Diez (posibles) razones para la tristeza. En 2009 cayó en mis manos la sencilla edición de esta obra de George Steiner (Fondo de Cultura Económica/Siruela). En 80 páginas, Steiner, el nada cómodo ni fácil Steiner, muestra los mundos paralelos que habitamos todos en eso que llamamos pensamiento. Se lee en la primera página:
Posiblemente existan muchas razones inmediatas para intuir o imaginar que el pensamiento y la capacidad de pensar no sean más que fundamento feliz de la existencia humana. Aun las categorías o sentencias que han clasificado a nuestra conciencia o al conocimiento bajo cuadrículas de buenos o malos pensamientos, apelan a la noción de que el pensamiento en sí es un proceso ajeno a la tristeza. Sin embargo, muchos pensadores —ya filósofos o ovelistas— aseguran que la existencia humana tiene como atributo fundamental e inevitable una tristeza: la del hombre moderno que siente una cierta melancolía por su ancestro primitivo, la de los expulsados del paraíso bíblico o bien la de los habitantes del universo, resultado de una inmensa explosión cósmica como elongación de una eterna saudade.
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