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Escribir por el hecho de tener una beca, una aberración: Labastida
Por José David Cano y Alfonso Castañeda
  • La poesía no compite con ningún otro género literario.

En El arco y la lira [FCE], Octavio Paz escribió: El poema funda al pueblo porque el poeta remonta la corriente del lenguaje y bebe en la fuente original. Y, sí, el tiempo corre vertiginoso, a trompicones. Incluso la novela, en especial el bestseller, propicia lo instantáneo, informa, excita al lector. Mientras que el poema encapsula algún instante. Vierte y revierte. Juega y descansa. Incita a la soledad y sofoca la desolación.

Nada mejor que un buen trago de poema. Sacia la sed. Refresca. Porque la poesía es una de las pocas vías que nos quedan para acceder, por un lado, a la utopía, a la esperanza; pero, también, a ver con mayor objetividad crítica todo lo que ocurre a nuestro alrededor, dice el poeta Gaspar Aguilera Díaz. Y es que, a través de la poesía, el ser humano se sensibiliza, abre su concepción del mundo.

Carlos López, director de editorial Praxis, es claro: Es la forma más elevada del quehacer intelectual. Pero una pregunta salta e interrumpe ante lo evidente: ¿está en crisis la lírica? López responde que no, aunque sí la afecta el neoliberalismo.

José Emilio Pacheco aseveró, respecto a la crisis económica, que la poe- sía ha resistido el vendaval, porque es la única de las artes que está fuera del mercado.

Y es cierto. La propia María del Carmen Ferez no comprende por qué la poesía no es bien socorrida monetariamente. No debería ocurrir si es el alimento del espíritu. Pero la directora de la Fundación de la Casa del Poeta Ramón López Velarde lo aduce al mercantilismo del arte y, en parte, al tiempo tan acelerado donde poco se reflexiona.

En cambio el poeta Jaime Labastida, Premio Xavier Villaurrutia 1996 y autor del libro Animal de silencios, explica que el poema no es una lectura que se dé en masa. Es para ser leída a solas. Salvo excepciones, no hay grandes tirajes. Aquí un ejemplo: Jaime Sabines, poeta de multitudes, reeditado, antologado. Taquillero y de calidad, lo denomina Carlos López.

Los poetas y la adversidad

Dicen los que saben que la poesía no tiene público, sino lectores. Su complejidad es superior a la narrativa. Está hecha de la palabra y el sentimiento, comenta María del Carmen Ferez. Exige mucho. Necesita un lector atento, cultivado, que sepa de ritmo, de acentos, de estructura, acota Jaime Labastida.

Gracias a los suplementos culturales, a fines de los cincuenta, los poetas tuvieron espacios. No había editoriales consolidadas, salvo el Fondo de Cultura Económica, Porrúa, Jus. Los poetas financiaban sus propias ediciones. Se leían entre ellos. Los tirajes, escasos. Fue a raíz del Movimiento Estudiantil de 1968 cuando los jóvenes, también los poetas, contaron con espacios de expresión. Surgen los talleres literarios, las lecturas de poesía, la revista Punto de Partida que dio cabida a tantas voces.

De poesía, cuenta Labastida, se hacían tirajes en plaquetas, muy reducidos, para conocimiento de unos cuan- tos. Incluso se bromeaba: había dos grandes poetas en México: Si me Lees y Te Leo. Ahora es distinto. Hay muchos poetas, hay más editoriales, está el Internet.

Carlos López, conocedor de la industria editorial, poeta y maestro, cree que la crisis de la poesía no existe como tal, pese a las mermas financieras. Debemos reconocer que los grandes poetas se desarrollan en la adversidad.

Pero la adversidad tiene distintas caras. Una de ellas es el soslayo de las editoriales. Aceptan manuscritos, siempre y cuando no sean poemarios, cuentos u obras de teatro. Al frente de Praxis casi 28 años, Carlos López sabe de lo que habla:

-Muchos editores arriesgan con autores de fama. Las grandes editoriales hacen negocio. Muchas veces publican un libro que lo tienen vendido con el gobierno. En ocasiones nada tiene que ver con la calidad poética, pero sí con los intereses políticos que tuvo el poeta en vida. Suele ser una mafia todo...

El mecanismo es conocido: por un la- do, las editoriales transnacionales pactan con el gobierno el tiraje de determinados poetas; por el otro, las librerías más importantes no arriesgan: piden una cantidad de libros y, cuando vence el plazo establecido, regresan el material muchas veces maltratado, explica el director de Praxis; pero cabe una aclaración: sucede sólo con las editoriales independientes, pues tienen poco dinero para colocar los libros.

Se explaya: Hay poetas y editores dig- nos que se preocupan por difundir la palabra que vale la pena. La poesía es una necesidad. Cuando veo que hay un buen trabajo, yo lo apoyo y lo difundo.

Es un hecho: el poeta no puede atenerse a las grandes editoriales ni a los grandes consorcios, interviene Andrés Cisneros de la Cruz, poeta inquieto (e irreverente), y editor de la revista Verso Destierro. La poesía, desde su origen, siempre ha sido algo que se ha pasado de voz en voz, de boca en boca... siempre ha sido un rumor, siempre ha sido algo que se canta en la vida, en la calle. Así que, a ese respecto, no hay mucho por hacer: las editoriales seguirán mostrando desinterés por la poesía.

El camino entonces, agrega Andrés Cisneros, es el que sigue actualmente la poesía: debe ser tomada como un acto personal, como el acto de uno de acercarse a la gente. Cierto: están los libros de los poetas muertos y consagrados, esos que se imprimen y se traducen por millones; pero éstos se quedan como lo que son: de grandes y de referencia. Sin embargo la poesía actual, la que se escribe en este momento, es una que también obedecerá a la distribución particular de los propios poetas. Ellos serán los que busquen la mejor vía.

Según María del Carmen Ferez, López Velarde estudió leyes al asumir que de la poesía no tendría para comer. Esto viene a colación respecto a los poetas oficialistas, los burócratas, los diplomáticos. Buscan la manera de vivir. Necesitan ingresos y esto se debe a que la poesía es poco socorrida, dice la directora de la Casa del Poeta.

Jaime Labastida no concibe que un poeta trabaje en contratiempo. Y es que las becas, necesarias en cuanto a lo económico, suelen también tener su lado oscuro. Es el tiempo precisamente lo que oxigena un poema. Me parece una aberración escribir porque tengas una beca, como si fuera un trabajo que cumplir: entregar una serie de cuartillas en un plazo determinado. Lo dice un poeta que no ha buscado el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, el mismo que nunca vio en la poesía un medio para comer sino para vivir. Desde hace 20 años es director de la editorial mexicana Siglo XXI. Fue profesor universitario y funcionario en Bellas Artes, aunque eso ya quedó muy atrás. No solicito beca porque quiero hacer mi trabajo con libertad y a mi tiempo. Me importa la calidad y no la cantidad de lo que hago, comenta.

Muchos caminos, un destino

De los poetas, uno, quizás el más importante de todos en Latinoamérica, Rubén Darío, escribió sobre ellos y para sí: ¡Torres de Dios! ¡Poetas!/ ¡Pararrayos celestes,/ que resistís las duras tempestades,/ como crestas escuetas,/ como picos agrestes,/ rompeolas de las eternidades!

La batalla, dice Carlos López, la verdadera, la más sanguinaria es la del poeta con su poema. Líneas arriba ya se han explicado algunas adversidades de la poesía, pero dilucidar el viaje interno del poeta para ordenarlo todo mediante la palabra, su proceso creativo, sus manías, es casi imposible, pues hay tantos mundos como poetas.

Por ejemplo, Jaime Labastida escribe en dos instantes precisos: al alba y cuando el crepúsculo. Momentos de soledad, mutismo, donde las palabras lo envuelven y la emoción lo guía hasta formar el primer verso, el primer párrafo; luego, la corrección. Así, el poema finaliza cuando siente goce y satisfacción. De ahí el tiempo: su tiempo.

-Primero trabajo la parte emotiva -comparte-, y en seguida lo trabajo hasta que me satisface; de no ser así, no lo publico. Pero hay otras veces que un poema me sale a partir de estructuras rítmicas y un soneto se llena de sentido.

Sí, porque escribir un poema, así como leerlo, no es igual que crear una novela. Antonio Gamoneda, premio Cervantes 2006, lo aclaraba al reportero Javier Rodríguez Marcos: La literatura descansa en la ficción. La poesía, sea clara u oscura, no. Manifiesta hechos existenciales (sufrimientos, gozos, temores), es una emanación de la vida.

El poema sigue una vereda: la palabra. Pero hay algo más, lo revela Jaime Labastida: el mundo interior; él cree que en todos lo hay, hasta en el más estúpido. Y sentencia: Un poeta que no lo externe, que no lo traduzca en palabras, no es un poeta.

El camino lleva entonces a una de las eternas preguntas: ¿todos estamos dotados para ser poetas?, ¿se nace o se llega a ser poeta? Nacido en Aguasca- lientes hace 80 años, Víctor Sandoval es explícito:

-Ambas pueden ser, porque el poeta también nace, crece, se nutre y se reproduce. Con la poesía uno se siente realizado plenamente. Cuando se deja de escribir por un tiempo es como si algo le faltara a uno, como si la sangre no circulara bien y cambia el modo de ser, el modo de actuar... Además, la poesía no tiene horario; de repente ni la puerta toca y se mete.

Y eso es cierto, señala Gaspar Aguilera Díaz:

-Yo pienso que todo ser humano tiene esa capacidad, esa facultad; lo que ocurre es que en un mundo como el nuestro, donde se trata de suprimir o de reprimirnos justamente la expresión libre y creativa del ser humano (es decir, pensando en un mundo y una realidad capitalista), es obvio que esa parte se va dejando de lado, pensando que el que tiene esa capacidad o esa facultad son seres privilegiados; y no es así.

Poeta chihuahuense, aunque radicado en Michoacán -de quien se acaba de editar una antología de poesía erótica: Paisaje a medio cuerpo (Secretaría de Cultura de Michoacán / Editorial Jitanjáfora)-, Gaspar Aguilera piensa que si bien es cierto que todo mundo puede desarrollar de manera gradual y personal su capacidad sensible y estética, por otro lado, lamentablemente, a veces desde joven o niño estas posibilidades se cortan. En general, en la medida en que todo ser humano es capaz de sentir, de transmitir lo que goza o sufre o ve, en esa medida es capaz de convertirse en poeta.

Porque la poesía, dice el ecuatoriano Antonio Preciado, debe comunicar algo. Esa es mi convicción personal. La poesía debe de hallar resonancias en los demás. Por eso estoy de acuerdo con el poeta cubano Cintio Vitier, quien dice que la poesía es encuentro de espíritus. Porque la poesía existe o justifica su existencia cuando se topa con alguien; de lo contrario, se queda dentro del creador y no me parece que ésta sea la intención de ninguna creación poética (ni de ninguna obra).

Así que tal parece que no hay nada de qué preocuparse. Al final, resuenan las palabras vertidas en estas mismas páginas (hace un par de años) del poeta Juan Gelman: la poesía es y será lo de siempre. Es una de las artes más antiguas del mundo. No vayamos muy lejos: a través de todos estos milenios ha habido catástrofes de todo tipo: guerras, pestes, luchas; pero el hilo de la poesía no se rompió nunca. Habrá poesía hasta el fin de la humanidad, sin duda alguna. Y no sólo por la necesidad de alguien por escribir, sino también por la necesidad de muchos de recibir.

Fuente: El Financiero / México
Miércoles, 13 de mayo de 2009
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