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Garro: Los olvidos del porvenir
Por Patricia Rosas Lopátegui

Con este encabezado, la biógrafa de la escritora Elena Garro (nacida el 11 de diciembre de 1916), conmemora 10 años de la muerte de la narradora, dramaturga y periodista, acaecida el 22 de agosto de 1998. En el texto fustiga a las autoridades culturales por dejarla pasar delado. La investigadora (El asesinato de Elena Garro, 2005;

Testimonios sobre Elena Garro, 2002) presentó en junio una compilación completa de su actividad teatral, que se reseña aquí mismo, Yo quiero que haya mundo... Elena

Garro. 50 años de dramaturgia.

Hace 10 años que la autora de Un hogar sólido, Los recuerdos del porvenir, Felipe Ángeles, entre otras obras maestras, dejó el mundo de los vivos y se trasladó a la “otra realidad”, a la dimensión atemporal y mágica en la que es posible el amor, la justicia, la generosidad, la libertad; ese espacio que ella recreó con su lenguaje poético insólito a lo largo de su trayectoria la ubica entre los escritores más creativos, innovadores, contestatarios, rebeldes y brillantes de las letras mexicanas y universales del siglo XX.

Hoy, igual que Lidia –la protagonista de Un hogar sólido–, Elena está cada día más viva, a pesar de la indiferencia de las instituciones culturales mexicanas que siguen ignorándola: no hay homenajes para Elena Garro en su décimo aniversario luctuoso. Inaudita actitud de los funcionarios que dirigen la cultura en nuestro país.

Hoy, en los preparativos del Centenario de la Revolución Mexicana, su obra de teatro Felipe Ángeles debería formar parte de dichos festejos; debería ser llevada a escena para ser presenciada por todos los mexicanos. En ella Garro encapsula con un lenguaje poético, poderoso y excepcional la visión más real, honesta y verdadera de la traición de los ideales revolucionarios, y revela cómo se forjó el actual gobierno político en México a base de corruptelas, mentiras, ilegalidades, injusticias, amiguismos, compadrazgos, crímenes, ese sistema que todavía nos sigue rigiendo.

Hoy, a 40 años del movimiento estudiantil, su obra de teatro Sócrates y los gatos debería ser estrenada porque provoca la revisión con una mirada desmitificadora de los trágicos sucesos de 1968. La autora desacraliza a los actores y los hechos oficializados por los que utilizaron el movimiento y lo traicionaron aliándose al poder. Para el director de teatro Hugo Galarza, quien estrenara con éxito rotundo Felipe Ángeles en 1978, Sócrates y los gatos “es la consolidación de la carrera de Elena Garro como dramaturga”.

Sin duda la censura sigue imponiéndose, ya que lo que Garro devela en esta pieza no le conviene a los funcionarios del establishment o a los intelectuales encumbrados por la cultura oficial. Sócrates y los gatos encarna la tragedia de un pueblo dominado por el autoritarismo y la intransigencia de sus gobernantes, la tiranía de los poderosos que destruyen la libertad de pensamiento a través de la fuerza brutal. Sócrates y los gatos es el recuento de la autora de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco y sus horrendas consecuencias para el espíritu humano; acto criminal que aún hoy en día permanece en la impunidad.

Hoy recordamos y celebramos a Elena Garro porque nos dejó en su dramaturgia, su novelística, su cuentística, su poesía, su periodismo, sus memorias, y en sus guiones cinematográficos un espejo real y fidedigno sobre los lastres de la condición humana, los abusos del poder, la misoginia, en fin, su visión del mundo fincada en la búsqueda de una realidad más justa, humana, creativa, honesta y crítica.

Para Elena Garro, teatro y narrativa fueron inseparables; de hecho, por ejemplo, en Los recuerdos del porvenir, el teatro juega un papel relevante en la vida de los protagonistas. Felipe Hurtado dice cuando llega a Ixtepec: ¿Y en Ixtepec no hay teatro? La gente vive más feliz. El teatro es la ilusión y lo que le falta a Ixtepec es eso: ¡La ilusión!. De ahí que en el teatro, como en la narrativa, sea Elena Garro quien rompa con los parámetros de la literatura realista y construya nuevas estructuras escénicas en sus piezas teatrales, así como en sus cuentos y novelas, introduciendo el llamado realismo mágico en la lengua española. Aunque la autora siempre rechazó esta clasificación del mundo académico, ya que para Elena la realidad mágica en su obra no era sino la representación de lo que vio, escuchó y experimentó desde niña; es decir, la representación del pensamiento mágico y milenario de la cosmovisión indígena que siempre ha estado presente en México.

Hoy la recordamos y celebramos a través de su palabra poética e incisiva.

Elena escribiría las páginas más valientes y críticas sobre el sistema político mexicano y los intelectuales adheridos al erario, en su incansable búsqueda por la justicia social y la democracia en los años cincuenta y sesenta. En uno de sus artículos periodísticos de 1964 dijo:

“El político mexicano, acusado de bárbaro e inculto, es impulsado, casi a pesar suyo, por un inconsciente colectivo y así su actitud corresponde de una manera más profunda a la manera de ser del mexicano y aún ahora 50 años después de efectuada la revolución, se preocupa de que ésta continúe.”

Hoy le agradecemos a Elena Garro el legado dramatúrgico, literario y periodístico que escrituró en cada una de sus obras, no para que la recordáramos a ella, una mujer que no se dejó deslumbrar por el espejismo de la fama y el poder, sino para que no olvidáramos nuestra historia, el rostro milenario de nuestro pueblo, la iniquidad de género que destruye a mujeres y hombres, esos males que aquejan a la condición humana, sobre todo ante el canibalismo de estos tiempos globalizadores, temas vigentes en la obra de Elena Garro.

Ante las diversas leyendas negras orquestadas desde el poder en el infructuoso intento de ensombrecer su figura, sólo nos queda un camino para desmitificar y llegar a la persona llamada Elena Garro: leyendo sus obras. Y como soy de la opinión de que para celebrar a Elena Delfina Garro Navarro sólo existe una vía, la generosa y espléndida ruta de decodificar los signos plasmados en sus libros, quiero recordarla en su décimo aniversario luctuoso con estas frases de su Felipe Ángeles, obra que es ya un clásico dentro de la dramaturgia del siglo XX:

“Yo no muero porque mi patria me repudie, sino por un exceso de amor entre ella y yo. Nada es sagrado excepto el hombre. Hay algo frágil, débil, pero infinitamente precioso que todos debemos defender: la vida. Ustedes, mis antiguos compañeros de armas, creen que miento, y yo no tengo más pruebas que ofrecerles que mis palabras, mis actos y, cuando este juicio termine, mi vida. No es grave que esta maquinaria se vuelva contra mí, lo grave es que existe, porque existe contra todos. Mi espada nunca estuvo al servicio de nadie, sino al de unos principios, que cada día se fueron haciendo más claros, hasta que al final ya no necesité de la espada, porque ellos se volvieron un arma más poderosa. Entonces, cambié a la espada por la palabra. El terror es el arma de los débiles; a la espada más cruel se le vence con la palabra, que es más poderosa.

“Voy a entrar en un orden diferente. Me voy a vagar por la gran patria de las ideas. Me voy a la palabra concordia. Al hombre se le rescata con la palabra.”

Fuente: Proceso / México
Lunes, 18 de agosto de 2008
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