del náhuatl en el español mexicano— recomiendan que, antes de ver en el sustrato el origen de una palabra o, en general, de un fenómeno lingüístico, se intente siempre buscar la explicación en la propia lengua. Eso pretendo en las líneas que siguen:
        Según el DRAE, en Centroamérica se emplea la voz tabanco (con b) con el sentido de ‘desván’. En efecto, transcribo en seguida, a manera de ejemplos, dos textos, uno salvadoreño y otro hondureño, en los que tabanco parece valer por desván: “¡Cómo andaban de excitados! Escudriñaban todo rincón, levantaban las camas, los tablones, subían al tabanco, tiraban el maíz de la troje para ver quién se escondía en ella” (Salarrué de Salvador Salazar, salvadoreño). El otro texto, hondureño: “El rebuzno del burro, allá en el zanjón de la quebrada, vino a detener a los indios que ya se encaramaban al tabanco” (Humus de Víctor Cáceres). Nuestro tapanco puede, quizá, tener su origen en la voz tabanco; lo único que hay que explicar, desde el punto de vista formal, es el ensordecimiento (en p) de la sonora b (tabanco > tapanco). Para ello pudo influir el cruce con alguna voz común que tenga p, como tapa, por ejemplo.
        Ahora bien, la voz tabanco, en el español europeo, no tiene precisamente el significado de ‘desván’, que tiene en Centroamérica. Según el DRAE, la primera acepción de tabanco (la segunda es precisamente la que acabo de explicar en el párrafo anterior) es la siguiente: “Puesto, tienda o cajón que se pone en las calles o en los mercados para la venta de comestibles”. En esta acepción no hay marca geográfica alguna; pertenece, por tanto, o bien al español general, o bien al menos al español europeo. Con este significado (‘puesto, tienda, cajón’) se trata de un vocablo poco usado hoy. Puede encontrarse, sin embargo, algún ejemplo: “...decidieron pasar a la acción precisamente en Bombay. ¿Cómo? Pues batiendo las calles de corro en corro, de mercadillo en mercadillo y de tabanco en tabanco [...]” (El camino del corazón [1990] del español Fernando Sánchez Dragó). En opinión de Manuel Seco (Diccionario del español actual), la acepción ‘puesto, tienda, cajón’ es hoy rara. Por lo contrario no lo es la segunda, explicada en su Diccionario: ‘taberna’. Transcribe, como ejemplo, el siguiente pasaje de Dos días de José Manuel Caballero Bonald: “Lo que más deja hoy es un tabanco, nada de bares”. Creo que, en efecto, la acepción ‘taberna’ está presente en varios registros de tabanco en los clásicos: “Anoche (que grulla fui / con mis penas desvelado), / de las mizas cotorreras / mi casa hiciste tabanco” (Quevedo, Poesías); “hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja, / amiga de sonaja y morteruelo, / que ni tabanco ni taberna deja” (Cervantes, Viaje del parnaso); “¡bien hayan los gariteros / magníficos y groseros, / que con un ánimo franco / tienen patente el tabanco / para blancos y fulleros!” (Cervantes, El rufián dichoso).


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