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Todo comenzó en la calle de Victoria, a unos pasos del famoso café La súper leche, en el que se daban cita las personalidades del momento. Justo en ese sitio, Armando Herrera (1913) instaló su estudio fotográfico, sin pensar que por ahí desfilarían los ídolos de México.
Sin proponérselo, desde que decidió ser fotógrafo como su padre, empezó a escribir parte de la historia de una época irrepetible, y que hoy se relata en el libro Armando Herrera. El fotógrafo de las estrellas, editado por el Fondo de Cultura Económica.
Héctor Herrera, quien coordina la obra editorial, cuenta que su padre rememora cómo a ese estudio llegaron por primera vez, aún sin la fama a cuestas, la sensual Yolanda Montes, Tongolele, y el mismísimo Germán Valdés, Tin-Tan.
Herrera no le hallaba el ángulo al Pachuco, hasta que le preguntó qué era lo que hacía; el cómico, sin pensarlo, actuó ante el fotógrafo, quien al ver el espectáculo, no sólo le tomó una serie de placas, sino que además le auguró un gran éxito.
Convertido en un documentalista gráfico, Armando Herrera entretejió las historias de los protagonistas de la época de oro del cine nacional.
Para él posaron Agustín Lara, quien fue el primero de los famosos en requerir sus servicios, además de Pedro Infante, María Félix, Mario Moreno Cantinflas, Jorge Negrete, Joaquín Pardavé y Silvia Pinal.
“Los artistas recurrieron a mi padre porque la fotografía era la única forma de promoverse entre los empresarios, era un medio para que la gente los viera y los ubicara constantemente, ya que ellos trabajaban sólo en radio, teatro y cine, pues en aquellos años la televisión no era tan popular. Entonces ellos regalaban sus fotos postales autografiadas.”
Ese tesoro documental, que se ofrece en este ejemplar, lo conforman fotografías tomadas por Herrera de 1934 a 1996.
Pablo Ortiz Monasterio seleccionó alrededor de 400 fotografías para incluirlas en este libro coordinado por el propio Héctor Herrera, con textos de los escritores Carlos Monsiváis y Fabrizio Mejía Madrid.
A sus 96 años de edad, el “fotógrafo de las estrellas” se encuentra cansado pero con mucha lucidez.
Todavía puede recrear aquellos momentos, en el año de 1934, cuando puso su primer estudio en el número 8 de la calle de Victoria, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
“Según me cuenta mi padre, era una vecindad. En ese lugar retrató al Flaco de oro. Aunque luego se cambió a un edificio en el número 6 en la misma calle, donde trabajó casi toda la vida, hasta que su amigo Mario Moreno le propuso que se mudara a un edificio que él tenía en Insurgentes y Coahuila.”
No importó que se alejara del Centro porque el dicho popular rezaba: “Si quieres ser famoso, que te retrate Herrera”.
No es fortuito que el archivo de Armando Herrera preserve 10 mil negativos, de los cuales 7 mil están perfectamente catalogados.
Tongolele, la más retratada
- Yolanda Montes asistía con frecuencia al estudio del fotógrafo para que le tomara fotos, a cambio de poco dinero. Un día llegó y Herrera se disculpó diciéndole: “No te puedo atender porque un amigo me apartó el estudio para una artista llamada Tongolele. Ella sonrió y le dijo: “Ésa soy yo”.
- Tongolele fue la artista más retratada por Armando Herrera. Al respecto, su hijo Héctor dice que en el archivo hay más de 2 mil negativos, que van desde 1949 hasta la actualidad. Por ello, la bailarina estará en la presentación del libro, el próximo 18 de marzo en el Centro Cultural Bella Época.
- La obra, editada por el Fondo de Cultura Económica, es resultado de seis años de trabajo de catalogación y selección. Tiene como antecedente una edición publicada en 1996, que fue comprada por el ingeniero Carlos Slim y por la empresa Kodak para regalarla a sus distribuidores.
- El libro Armando Herrera. El fotógrafo de las estrellas fue editado por el FCE. Además de ser un homenaje y un reconocimiento, es un reflejo del trabajo de este profesional de la lente, que sedujo a través de su cámara a las estrellas de la época, logrando reunir el mejor archivo que pueda existir de retratos de estudio del siglo XX.
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