“Hace unos años empecé a sentir la inquietud de escribir libros para niños, animado por la posibilidad de contar historias para lectores que son muy exigentes por varias razones: la primera, es que no leen para quedar bien con alguien o por esnobismo, sino porque los atrapa una historia. La segunda, es que hoy el escritor tiene enemigos formidables, el nintendo, los juegos electrónicos, la televisión, el cine, y, aún así, la cultura de la letra perdura entre los niños”.
Lo dice el mexicano Juan Villoro, narrador, periodista, célebre por su afición al fútbol, que ha hecho carrera tanto en la literatura adulta, como en los libros para niños.
A Colombia acaba de llegar El libro salvaje (Fondo de Cultura Económica), una historia cautivante sobre un niño cuyos padres se divorciaron, un hecho que le abrirá las puertas a una fantástica aventura. Desde Barcelona, Villoro habló con EL TIEMPO.
¿Es muy diferente escribir para niños?.
Uno de los principales errores que se cometen es pensar que la mente de los niños es más simple. Los niños son lectores muy inteligentes; creo que la imaginación infantil es más barroca, más amplia que la del adulto, y acepta situaciones límites, fantásticas, pero, con la condición de que sean lógicas. Los niños son muy lógicos, por eso les gustan los juegos que tienen reglas fijas. Si uno le dice a un niño que un personaje solamente hace una cosa si se toma un té determinado, él sabe que si el personaje no se toma ese té esa historia ya no es creíble.
Por otra parte, un desafío muy grande es el final feliz, que los autores para adultos, cuando escribimos una novela, evadimos, porque la felicidad absoluta nos parece inverosímil; sabemos que la felicidad no es un continuo sino un momento repentino.
Los lectores infantiles sí admiten la idea de la felicidad y la buscan. Pero una de las cosas más difíciles es que los personajes merezcan verdaderamente esa felicidad. Cuando empecé a escribir para niños dije: qué descanso, ahora todas mis historias van a ser felices en el final; pero es solo un descanso relativo, porque es muy difícil que los personajes, en verdad, merezcan esa felicidad. Si no, las historias no son importantes.
¿Por qué comenzó a trabajar este género? .
Tiene que ver con algo personal: a mí me gusta la infancia; soy muy aficionado al fútbol, porque creo que el fútbol es una especie de infancia que nos podemos permitir los adultos. Y siempre que escribo para adultos me interesa mucho el pasado de los personajes, el momento que los determinó en la infancia. Decía el autor de Peter Pan que lo más importante en la vida de un hombre ocurre antes de los 12 años y por eso hizo que su personaje no creciera.
Con los años, me interesó establecer un diálogo con los lectores infantiles, no tanto para contarles algo pedagógico, algo que ellos debieran leer, sino para contarles algo que yo quería narrar. Es poner a prueba la capacidad de contar ante una imaginación tan rica y tan exigente.
¿Ha podido medir el resultado? .
El libro mío que más se ha vendido, que se llama El profesor Ziper y la fabulosa guitarra eléctrica, ha vendido más ejemplares que todos mis libros juntos, lo cual quiere decir que, tal vez, mi edad intelectual es como de 12 años. Es el libro que más ha conectado. Tengo lectores muy distintos, porque he escrito para niños de 6 años, o para preadolescentes, como El libro salvaje, o, incluso, para adolescentes (la generación Harry Potter), que ya están dispuestos a leer más de 200 páginas por su cuenta.
¿Se ha podido encontrar con sus lectores? .
Lo más emocionante que me ha pasado, en ese sentido, es encontrarme a los que fueron niños, muchos años después, y que, por ejemplo, están estudiando Literatura, y me dicen: “El primer libro que yo leí por gusto fue un libro tuyo”. Creo que el lector ideal que puede tener alguien es una persona que nunca ha leído un libro por gusto y que, de repente, al ver que eso puede apasionarlo, se convierte a la lectura gracias a ese libro. Conquistar a alguien para la lectura creo que es lo más alto que podemos lograr los autores.
¿Es desalentadora la tarea del escritor infantil en este mundo de juegos de video?.
Ya no tenemos una civilización que se base en los libros, hay muchos otros estímulos informativos, culturales y de entretenimiento; pero, aún así, el libro conserva un papel importante. La prueba está en fenómenos como Harry Potter, que fue un fenómeno de lectura, no de promoción. En su origen fue un libro rechazado en muchas editoriales y los niños lo convirtieron en best seller. Les gustó, lo fueron apoyando y, poco a poco, fue encontrando su camino. Otro fenómeno ha sido Corazón de tinta, de Cornelia Funke. Eso nos revela que los niños necesitan de historias escritas, porque el tipo de estímulo que reciben es distinto de una película o una obra de teatro o una obra de títeres.
¿DE QUÉ NOS HABLA EL LIBRO SALVAJE?.
“El libro salvaje es una celebración de la lectura. Creo que un escritor, cuando va a hacer un libro, se enfrenta a un material que se le resiste, como si el libro no quisiera ser contado. En este caso, es un libro que está perdido en una biblioteca y huye del lector. La aventura es encontrarlo, tomarlo y tratar leerlo. Como si el libro fuera un caballo salvaje que no tiene herraduras y de repente encuentra un dueño” |