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Armando Herrera (Ciudad de México, 1913) se dedicó durante 62 años a detener la vida. Entre 1934 y 1996 fotografió a Mario Moreno Cantinflas, a Agustín Lara, a Pedro Infante, a Germán Valdés Tin Tan, a María Félix, a Yolanda Montes Tongolele y a Lola Beltrán, cuyos retratos aparecen en el libro Armando Herrera. El fotógrafo de las estrellas (FCE).
El volumen ofrece la memoria fotográfica de un México entrañable que se quedó en blanco y negro, definió el escritor Jorge F. Hernández el jueves, durante la presentación de la obra.
Con la asistencia del cronista Carlos Monsiváis, la bailarina Tongolele, el ex director de la XEW Jaime Almeida y más de 300 personas, el acto realizado en el Centro Cultural Bella Época demostró por qué Herrera se ganó ese mote.
En un tiempo, era impensable ser una estrella en México si no se había posado para él, aseguró su hijo, Héctor Herrera, coordinador de la obra. Todo empezó cuando el acordeonista de la orquesta de Agustín Lara, Adolfo Suárez el Buster, fue en 1938 al estudio de Herrera para sacarse unas fotos. Después llegó Lara, le dio fama, y luego llegaron todos.
Herrera no sólo fue el autor de las fotos que inmortalizaron a las estrellas. También las conoció desde sus inicios. A Infante, cuando ni siquiera era cantante, sino presentador en un cabaret de Reforma; a Tin Tan, cuando era locutor de pluma en el sombrero y pantalón en las axilas, según le cuenta al escritor Fabrizio Mejía Madrid en una entrevista incluida en el libro.
Mire --dice señalando a sus fotografías de Agustín Lara, María Félix o Cantinflas--, son puros muertos.
Y sonríe victorioso.
No sólo le cuenta eso. También le dice: Pues a eso me dediqué siempre. A detener la vida.
Quien haya quedado fuera de su lente se quedó relegado, aseguró Carlos Monsiváis, autor del prólogo. El olvido es también un gran cementerio de negativos.
La obra es el registro de una época en donde la fotografía estaba muy cercana a la escritura o la pintura, señaló Almeida. Si en el retrato la mirada está hacia arriba, es porque es inocente la muchacha; si tiene la ceja levantada, es un macho; si tiene una sonrisota, debe ser un comediante; si está fumando, revela carácter y valor... Cada foto es un lenguaje, una historia.
El jueves por la noche, Armando Herrera, en silla de ruedas, inauguró además una muestra con 60 de sus fotos que permanecerá hasta la segunda semana de abril. Mientras, su hijo celebró el parto del libro.
Fue concebido hace seis años, dijo, nació en el seno del FCE por obra y gracia de Consuelo Sáizar, presidenta del Conaculta. El proceso de gestación estuvo al cuidado del editor Joaquín Díez-Canedo, fue bautizado y prologado por el Papa Monsiváis, su padrino fue Fabrizio Mejía Madrid y de inmediato creó una familia de 5 mil iguales, dijo, y provocó las carcajadas de los asistentes.
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