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Cincuenta años de escritor
Por Humberto Guzmán

La literatura no es un espectáculo. ¿Qué espectáculo puede haber en la página escrita o impresa? Sólo la exaltación, la subjetividad del lector: su interioridad. Visto así es un gran acontecimiento. Pero lo es silencioso, único, individual, anónimo. La multitud se daba antes en los toros, en el box, en el cine, ahora en el futbol y en los conciertos de las estrellas. Por eso José Emilio Pacheco, que es un hombre de letras, debe de estar asombrado por todos estos homenajes que han organizado diversas instituciones culturales nacionales por sus setenta años de edad y cincuenta de escritor. Sin contar la coincidencia del Premio Reina Sofía que le han otorgado en España. Una vida dedicada a la literatura, incluyo su labor periodística. Más allá de este revuelo de homenajes que se inicia, hay que mencionar también que José Emilio tradujo en los sesenta Cómo es, de Samuel Beckett, y escribió su novela corta Morirás lejos (1967), publicadas ambas por la legendaria Joaquín Mortiz.

En 1968 José Emilio me publicó un relato en estas páginas de La Cultura en México, cuando él era su editor y yo era un joven desconocido —ahora nada más dejé de ser joven. Así que también fue promotor. Él ya era toda una realidad en el panorama de los escritores y poetas mexicanos. En estas cinco décadas José Emilio Pacheco ha sabido consolidar un prestigio de escritor: cuidó de que no se lo viera demasiado a la sombra de los grandes árboles ni la de los dogmas políticos. Esto no impediría que tuviera sus opiniones personales y que las supiera exponer. Merecido homenaje al escritor, pese a que ha declarado que deberían hacerse cuando los escritores son más jóvenes.

Alguna vez lo escuché decir —o se lo leí quizás en alguna de sus entregas firmadas por la sílaba JEP— que su amigo y contemporáneo Carlos Monsiváis le preguntó, humorista, para qué había escrito Morirás lejos. Esa novela es notable por su hechura que identifico con las técnicas narrativas de avanzada en la Europa de entonces. Aprecio que escritores mexicanos, como José Emilio (y Salvador Elizondo...), hayan introducido estas técnicas que aunque negaban la vieja novela, lo que hacían era afirmar una nueva novela por y para esos años. No digo que haya sido el único camino (como el “no hay más ruta que la nuestra” de los muralistas mexicanos) pero sí un refrescante y firme trazo en la contemporaneidad de la novela nacional. Eso se agradece sobre todo en un medio literario que no deja de ser pequeño, con algunas luminarias —José Emilio entre éstas—, como el de México.

Quizá José Emilio ha sido considerado más como autor de una obra poética que novelística, sin contar sus cuentos, ensayos y otras novelas. Pero basta la autenticidad de una pieza del género, como Morirás lejos, para reconocer a un autor. Como Pedro Páramo, de Juan Rulfo; o El complot mongol, de Rafael Bernal. Esta es la misma importancia de la traducción mexicana de Cómo es. No era una traducción española o argentina. Para quienes, en México, estábamos necesitados de sabernos integrados a una realidad occidental, global, como dicen ahora, estas aportaciones de José Emilio Pacheco fueron esenciales.

No me imagino a José Emilio ante tanta atención, él que alguna vez se quejó de que sus libros no se vendían. Aunque siempre les ha ido bien, a unos mejor que a otros. He atestiguado, sin embargo, que Morirás lejos no se encuentra en librerías y Como es hace muchísimo que no existe. Es cierto, pienso que la literatura y los escritores (no los que surgen del movimiento del mercado) son fenómenos necesariamente solitarios, a pesar de que algunos escritores cobran celebridad en vida. Pero una vez que varias entidades se han reunido para festejar a José Emilio Pacheco, convendría recordar que una obra literaria no es un adorno, ni siquiera una fiesta, sino un sustento de gran alcance, que muchas veces no se percibe así, para la cultura de su país y del contexto histórico al que pertenece.

Fuente: Siempre! / México / Distrito Federal
Domingo, 05 de julio de 2009
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