Cartografías de la conciencia española en la Edad de Oro, Elena del Río Parra, Fondo de Cultura Económica, México, 2008.
En un mundo, producto de la Ilustración, la Revolución francesa, la revolución industrial, las dos grandes guerras, la revolución tecnológica y el internet es difícil pintarse los rasgos más oscuros de una época en que el fundamentalismo religioso dominaba la vida cotidiana de las entonces naciones civilizadas. Cuestiones tan incidentales y tan comprometedoras como qué debía hacerse en caso de que una forma consagrada, una hostia, se desprendiera por accidente de las manos del oficiante y fuera a parar en el suelo, a fin de preservar la pureza y virtud del rito.
Unos tratadistas señalan que el sacerdote debía agacharse en el acto y con la lengua tratar de sorber todos los fragmentos, aunque si caía sobre madera o lienzo, había que roer el palo o bien quemar la carpeta, teniendo buen cuidado de guardar las cenizas en el sagrario. Si se descubría que el sacramento estaba poluto o contaminado se seguía una indagación muy rigurosa, corriendo el implicado peligros mayores ante el Santo Oficio. Si se probaba que era por accidente no había consecuencias, pero si se sospechaba una intención blasfema, el precio iba desde la pública disciplina hasta perder la vida. Un sacerdote, además, no podía ser contrecho ni deforme: lo mismo daba si era cojo, manco, ciego, mudo, sordo, gafo, renco, con partes del cuerpo llagadas o hediondas, de continente espantable a la vista, en esas condiciones no podía decir misa.
Temas como la hechicería, los judaizantes, la pureza de sangre, la exclusión del sacerdocio de negros, mulatos y mestizos, la doctrina sobre el purgatorio, los nonatos muertos sin bautizar y el limbo, los hermafroditas y la conservación de su nombre de pila por el bautismo ya se hicieran varones o hembras, los ayunos cuaresmales rotos o no por percibir el olor tan vivo de un chorizo o un potaje, si la leche, el agua de coco, el chocolate o el tabaco violaban la abstinencia de alimento sólido, si un animal engullía por accidente una sagrada forma había que sacarle las entrañas, si a una hostia en el sagrario le caía gusano a causa de la humedad había que quemarla y conservar los restos en lugar sacro, en fin, si hablar en lenguas era cosa del demonio o más bien manifestación del Espíritu Santo, estas y otras curiosidades eran objeto de detenido análisis y discusión por parte de unos pocos iniciados e imaginativos autores.
Cartografías de la conciencia española en la Edad de Oro [FCE] es un volumen que aborda el tema de la casuística, en el sentido de conjunto de diversos casos particulares que pueden preverse en una determinada materia. Elena del Río Parra, la autora, señala que caso se define como suceso, hecho regular o azaroso, contingencia, suerte, fortuna o hado, un concepto que habría de dejar profundas huellas en la conciencia de la gente de la época renacentista y barroca en el mundo de expresión española. |