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Los libros del 2008
Por Sergio González Rodríguez

El mejor libro del año: De eso se trata (Anagrama), de Juan Villoro: el canon personal de un escritor expuesto con maestría, humor y perspicacia capaces de crear enfoques novedosos en la obra de Shakespeare, Cervantes, Casanova, Lichtenberg, Chéjov o Lowry.

· Novela: Vidas perpendiculares (Anagrama), de Álvaro Enrigue: el narrador elabora una red de historias cuyo vaivén temporal y geográfico se vuelve un juego de formas sobre el acto de narrar; La hermana falsa (Tusquets), de David Miklos: una obra notable sobre lo bello crepuscular; El animal sobre la piedra (Almadía), de Daniela Tarazona: una primera novela con voz impar, la crónica sobre la metamorfosis de una mujer y la frontera que lleva a la locura o a la revelación; Casi nunca (Anagrama), de Daniel Sada: novela que utiliza el humor, el sarcasmo ante lo anacrónico y la parodia de lo pre-moderno; La virgen y el violín (Siruela), de Carmen Boullosa: entre la realidad y la ficción, la conjetura y el dato, se presenta la vida de la pintora renacentista Sofonisba Anguissola; La almadraba (Planeta), de Leonardo da Jandra: muestra el dominio narrativo que ha alcanzado el narrador, en especial en lo que se refiere a la construcción de sus personajes; Juárez, el rostro de piedra (Grijalbo), de Eduardo Antonio Parra: un relato en torno del fundador del Estado moderno en México, que opone la dimensión personal a la figura de panteón patrio; Rabia (Alfaguara), de Jaime Mesa: el zigzag de un personaje que se desenvuelve entre lo real y lo virtual, y expone la fuente de la desesperación contemporánea: la soledad; Tequila DF (Mondadori), de Fabrizio Mejía Madrid: un nudo de personajes sirven de prisma irónico para traducir un entorno cuya vocación es la derrota.

· Ensayo: El poder y el delirio (Tusquets), de Enrique Krauze: minuciosa biografía política de Hugo Chávez que a la vez construye una defensa de los valores democráticos contra las tentaciones del caudillismo, un riesgo permanente en América Latina; Terra cognita (FCE), de Mauricio Montiel Figueiras: la experiencia profunda de la vida a la luz de la narrativa fílmica y sus traslaciones en lo cotidiano, el libro alterna ensayos y relatos de ritmo pendular entre el instante y lo trascendental; Viaje a México (Iberoamericana), de Adolfo Castañón: una geografía del País y sus escritores mediante ensayos, crónicas y retratos por un gran crítico literario; Puertas al paraíso (CNCA/Ediciones sin Nombre), de Andrés de Luna: consta de parágrafos breves y eruditos que acomodan apuntes sobre los placeres del paladar; Volver a Duchamp (Itaca), de Jorge Juanes: una estupenda reunión de ensayos que analiza el núcleo creativo de la obra de Marcel Duchamp, golpe de mesa sobre el pensamiento del arte en México; Símbolos, fantasmas y afectos (Libros de la Meseta), de José Luis Barrios: en los ensayos que allí se reúnen el agudo académico examina las aportaciones de SEMEFO, Magali Lara, Carlos Amorales et al.; Mentiras contagiosas (Páginas de espuma), de Jorge Volpi: a partir del género del ensayo, el narrador sabe deslizar ficciones novelísticas a modo de contagio que ha de influir en los lectores.

· Relato: Gente así (Alfaguara), de Vicente Leñero: el diestro oficio de ficción que domina en la obra nada tiene que ver con un simple anecdotario, las obsesiones personales y literarias del narrador son el pretexto para la reinvención de lo vivido; Pétalos (Anagrama), de Guadalupe Nettel: cada uno de los textos elabora una eficaz puesta en escena en lo inmediato y comporta cruzamientos dramáticos o episodios en los que brota el contraste o el secreto; Informe (Tusquets), de Rafael Lemus, conjunto apreciable de relatos trans-kafkianos y trans-beckettianos, el propósito del escritor es crear construcciones literarias que desaten la dificultad de ser habitadas por la lectura; Los niños de paja (Almadía), de Bernardo Esquinca: cuentos en los que el efecto de tensiones en suspenso y el filo del horror reaparecen una y otra vez; Dulce la sal (Pre-Textos), de Mario González Suárez: un giro abstracto hacia el examen de la des-encarnación y el misterio, previa experiencia de lo vital y urgente.

· Poesía: Divino tesoro (Casa Vecina), de Luis Felipe Fabre: antología de novísimos poetas que marca un deslinde radical sobre el oficio de ayer hacia el futuro; Nosotros que nos queremos tanto (EBL), de Marcelo Pellegrini: manifiesto afectivo del gremio de los poetas mexicanos hacia sus pares de América Latina, la antología reúne a los más destacadas poetas nuevos (Faesler, Lumbreras, Cerón, Herbert, Nepote et al.); Los materiales (Tierra Adentro), de Hugo García Manríquez: interesante proyecto poético que trasciende la idea de la versificación simple para construir espacios de escritura más allá de la tradición, un desafío plástico contra los márgenes; Parafrasear (Bonobos-Setenta), de Tedi López-Mills: un rumbo indagativo que abre el lenguaje a un registro que niega, se rebela, se desdobla entre lo más acre de la experiencia del mundo y la lucidez despersonalizada; Teoría de la afrenta (Tierra Adentro), de Armando González Torres: representa uno de los mejores libros de prosa poética que se han publicado en los últimos años en México, una apuesta por la lírica dura, la furia post-romántica en pleno; El órgano de la risa (CNCA/Aldus), de Heriberto Yépez: una anti-crónica de lo inmediato, propuesta renovadora del concepto de lo poético que tiende a regir en las letras mexicanas, a través del humor, la vitalidad y el arrojo ante el lenguaje.

· Antología: José Gaos. Filosofía de la filosofía (FCE), de Alejandro Rossi: una muestra invaluable del rigor y la ductilidad del pensar de José Gaos, que resulta extraordinario en ensayos como La caricia o La negación; José Juan Tablada (Cal y Arena), de Antonio Saborit: los lectores nuevos podrán familiarizarse con la extraordinaria figura del vanguardista mexicano José Juan Tablada, cuyo temperamento cosmopolita resulta ejemplar y vigente.

· Crónica: Las llaves de la ciudad (Sexto Piso), de David Lida: el reconocido cronista se enfrenta a su materia más querida: la capital mexicana a la que logra, desde la claridad expresiva, extraerle una riqueza inusitada de voces singulares y espacios insólitos; Gumaro de Dios, el caníbal (Mondadori), de Alejandro Almazán: el autor convierte al asesino en el punto de fuga expansivo que refleja no sólo el entorno carcelario, sino una perspectiva trágica de la realidad.

· Reedición: La región más transparente (RAE), de Carlos Fuentes: con motivo del medio siglo de esta novela fundacional, la Real Academia de la Lengua Española ha reeditado la obra con textos de distinguidos autores sobre el célebre novelista.

· El peor libro del año: Tecnocultura (Tusquets), de Naief Yehya.

Fuente: El Ángel de Reforma / Escalera al cielo / México
Domingo, 04 de enero de 2009
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