La investigadora e historiadora Eugenia Meyer en su libro Imprevisibles historias, compila 27 ensayos poco conocidos de Edmundo O’Gorman, en los cuales revoluciona el pensamiento de la historiografía nacional.
Se trata de un homenaje al pensamiento y la obra de quien consideró a la historia como prima hermana de la narrativa literaria, consignándola al taburete de los acusados para ser repensada y reescrita, ya que no hay historia terminada, indicó la autora.
Editado por el Fondo de Cultura Económica y la UNAM, Imprevisibles historias recupera las ideas de Edmundo O’Gorman, considerado por la investigadora como la figura más importante de la historiografía mexicana de la segunda mitad del siglo XX. “O’Gorman tuvo muchas virtudes, pero las más importante fue su habilidad para leer documentos, exprimir su contenido y elaborar un trabajo de análisis e interpretación de forma atinada”, consideró la también autora de Los tiempos mexicanos de Max Aub.
La ex alumna de O’Gorman señaló que en este libro no quiso integrar las grandes obras del historiador, como La invención de América, Crisis y porvenir de la ciencia histórica, Fundamentos de la historia de América, y México el trauma de su historia, sino retomar los materiales extraviados e inaccesibles para su relectura.
En entrevista, Eugenia Meyer explicó que O’Gorman ha trascendido por tres consideraciones esenciales: que la historia no es objetiva, como se pretendió estipular en su momento, somos parciales desde el momento en que elegimos un tema para estudiar; además, trazó un puntual vínculo entre historia y filosofía; y por considerar que la historia debe estar permanentemente en el taburete del acusado, invitando a repensarla y reescribirla. “Él decía que no hay historia terminada porque está en permanente construcción”, señaló.
O’Gorman gustaba de meterse en la cabeza a los cronistas y los historiadores de otras épocas. “Y siempre manifestó un profundo desprecio por los historiadores de su generación que hacían esa historia de datitos, con fechas, que carece de análisis e interpretación”, recordó.
En Imprevisibles historias, O’Gorman muestra al hombre que era Miguel Hidalgo y Costilla, más allá del personaje de bronce que la historia se empeña en mostrarnos; muestra la grandeza del padre Fray Bartolomé de las Casas; recuperó a Fray Toribio de Motolinía, y dignificó al sujeto histórico, valiente y contradictorio que fue Fray Servando Teresa de Mier, detalló.
Y uno de los ensayos más reveladores que contiene este libro es Fantasmas en la narrativa historiográfica (1991), donde O’Gorman dejó lo que se hoy se considera su testamento.
“Quiero una imprevisible historia como lo es el curso de nuestras mortales vidas; una historia susceptible de sorpresas y accidentes, de venturas y desventuras; una historia tejida de sucesos que, así como acontecieron, pudieron no acontecer… una historia-arte, cercana a su prima hermana la narrativa literaria; una historia de atrevidos vuelos y siempre en vilo como nuestros amores...”, se lee en el capítulo que escribió cuatro años antes de fallecer y sirve de colofón a Imprevisibles historias.
Pero también decía que “la imaginación debía participar al momento de interpretar la historia”. Sin embargo, Meyer aclara el sentido de estas palabras: “Cuando él refiere la imaginación no se trata de inventar, sino de buscar nuevas fuentes de información, porque O’Gorman siempre fue un provocador”.
Por último, señaló que otra faceta interesante de O’Gorman fue la de docente, donde formó historiadores, como Jorge Alberto Manrique, Eduardo Blanquel, Josefina Zoraida Vázquez y Eduardo Matute, entre otros. |