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Alejandro Rossi
Por Miguel Ángel Granados Chapa

Alejandro Rossi murió a la medianoche del viernes cinco de juni, en la Ciudad de México en que se asentó después de haber nacido en Florencia y vivido en media docena de ciudades. En algunos casos, sus vivencias reales coincidieron con las literarias. Esas ciudades son parte de su itinerario creado, no necesariamente ficticio, que se resumió en Edén. Vida imaginada [FCE], probablemente el último de sus libros, el primero consagrado a la narración aunque no exento de aires de ensayo, que fue el género predilecto del autor nacido el 22 de septiembre de 1932.

Rossi llegó a las letras por la filosofía, y todos los campos que roturó fueron prodigios en frutos. Se hizo conocido más allá del ambiente estrictamente académico con su Manual del distraido [FCE], colección de sus ensayos y artículos aparecidos en las revistas de Octavio Paz, Plural y Vuelta. Como universitario había alcanzado ya gran prestigio, que culminó con el emeritazgo en el Instituto de investigaciones filosóficas, su casa durante tantos años. Y como escritor había alcanzado la máxima distinción que otorga la república mexicana: el Premio nacional de ciencias y artes.

A su sepelio, el domingo al mediodía, acudieron el Presidente Calderón (de regreso de su vuelo a Hermosillo, donde se aproximó a la insoportable tragedia de la guardería ABC, donde murieron 43 niños hasta la mañana del lunes), el rector de la UNAM José Narro Robles, la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar; Joaquín Díez-Canedo, director del Fondo de Cultura Económica, y algunos miembros del Colegio Nacional, el cenáculo de la inteligencia mexicana al que perteneció Rossi.

Su editor, el propio FCE, afirma en la solapa de Edén, que el autor es uno de los más nítidos ejemplos del cosmopolitismo hispanoamericano. Nacido en Italia, es mexicano por elección. Estudió filosofía en México, Alemania e Inglaterra. Es investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro del Colegio Nacional y del Sistema Nacional de Creadores. En 1999 su obra fue reconocida con el Premio Nacional de lingüística y literatura.

La portada de Edén. Vida imaginaria [FCE] ostenta la reproducción de un óleo sobre tela de Pierre Bonnard, pintado en 1943 y titulado Duraznos y uvas sobre un mantel rojo. En la contraportada se lee lo que sigue:

Es un encuentro imprevisto que echa a andar la máquina del tiempo. a partir de ahí, todo es engarzar lo que recoge el sabio capricho de la asociación administrado con eficacia literaria, certera al dar con el gesto, el dicho, el objeto que son llave de los capítulos redondos de esta narración. Edén. Vida imaginaria sigue los jóvenes pasos de un ágil fabulador, dueño de una memoria peligorsa y una imaginación urgente. La historia recorre el vaivén el itinerario de la segunda infancia del chico: Florencia, Caracas, Roma, Montevideo, Buenos aires, para terminar en un hotel elegantísimo de la provincia argentina, hasta cuyos ámbitos llegan los estretores europeos de la segunda guerra. Rodeado de mujeres de sensualidad irresistible y varones en claro oscuro, Alex acusa las fuertes impresiones de un tránsito dondo nada puededarse por sentado: ni la Patria ni la raza ni la lengua ni la familia. Pero él no deja de buscar un lugar propio fuera del desorden, y alguien en el hotel Edén le ayudará a encontrarlo.

Es un deleite ver ahora en acción, en esta novela pletórica como la vida misma, a la astuta prosa de Rossi, con el oído afinado a las cadencias de nuestra lengua y el insólito repertorio de adjetivos a que nos ha acostumbrado, por primera vez desplegados con un aliento sinfónico.

Rossi ubicó el Edén en La Falda, en la providencia de Córdoba, en la Argentina. Era un hotel cuya piscina estaba rodeada de árboles...

Fuente: Metro / México
Martes, 09 de junio de 2009
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