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Con la presencia de más de mil 600 casas editoriales provenientes de 40 países, mañana será inaugurada la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que este año muestra lo mejor de la producción artística y literaria de la ciudad de Los Ángeles. Para abrir el apetito, presentamos una entrevista con la uruguaya Mercedes Calvo, Premio Hispanoamericano de Poesía Infantil 2008.
Tras 35 años como profesora de educación básica, Mercedes Calvo decidió jubilarse pero al poco tiempo se topó con la convocatoria del Premio Hispanoamericano de Poesía Infantil 2008 y, aun cuando no tenía experiencia alguna en el mundo de las letras, se preguntó: ¿Por qué no? Así que en un inusitado golpe de inspiración, durante 15 días se entregó a la escritura de un volumen de poemas, a fin de inscribirlo a tiempo en el certamen convocado por la Fundación para las Letras Mexicanas y el Fondo de Cultura Económica.
Puesto que el fallo le fue favorable, el 5 de diciembre de 2008 recibió el galardón que consistió en un cheque de 200 mil pesos y el compromiso por parte del FCE de publicar Los espejos de Anaclara (con ilustraciones de Fernando Vilela), una novedad editorial que se presentará el lunes 30 de noviembre, a las 20:00 horas, en el salón Alfredo R. Plascencia de la FIL de Guadalajara.
-Por una parte, me gustó la musicalidad del nombre que seleccioné para mi título -dice la autora-. Por otra, mucho tiene que ver el que Los espejos de Anaclara (FCE) está escrito desde mi infancia. Yo era una niña que cuestionaba mucho a los espejos. Me pasaba horas mirándome y preguntándome quién era. Me daba la impresión de que yo no era la que estaba ahí, sino la que estaba dentro. Así que el libro surge de ese cuestionar, de ese querer saber.
-¿En qué momento advierte que el espejo es una excelente metáfora para acceder a la poesía?
-La poesía es un espejo, un lugar para buscarnos. Di con eso de manera natural. No fue una metáfora, fue una experiencia muy concreta. Es verdad que yo me encerraba horas en el baño y en mi casa me gritaban: Mercedes, Mercedes, salí.
-¿Qué reto implica hacer poesía para niños?
-Bueno, la convocatoria decía que era poesía para niños, pero yo no sé si esto es así. Me parece que es poesía, simplemente. Considero que no debe haber mucha diferencia. Quizá lo diferente es que en la literatura para niños hay que hablar con respeto y, sobre todo, con esperanza. Me he encontrado con gente adulta a la que también le ha gustado mucho el libro.
-¿Tenía en mente la estructura?
-No, la descubrí al final. Me tardé más en ordenar los poemas que en escribirlos, en tratar de darles unidad y luego intercalar las preguntas que están escritas al revés para leerlas frente al espejo.
-El libro muestra un abanico de experiencias vitales. Habla del tiempo, de la fugacidad, de lo que parece ser pero no es. ¿Cuál considera que es el tema primordial de estas páginas?
-De niña yo me preguntaba cómo los grandes sabían cuándo comenzaba la realidad y cuándo la fantasía. A mí me parecía que no estaba tan marcada la diferencia, que todo más bien era muy difuso. Que las cosas venían por la orillita. Así que descubrí que esa preocupación está siempre presente. Yo no elegí el tema sino, más bien, el tema me eligió a mí.
-Su libro es universal, en el sentido que está situado justo en una frontera que atrapa tanto a grandes como a pequeños. Otra dualidad es que puede tocar tanto a lectores de zonas rurales como urbanas...
-Es la primera vez que alguien me plantea esto. Yo soy una persona urbana; sin embargo, cuando muy niña estuve mucho tiempo en el campo y quizá por eso el libro salió así. No me había dado cuenta, pero posiblemente tienes razón. De adulta también me doy mis escapaditas al campo. La presencia de los árboles es muy importante. El otro día yo decía que mi perro era mi coautor, porque muchas veces cuando salía a pasearlo al parque que está frente a mi casa los poemas me iban dando vuelta en la cabeza. Yo creo que eso se debe a la influencia de los árboles.
-Pese a que habla de emociones muy profundas, algo que sorprende es la transparencia del lenguaje. Tratándose de un libro infantil, ¿deliberadamente se propuso omitir términos o metáforas rebuscadas?
-El libro no fue tan cerebral. Se dio de una manera natural. Incluso por ahí hay poemas muy breves que, yo diría, me fueron dictados. Hay uno sobre la niebla que surgió un día en que salí a caminar y los árboles parecían fantasmas. El poema se me presentó de golpe y lo tuve que escribir en el celular. Fue como si me lo dictaran. No fue pensado.
-¿Ha incursionado en algún otro género literario?
-Después de este premio, yo creo que vino el destape. He probado con algo de narrativa y en la computadora ya tengo un montón de cosas esperando. Sin embargo, donde me siento más cómoda y donde no tengo como que hacer esfuerzo es en la poesía.
-¿Qué ha significado para usted ganar un premio de poesía en Hispanoamérica?
-Me pregunto qué estaría haciendo ahora de no haber ganado el premio, porque, claro, un escritor que envía su manuscrito a un premio ganarlo o perderlo no significa mucho, pero para una persona que nunca ha escrito como yo... realmente me cambió la vida. Me dio el título oficial de escritora, aunque no me lo creo mucho todavía. Cuando yo mandé los poemas al concurso se reían: ¿Pero cómo te vas a presentar si vos no sos escritora? Yo creo que los muchos años que pasé trabajando con los niños fue lo que me animó. Con ellos hice numerosos trabajos para escribir poesía y nunca me dijeron: Yo no puedo o Yo no sé. Simplemente lo hicieron.
-Pero, además, el premio vino aparejado con 200 mil pesos...
-Sí, claro, todo eso me tomó completamente por sorpresa. Y más cuando sabemos que la poesía es un género resistido. Yo creo que lo más lindo ha sido poder volver a México. Hace 15 años vine como turista y me encantó, así que me dije: Espero volver algún día, pero nunca pensé volver así. Fueron varias cosas, por supuesto la parte económica, pero también volver a este país y el reconocimiento que me han dado. Todo esto junto ha sido como un sueño.
POEMAS
Durante más de tres décadas como docente, Mercedes Calvo no sólo trabajó con niños de primaria sino también con adolescentes y adultos. Desde esta perspectiva, la cuestionamos sobre el panorama de la poesía infantil.
-Yo considero que hay de todo: hay poemas y hay versitos.
-¿Cuál es la diferencia?
-Los poemas son poesía y los versitos son rima. La rima es tanto como considerar que el niño es un lector ingenuo o poco inteligente. Mucha gente dice: Yo no escribo, escribo para niños. Se le tiene como un género menor. Considero que encontrar la rima fácil donde se incluyen muchos diminutivos es tarea de versificación, no de poesía. Y eso se nota mucho, hay mucha oferta en el mercado. Ésa es la poesía que yo llamo utilizada. Algo que en parte es responsabilidad de los maestros. Por lo regular nosotros los maestros tendemos a sacarle el jugo a la poesía, desde decirles a los alumnos que deben buscar sujeto y predicado hasta esa frasecita de qué quiso decir el autor. Si no, otra situación recurrente es: Para mañana vamos a estudiar este poema de memoria, o, bien, vamos a declamar los actos patrios. Hay poemas muy útiles para el otoño, para el Día de la Madre, de la primavera y todo lo demás... algo que, me parece, está muy lejos de la poesía. La escuela tiene una gran responsabilidad en esto porque, especialmente, los niños más chiquitos de preescolar, que están acostumbrados a las nanas, a las retahílas y a las canciones de cuna, de golpe entran en la escuela y la poesía se termina. Les comienzan a enseñar algo de narrativa y cuando comienzan a escribir poemas son para la tarea. Entonces, es algo que se torna una obligación. Y no debería ser así: la poesía es un lenguaje natural. Todos en algún momento hemos pensado: Yo voy a escribir los versos más tristes esta noche.
-¿Cómo, entonces, acercar a los niños a la poesía?
-Yo he hecho trabajos de acercamiento de los niños a la poesía y a la escritura de ésta, porque cuando hablamos de la lengua oral no decimos el escucha, decimos el hablante. Y, sin embargo, cuando hablamos de la lengua escrita hablamos del lector. Nosotros tenemos que ser lectores y nadie nos impulsa a ser escritores. Si leer es un derecho, como se dice, escribir es un deber. Nosotros no vamos a escribir como Lorca o Darío, pero vamos a escribir como nosotros mismos y tenemos la obligación de dejar constancia de esa mirada, que no es ni más ni menos que las de ellos sino simplemente otra. |