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La contingencia sanitaria, decretada por las autoridades de salud del gobierno federal, impactó en distintas ámbitos de la economía mexicana, pero no todas las consecuencias fueron visibles en un primer momento, como sucedió en la industria editorial.
En una encuesta realizada entre los miembros de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), pasado el primer semestre de 2009, se supo de un decremento en la producción de ejemplares de aproximadamente un 9 por ciento, respecto al mismo periodo del año anterior, lo que vino acompañado de un incremento del 10 por ciento en el costo de la producción de los libros.
El número de ejemplares vendidos se vio afectado en el primer semestre del año con un decremento del 9 por ciento en promedio, aunque en algunas editoriales la reducción alcanzó 50 por ciento de sus ventas.
Datos que muestran el estado del mundo del libro en México durante 2009, “un año durísimo”, en palabras del editor Diego Rabasa, “con recortes en los presupuestos de cultura, amén que las librerías recortaron sus niveles de compra y las editoriales sus planes de impresión”.
Al ofrecer un balance de lo sucedido en el año que termina, el director administrativo de la editorial Sexto Piso calificó como muy duro el periodo, en especial porque en México la lectura es una actividad suplementaria, marginal y el libro es un objeto de tercera o cuarta necesidad.
“A la vez pienso que estas situaciones se convierten en un revulsivo y a muchos de nosotros nos despiertan el ansia de búsqueda de canales alternativos al flujo tradicional, porque muchas veces uno se acostumbra a transitar el mismo camino.”
En este mismo sentido se manifestó el escritor Ignacio Padilla, quien está convencido de que las crisis se convierten en una oportunidad para que la gente adquiera más libros, debido a que hoy día resulta más caro ir al cine o al teatro con toda la familia.
“Contra mis expectativas, la gente sí está leyendo en periodo de crisis, lo que en México no es algo a lo que estemos acostumbrados, porque suele ocurrir que la gente deja de ir al cine, por ejemplo, pero para adquirir películas piratas para verlo en casa.”
El reconocimiento a Pacheco
Reza el dicho popular que “en gustos se rompen géneros”, lo que se demuestra al buscar el análisis desde una perspectiva más literaria: Diego Rabasa señala a títulos como Emilio, los chistes y la muerte, de Fabio Morábito; o El hombre sin cabeza, de Sergio González Rodríguez, entre los más importantes de 2009.
Mientras Ignacio Padilla se refiere a la trilogía de Mundo de tinta, de Cornelia Funke —publicada en español por el Fondo de Cultura Económica—, libros de “una escritora alemana que nos devuelve a la lengua española lo que ella aprendió, a través de Borges y de Michael Ende, de Cervantes”.
Consultada al respecto, Carmen Boullosa habla de los títulos El jardín devastado, de Jorge Volpi —por “el riesgo, la aventura de escritura en un libro que escapa a las fórmulas y tienta un territorio autónomo—; y Ni reír, de Bárbara Jacobs, publicado por Ditoria Ediciones —“escribir de la risa es un acierto; entre el diálogo, la irrupción, la memoria, lo inesperado, el libro consigue retratar la risa”.
Élmer Mendoza se decide por la más reciente novela de David Toscana, Los puentes de Könisberg, de la que llama su atención las mezclas que hace, las combinaciones temporales “la desaparición del espacio como un elemento importante dentro del discurso narrativo”.
Sin embargo, Hernán Lara Zavala se detiene en un poeta para definir como lo más importante de 2009 en la literatura mexicana: la concesión a José Emilio Pacheco del Premio Cervantes, el mismo año en que recibe el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía.
“Me parece un acto de justicia poética, de justicia divina, en el sentido de que en este momento entra al canon de la literatura hispanoamericana: la crítica española ha aceptado la presencia de José Emilio”.
2010 en los libros
• Los programas editoriales para el próximo año se terminan de confeccionar —aun cuando por lo menos el primer trimestre ya está definido—, si bien existe la posibilidad de que se viva un año temático, debido a las conmemoraciones por el bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución.
El escritor y editor Martín Solares alerta sobre un panorama que define como “pavoroso”: una verdadera inundación de libros y novelas que dicen celebrar el bicentenario y el centenario.
“Todos están buscando publicar la nueva biografía de los no muy admirables próceres que hemos tenido, la misma crónica revolcada de los mismos hechos, con las mismas fuentes, y comienzan a desdeñar la publicación de novelas, cuentos, ensayos y poemas de poéticas novedosas y plenamente literarias.”
Desde su perspectiva, para encontrar publicaciones de calidad habrá que recurrir a los libros de otros idiomas y países, pero también a las pequeñas editoriales nacionales que en medio de “ese negocio descarado y populista, que es el Bicentenario, no olvidan que su compromiso esencial es con el lector literario”. |