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Como un hombre estricto con su trabajo, actitud que contrastaba con su carácter afable, su semblante sonriente y su apariencia atractiva, recordarán sus amigos al filósofo Alejandro Rossi, fallecido la noche del viernes en su casa de la Ciudad de México.
Un paro respiratorio a consecuencia del enfisema pulmonar que padecía desde hace años apagó la vida del también narrador, a meses de cumplir 77 años de edad.
Hoy, a las 11:00 horas, el filósofo recibirá un homenaje de cuerpo presente en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, organizado por el INBA.
Rossi nació en Florencia, Italia, el 22 de septiembre de 1932. Llegó a México en 1951, luego de recorrer Francia, España, Venezuela, Uruguay, Argentina y California.
“Tenía muchas patrias que vivió intensamente y por eso se puede decir que es un escritor venezolano, hispanoamericano y mexicano. Ese sentido de la amplitud del idioma es una de las cosas que se pierden con la figura de Alejandro Rossi, así como una presencia capaz de estar activa en la filosofía y la literatura”, consideró el escritor Adolfo Castañón.
Rossi realizó sus estudios universitarios en la Facultad de Filosofía de la UNAM y continuó en Oxford y Friburgo, pero volvió a México en 1958 para fungir como catedrático del Instituto de Investigaciones Filosóficas, por lo que Castañón asegura que la máxima casa de estudios debe estar de luto con su partida.
“La obra de Alejandro Rossi es estricta y ceñida, muy importante porque reinventa la herencia de Borges, Bioy Cázares y José Bianco. Le dio una nueva vida al ensayo en hispanoamérica”, señala Castañón.
En México, el novelista, cuentista y ensayista trabó amistad con el poeta Octavio Paz, con quien trabajó en las revistas Plural, de Excélsior, y Vuelta.
En Plural conoció al narrador José de la Colina, quien era secretario de redacción en la publicación y llegó a considerarlo como un hermano mayor por la relación tan cercana que lograron establecer.
“Un día Octavio Paz nos dio un artículo que se llamaba Manual del distraído y le comenté a Rossi que ese podría ser el título de una sección. Me hizo caso y tuvo la sección, que luego se convirtió en uno de los libros más conocidos”, recuerda De la Colina.
Este título precisamente se publicó en 1978 por la editorial Joaquín Mortiz y en 1996 por el Fondo de Cultura Económica (FCE); en el volumen se recopilan los textos que Rossi presentó en Plural y luego en Vuelta de 1973 a 1977.
Castañón dice que a Rossi le aprendió el rigor para revisar los textos, tanto propios como ajenos, y evoca en particular una ocasión en que fungió como escucha de sus cuentos.
“Una tarde hace algunos años me leyó uno de los cuentos de La fábula de las regiones, y esa anécdota de oírlo leer un cuento que acababa de escribir para mí es una marca imborrable”, indica.
A pesar de su formación filosófica, que para muchos pareciera ser una profesión muy seria, De la Colina afirma que en sus textos hacía uso del humor, gracias a su profundo manejo del lenguaje.
“Fue un extraordinario escritor, con formación filosófica. Hacía un poco lo que Borges, disfrazaba los ensayos como cuentos y los cuentos como ensayos. Lo hacía muy bien y eso es muy grato para el lector, que se lleva muchas sorpresas. Aportó el conocimiento que le daba el ser profesor de filosofía en su literatura, hizo una literatura que trataba asuntos ontológicos de forma de narración”, dice su amigo.
Es así que ha partido el hombre del “estilo sonriente”, como lo llama De la Colina, “muy libre y al mismo tiempo muy riguroso, una escritura delgada que no pesa para nada, y esa sonrisa ladeada que tenía ante el mundo era una buena manera de escribir también. Tenía una escritura sonriente”.
Y esa actitud la llevaba en el rostro. De la Colina recuerda que era un hombre muy guapo y atractivo para las mujeres.
“Daba un poco de rabia que si uno iba con él y se fijaba en una muchacha guapa, pues no tenía uno ninguna posibilidad por andar acompañado de Alejandro Rossi, que era en quien se fijaban ellas”.
La obra de Rossi se ha publicado en español e italiano. La última que realizó fue la novela Edén. Vida imaginada [FCE], por la cual obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia en 2006. |