La construcción de la bioética. Textos de bioética, Volumen I, Ruy Pérez Tamayo, Rubén Lisker y Ricardo Tapia, FCE, México, 2008.
La capacidad de sostenerse, crecer y reproducirse es característica esencial de todo lo vivo, aunque no es la única, hay otras funciones correlativas más básicas, como son nutrirse y excretar o bien nacer y morir. El principio y el fin de algo son, si no los puntos torales sí los más visibles, pues definen los extremos de todo proceso vital y muy en particular el del ser humano. No es de extrañar, por tanto, que las llamadas consideraciones bioé ticas se dieran precisamente en el campo de la salud humana, extendiéndose luego hacia la salud de los animales y, en última instancia, la salud del medio ambiente.
Fue en 1971 que Van Rensselaer Potter, bioquímico estadunidense, escribió en su libro Bioethics. Bridge to the Future, que la humanidad necesita urgentemente de una nueva sabiduría que le proporcione el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia del ser humano y la mejora de su calidad de vida. La definición más aceptada desde 2004 es que la bioética se refiere al estudio sistemático, pluralístico e interdisci plinario de las cuestiones morales, teóricas y prácticas, surgidas de las ciencias de la vida y de las relaciones de la humanidad con la biosfera. En esta amplia perspectiva, que engloba a usuarios finales (beneficiados o víctimas en potencia), técnicos, científicos e incluso expertos en materia de moral y filósofos, la bioética se ha convertido en una de las ramas más vigorosas y florecientes del pensamiento humanístico. Objeto de interés para la bioética son problemas como la eutanasia, el suicidio asistido, la interrupción del embarazo, el consentimiento informado, la investigación con pacientes humanos, la clonación de seres vivos, la manipulación de células troncales las más de las veces extraídas de fetos, el trasplante de órganos, el mejoramiento de la raza y la modifica ción de las capacidades de la mente a través de fármacos.
Cuestiones tan ríspidas y actuales como la eutanasia o muerte clemente, tan debatida en Holanda donde, bajo ciertos criterios, se ha autorizado, la cual es posible caracterizar como el acto o método que aplica un médico para producir la muerte sin dolor de un paciente, a petición de éste, para terminar con su sufrimiento. La eutanasia positiva reviste dos formas: la abstención terapéutica –no se inicia el tratamiento– y la suspensión terapéutica –se suspenden los tratamientos iniciados. Temas tan moralmente controvertidos como éste, o bien el más aceptado del trasplante de órganos, donde se ha de comenzar removiendo las partes vitales cuando el paciente aún no está totalmente muerto, con el consabido debate de cuál es el criterio para declarar a alguien muerto: ¿el cese de la función cardiopulmonar, la ausencia de actividad cerebral mesurable o bien la pérdida permanente de conciencia?.
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