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Hoy no hace falta haber hecho algo ‘extraordinario’ para ganar la visibilidad
Por Fernanda Abad

Desde mañana y hasta el viernes, Salta será sede de las II Jornadas de Filosofía de la Cultura: Experiencia, cultura, subjetividad, organizadas por el Centro de Estudios para Filosofía de la Cultura y auspiciadas por las Facultades de Humanidades de la UNSa y de la Universidad Nacional de Comahue, AEDCA (Area de Experimentación y Divulgación de la Cultura y el Arte), dependiente de la Dirección del Centro Cultural Holver Martínez Borelli. Entre los panelistas invitados figura Paula Sibilia, ensayista e investigadora, autora del libro La intimidad como espectáculo (Fondo de Cultura Económica, 2008), que analiza las claves con las que se presenta la exhibición de la intimidad en la escena contemporánea a través de blogs, fotologs, webcams y sitios como YouTube y FaceBook. Una lectura filosófica sobre nuestra contemporaneidad que será tema de debate en las jornadas que comienzan mañana, con la participación de investigadores de Salta, Neuquén, San Juan, Córdoba, Rosario, Buenos Aires y Río de Janeiro.


¿Qué cambios se produjeron en la subjetivación a partir de las transformaciones tecnológicas?


Creo que las subjetividades contemporáneas se están transformando, de un modo bastante veloz y radical, pero no considero que se trate de cambios causados por los avances tecnológicos, o por algún descubrimiento o invento en particular. Si observamos las prácticas interactivas que proliferan en los blogs y fotologs, por ejemplo, así como en Youtube y en las redes sociales como Facebook o Twitter, podemos ver que esa nueva lógica de expresión y comunicación también está impregnando nuestras vidas cotidianas, más allá de internet.

A diferencia de lo que ocurría en nuestra sociedad occidental y moderna hasta hace muy poco tiempo atrás, ahora no hace falta haber hecho algo extraordinario para ganar la visibilidad y la celebridad, para conquistar el derecho a exponer públicamente la propia voz y la propia imagen. Se supone que toda experiencia es valiosa e interesante en sí; aunque sea banal y se exhiba o narre trivialmente, como es el caso de la espectacularización de la intimidad de cualquiera en los reality-shows del tipo Gran Hermano, por ejemplo.


¿Por qué ocurre esto?


Responde a una serie de nuevas necesidades, deseos y demandas que subyacen a nuestra sociedad de principios del siglo XXI. Hoy en día, por ejemplo, respondiendo a una serie de factores históricos (políticos, socioculturales y económicos), sabemos que hay que mostrarse y hay que intentar ser visto para ser alguien. Y cabe recordar que ésa es una de las principales características de la sociedad del espectáculo, como la denominó Guy Debord al vislumbrar su configuración hace ya más de cuarenta años, en 1967. En esa época empezaba a gestarse esto que, algunas décadas más tarde, cristalizaría en el fenómeno que estamos comentando: la espectacularización del yo, esa tendencia tan contemporánea.


¿Cómo se fue gestando el impulso irrefrenable de hacerse visible?


Esa creencia tan fuerte en el valor de las imágenes, que hoy impera entre nosotros, tiene una relación muy estrecha con la creciente importancia que asumieron en nuestras vidas los medios de comunicación audiovisuales como el cine y la televisión, por ejemplo. Y el hecho de que en los medios impresos como los diarios y revistas, la imagen y los contenidos visuales se hayan vuelto cada vez más relevantes. De modo concomitante, también hay un fuerte vínculo con el declive de la cultura letrada como un horizonte de realización para nuestra sociedad, junto con la pérdida de peso del valor de la palabra y de las esencias interiorizadas que solían definir quién era cada sujeto más allá de las vanas apariencias.

El fenómeno está vinculado, además, con los avances del mercado en todos los ámbitos de la existencia. Pensemos, por ejemplo, que hoy se pueden comprar y vender -para luego descartar, reciclar y renovar- no sólo diversas partes del cuerpo sino también una gran variedad de modos de ser y estados de ánimo. Y la tendencia también responde, evidentemente, a los intereses específicos de la sociedad contemporánea: al tipo de subjetividad que resulta más compatible con sus engranajes y más útil a sus fines.


Esa intimidad como espectáculo, ¿es realmente íntima?


A la luz de estos fenómenos, es evidente que nuestra noción de intimidad está cambiando, al mismo tiempo en que pierden nitidez las fronteras que solían separar la esfera privada y el espacio público. Entonces, creo que la pregunta sobre la validez de los viejos términos es lícita. ¿Cómo podemos seguir hablando de íntimo cuando esa dimensión de la existencia, que era secreta y privada por definición, ahora se expone ante la vista de todos?

En casi todos los ámbitos de nuestra sociedad se ha transformado en una necesidad de primer orden contar con la capacidad de producir una buena imagen de sí mismo, saber posicionarla como una marca para poder venderla en los diversos mercados en que nos movemos. Y es claro que todo eso es muy frágil, es riesgoso y efímero, puesto que la sociedad contemporánea necesita renovar constantemente aquello que se exhibe en sus múltiples pantallas. Por eso todo queda rápidamente obsoleto. Inclusive, las subjetividades que pasan de moda.


Decís que las formas típicamente modernas de ser y estar en el mundo están hoy eclipsadas. ¿Cuáles eran esas formas?


Yo creo que está ocurriendo, en estos momentos, un desplazamiento histórico del eje en torno del cual se construye lo que es cada sujeto, y los nuevos fenómenos de exhibición de la intimidad serían un indicio de esa mutación. Pensemos que en aquellos tiempos modernos que ya empiezan a quedar envejecidos -cuyo auge ocurrió en el siglo XIX y la primera mitad del XX-, ese eje se edificaba alrededor de la interioridad de cada individuo. Es decir, en torno de algo que se suponía alojado dentro de cada sujeto y que cobijaba su esencia personal. En los últimos años, me parece que ese eje se ha ido desplazando hacia la superficie del cuerpo e incluso, cada vez más, se vuelca ávidamente en las pantallas y demás vidrieras mediáticas.

Porque lo que se busca en las nuevas prácticas de internet, por ejemplo, no es ahondar en lo más oscuro de sí mismo para acceder a las propias verdades, como ocurría en la escritura de los diarios íntimos tradicionales o en el relato vital del psicoanálisis, para citar sólo algunos ejemplos de hábitos más antiguos pero comparables a los actuales. Ahora, en cambio, se persigue la visibilidad y, en cierto sentido, también la celebridad. Ambas como un fin en sí mismo; o sea: no como un medio para lograr otra cosa ni como consecuencia de algo mayor, sino porque sí.


¿Qué nos depara este contexto?


El mundo contemporáneo no solicita introspección, sino que pide a gritos visibilidad y marketing de sí mismo. Por eso, cada uno debe aprender a administrarse como una empresa, posicionando su marca en el mercado de las apariencias. Y estas herramientas (internet) nos ayudan a lograrlo, además de capacitarnos para tener éxito en ese sentido. De todos modos, es importante destacar que las experiencias individuales y colectivas son sumamente ricas y variadas, no se restringen a estos guiones ni se someten en bloque a estos dictados, sino que hay muchas posibilidades de resistir a esas presiones y crear formas inéditas de ser y estar en el mundo.

Fuente: El Tribuno / Espectáculos / Salta / Argentina / http://www.eltribuno.info/salta/diario/2009/09/22/espectaculos/hoy-no-hace-falta-haber-hecho-algo-2018extraordinario2019-para-ganar-la-visibilidad
Miércoles, 21 de octubre de 2009
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