Sergio Bustos (SB), conductor: La lectura por sí misma no hace automáticamente mejores a las personas, ni el mejor lector es automáticamente el que más ha leído. Y los libros no son materiales inocentes e incluso los hay malignos.
Hilda Sarahí (HS), conductora: Estas son algunas de las ideas que se abordan en la novela más reciente del escritor mexicano Juan Villoro, titulada El libro salvaje, que cuenta la historia de un adolescente hundido en una crisis profunda por el divorcio de sus padres, y quien intempestivamente tiene que vivir unas semanas con su tío Tito, cuya casa está plagada de libros empolvados y exóticos que cambian de sitio y se resisten a ser leídos.
SB: Para hablarnos de esta novela publicada por el Fondo de Cultura Económica e ilustrada por Gabriel Martínez, tenemos en la línea telefónica al mismísimo Juan Villoro, considerado uno de los intelectuales mexicanos más activos e importantes de los tiempos, lo que lo ha llevado a ser merecedor de muchos reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia de Literatura en 1999, el Premio Herralde de Novela en el 2004 y más reciente el Premio Antonin Artaud de la Embajada de Francia. Juan, ¿cómo estas? Buenos días
Juan Villoro (JV): Hola qué tal, buenos días.
HS: Hola Juan, qué gusto escucharte ¿cómo te va?
JV: Muy bien, gracias, bajo la lluvia como todos.
HS: Qué maravilla de libro este El libro salvaje, es una verdadera delicia adentrarse en este mundo en donde hay mucho de Juan Villoro, pero mucho también de crecimiento espiritual y emocional adolescente, y una muy cuidada prosa. ¿De dónde parte este Libro salvaje?
JV: Muchas gracias por todo lo que comentas Hilda, en realidad a mí siempre me ha atraído mucho la idea de que los libros aparentemente se mueven o se alejan de nosotros por cuenta propia. Yo creo que a todos nos ha pasado que dejamos un libro en un sitio y luego no sabemos dónde fue ese lugar y lo encontramos en forma totalmente inesperada en otra parte, como si se hubiera movido por su cuenta, y muchas veces está tratando de escapar de nosotros o al contrario de acercase a nosotros.
Lo mismo me ha pasado en bibliotecas y en librerías, creo que son de alguna manera secreta lo libros los que buscan a los lectores. Jugando con esta idea se me ocurrió la posibilidad de que existiera un libro que nunca ha querido ser leído, un libro rebelde y totalmente salvaje como un caballo que no tiene herraduras y está en el monte tratando de huir de cualquier jinete.
Entonces la historia de esta novela, de El libro salvaje, es justamente la historia de un libro que está perdido y escondido en una biblioteca, no quiere ser leído, entonces la búsqueda de este libro, tratar de atraparlo, de domarlo y por último de saber cual es la historia que contiene.
Creo que esto es muy atractivo para un escritor porque a su manera yo creo que cada uno de los libros que escribe alguien son libros salvajes, son libros que no quieren ser atrapados por nosotros, que se nos resisten, que los tenemos que domar como podamos y luego hacerlos nuestros. Entonces yo quería compartir esta experiencia de crear una historia a través de la lectura, que fuera la lectura la gran aventura de este libro.
SB: Oye Juan, es sabido que cada escritor y cada artista deja algo de sí en su obra, ¿en este caso tiene algo esta anécdota de historia personal tuya?
JV: Sí Sergio, porque mira, yo quería remontarme a la edad de 12 o 13 años que es la edad que tiene el protagonista, y para hacerlo acudí a un recurso bastante común que es el de pensar en mi propia familia, sobre todo en términos de los nombres de mis familiares, mi hermana Carmen, mi madre, un tío Tito que yo tuve, para tratar de situarme en este horizonte.
Por otra parte yo creo que muchas de las historias infantiles que más nos conmueven surgen de un momento especial de soledad de los niños o de los preadolescentes, un momento en que van a dar a una isla desierta o a un internado o en que pierden a sus padres, no es casual por ejemplo que Harry Potter sea huérfano.
Este tipo de situaciones de soledad hacen que los muchachos tengan que pasar por un rito de paso, y en mi novela es momento forzado de soledad es el divorcio de los padres que fue algo por lo que yo pase a los 9 años y es algo por lo que pasan muchos niños, no siempre de manera directa sino a veces a través de sus amigos, es una experiencia común de la vida en donde los niños de pronto se sienten desamparados, aislados y están en una isla desierta que es la nueva vida que llevan.
Entonces ahí hay un elemento autobiográfico porque el libro empieza con esta separación de los padres en que el niño se queda solo, el niño se llama como yo, Juan, y no le queda más remedio que buscar una nueva compañía y esa compañía en un principio son los libros y luego las personas que quieren a los libros.
HS: En ese sentido, Juan, habría en principio dos niveles en tu novela, por un lado sí esta narración que acompaña a jóvenes en esa edad, por esos tránsitos por los que en algún momento ellos podrían pasar o eventualmente podrían pasar, eso la convertiría como en un libro para jóvenes, este espacio abierto recientemente de literatura para jóvenes.
Pero por otro lado sería un libro para adultos o un tema de la adolescencia dirigido a adultos que recordamos, que reconstruimos, que podemos soñar e incluso resarcir muchos huecos de nuestra vida de antes.
JV: Sí, fíjate que lo que dices me hace pensar en una cosa y es que en realidad la literatura que funciona verdaderamente para un lector joven en realidad puede funcionar para cualquier lector, si pensamos en La isla del Tesoro, en El Principito, en Tom Sawyer, en todos estos libros, realmente pueden ser para lectores adultos tanto como para lectores juveniles.
Sobre todo porque también para nosotros está el atractivo de tener una segunda infancia, de regresar a través de la literatura a las posibilidades del juego de la imaginación, y yo creo que ahí libros como La historia interminable de Michael Ende no tienen límite de lectores, uno puede adentrarse en ese universo y encontrar estímulos.
Y una cosa que me parece muy importante es también compartirlo porque yo creo que la lectura compartida hace que una experiencia cultural se convierta en una forma del afecto, yo creo que cuando los niños comparten las historias con los padres para siempre entenderán que los libros son receptáculos del afecto, que ahí hay una voz que puede ser compartida con otros.
Por eso en El libro salvaje yo quería que los libros mejoraran cuando son discutidos, que las historias se agrandaran, que a todos nos ha pasado también eso, cuando un amigo te dice oye ¿pero te fijaste en tal cosa?, y tú no te habías fijado y te das cuenta que el libro es todavía más interesante de lo que tú pensabas gracias a lo que te dice otra persona.
Nosotros le aportamos algo a la lectura porque los libros son como espejos que reflejan lo que llevamos dentro, y si nosotros compartimos ese espejo con una persona que tenga cosas que aportar que, sean interesantes para el libro y sobre todo para nosotros, la lectura mejora. Entonces también quería jugar con esta socialización de la lectura.
SB: Juan, una de tus publicaciones anteriores lleva por título. De eso se trata y nos llevas a conocer a personajes como Shakespeare, Rousseau, Borges, en fin, ¿fue difícil el paso este de buscar en los afueras, en otras personas el material a pasar a ser tú pues, en determinado momento quien se hace a sí mismo una reseña, que eres tú el personaje y no terceros?
JV: Sí, fíjate que el año pasado, el 2008 saqué estos dos libros. De esto se trata y El libro salvaje, y creo que son libros complementarios, aunque aparentemente parecerían muy distantes, porque De eso se trata yo creo que tienes que ver con el fin de la lectura, hacia dónde vamos cuando leemos.
Es un libro en donde yo trato de compartir algunos autores favoritos, trato de acercarlos a la mente de los lectores contemporáneos, desde Shakespeare, como mencionabas tú, Sergio, hasta Juan Carlos Onetti, pasando por Hemingway, Borges, muchos otros autores. Entonces ahí es el destino de la lectura, si fuera un viaje en autobús sería la terminal de llegada.
Y El libro salvaje es el inicio de la lectura, es el arranque, cómo nos convertimos en lectores, por qué tenemos que leer, en qué momento descubrimos que el mundo está mal hecho, está incompleto, es imperfecto y que si leemos lo podemos completar y que a partir de la lectura vamos a tener siempre dos mundos: El mundo que nos consta y donde nos suceden cosas y ese otro mundo, no menos real en muchas ocasiones, donde imaginamos, soñamos y viajamos.
Entonces El libro salvaje, en este viaje en autobús, sería el arranque en la vida de un lector y De eso se trata sería el punto de llegada, la terminal.
HS: En este sentido, Juan, tú ya lo habías dicho, El libro salvaje sí es como un rito de paso en este descubrimiento que hace Juan, el personaje, de ese, como le dice su tío Tito, un lector (...), que tiene una energía particular para acercarse a los libros. Y en esto, no sé, tú ya mencionaste algunos títulos, pero aparece también como en este panorama de ritos de paso historias como las del Señor de las moscas, El mundo de Sofía de Jostein Gaarder o La historia interminable, y en un menor nivel, digamos más por impacto mediático, Harry Potter, ¿pero te considerarías como parte de esta idea del rito de paso, creciendo amablemente sin darle la vuelta a las dificultades a través de la lectura, de la cultura, de los libros?
JV: Pues yo creo que es un tema esencial de la literatura y que a mí siempre me ha cautivado, en qué momento nos convertimos en otra persona. Incluso escribí una vez una novela, Materia dispuesta, en donde el rito de paso se da casi como un cambio de voz, así como el adolescente varón adquiere una voz más grave a determinada edad, así el personaje de mi novela, que está narrando en primera persona, de pronto empieza a sentir que le cambia la voz y narra entre una primera y una tercera persona que todavía no ha asumido, y luego cuando se vuelve adulto se queda con la tercera persona.
El tema de los ritos de paso es esencial y puede ser también muy doloroso. Por eso yo quería que en esta novela para chavos, El libro salvaje, hubiera algunos elementos conflictivos importantes. Por ejemplo, el hecho de que el niño tiene la oportunidad de capturar un libro que nunca ha querido ser leído, pero también se da cuenta que los mejores lectores no son los que han leído más, los que más presumen, los más eruditos o los más pedantes, sino los que aportan más pasión a la lectura, los que se entregan más al libro y lo mejoran con sus sentimientos.
Ahora bien, no es fácil tener estos sentimientos, y al mismo tiempo el niño, el protagonista descubre que también hay libros malignos, que la idea de los libros no es que todos sean maravillosos, sino que hay libros que llaman a la destrucción, que llaman a destruir también otros libros, que son libros pirata no en el sentido de que están copiados, sino que le quieren robar cosas a la humanidad y a los lectores que los leen y los quieren perjudicar.
Entonces no quería hacer una historia que fuera totalmente celebratoria de los libros y, digamos, muy rosa, sino también entrar, durante este rito de paso, en la contradicción entre el bien y el mal, que también encarna en los libros. Porque ha habido libros como Mi lucha de Adolf Hitler, por ejemplo, que pues no han estado ahí para beneficiar a nadie.
HS: O esos de ¿Quién se robó mi queso? y el caballero de la armadura no sé qué y el que vendió su Ferrari.
SB: Es importante también, mencionabas acerca de los libros inocentes. ¿Con esto a qué te refieres? ¿libros que no nos llevan a nada, que no nos hacen crecer, que no nos eligen en determinado momento, como decías?
JV: Yo creo que en el descubrimiento de la aventura de leer, uno se da cuenta de que hay muchísimas posibilidades. Entonces por ejemplo la biblioteca del tío Tito está clasificada, pero no como las bibliotecas que pedagógicamente tiene que ver con temas generales, digamos, de geografía o sociología; sino que son clasificaciones muy caprichosas, por ejemplo: Batallas que terminaron en empate, bombardeos de chicle bomba, cosas que parecen ratón. Este tipo de clasificaciones muy caprichosas que nos dan cuenta de la mucha, digamos, de la enorme variedad de situaciones que pueden contener los libros.
Y dentro de las posibilidades de los libros pues hay todo, como en los seres humanos, están los libros banales, los libros que no sirven para nada o que solamente sirven para apoyar la pata de una mesa que está coja la mesa o este tipo de libros.
Hay libros que son libros pirata porque son libros copiados, libros que tratan de robarse el mensaje de otros libros, hay libros plagiados; entonces el niño, el protagonista va descubriendo este tipo de libros, pero sobre todo se encuentra con un libro que sí es verdaderamente terrible porque es un libro que cambia negativamente a los lectores y que trata de destruir lo que contienen otros libros.
Entonces yo quería jugar con esta idea, digamos, del bien y el mal dentro de los libros, que por supuesto cristaliza de muy distintas maneras. Insisto, se trataba de luchar no solamente para conseguir un libro, sino para salvar a este libro de sus enemigos.
HS: Finalmente, Juan, la historia que está contenida en El libro salvaje es verdaderamente apasionante, uno se siente atraído por uno y otro capítulo y dice el que sigue y el que sigue y el que sigue, y te puedes quedar conversando horas sobre los libros y esta cultura enorme que tiene el tío Tito, que también te corresponde una parte por ahí, de los grandes lectores y la historia de la lectura.
Pero finalmente yo quisiera hacer énfasis en la prosa. Este libro está escrito desde la literatura, a lo mejor en algún momento se hace película y se convierte en lenguaje cinematográfico, pero por de pronto es una historia espléndidamente escrita, en donde justamente los recursos del narrador, más allá de lo apasionante de la historia, son los que nos van atrapando.
Y eso yo creo que es fundamental hoy día en donde parece que hay que contar solamente historias y no distinguir entre lenguajes y recursos, en este caso, de la literatura.
JV: No, pues yo te lo agradezco mucho y yo creo que tenemos un compromiso con los jóvenes lectores de que lo que uno escribe tenga una calidad literaria, que también incorpore una dimensión de juego al lenguaje.
Todos hemos visto jugar a los niños con las palabras, les encantan los juegos de palabras, les encantan las cosas imaginarias que pueden salir de ahí, entonces yo creo que la literatura para niños es naturalmente un territorio muy fecundo para el uso del lenguaje y también para plantear problemas muy profundos, porque los niños son lectores que se están planteando cuestiones definitivas como la vida, la muerte, hay vida más allá de la muerte, la amistad, la lealtad, la perdición, el placer, estos grandes problemas fundamentales.
No leen para escapar de sí mismos sino para entender las reglas del mundo, y eso yo creo que es una gran oportunidad para los que escribimos para niños, y por supuesto un desafío enorme porque son lectores enormemente inteligentes y que no van a leer para quedar bien o para posar, sino van a leer por gusto o analizar el libro.
HS: Muy bien, pues muchas gracias, Juan, por tomarnos la llamada. La invitación está abierta, como decías al principio, los libros se comparten y ésa es nuestra idea ahora, después de haber leído El libro salvaje, que nuestro auditorio comparta esta lectura que es verdaderamente seductora. Muchas gracias, Juan.
JV: Gracias a ustedes, hasta luego, Hilda y Sergio.
HS: Hasta pronto. El libro salvaje de Juan Villoro lo edita el Fondo de Cultura Económica.
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