Era la víspera del matrimonio entre María Félix y Jorge Negrete. El fotógrafo Armando Herrera tenía la misión de imprimirle las placas previas a Félix, La Doña. El profesional de la lente comenzó a acomodar las luces y a sugerir posturas. Entonces empezó a escuchar reclamos de que esa luz no le iba o que el ángulo no era el mejor.
Cuando la actriz dijo que la habían retratado los mejores fotógrafos del mundo, Armando Herrera decidió retirarse.
Pero en la puerta fue detenido. Cuando regresó, María Félix ya lo esperaba con una enorme sonrisa.
Esta y muchas otras anécdotas con actores de la llamada época del oro del cine mexicano, así como decenas de placas inéditas, forman parte del libro El fotógrafo de las estrellas, que fue publicado por el Fondo de Cultura Económica.
También hay retratos, entre otros, de la clase política, siendo el caso de Miguel Alemán Valdés, el escritor y cronista Salvador Novo y la compositora internacional Consuelito Velázquez.
Estudió en el Colegio Militar hasta que un día descubrió que su vida era estar con el dedo en el obturador.
Padre de la actriz Norma Herrera, don Armando fue el primero en tomarle una película a un entonces desconocido; Mario Moreno “Cantinflas”, quien a su vez lo apoyó para levantar su estudio de fotografía.
“Me pidió que le hiciera unas fotos en un festival taurino a finales de los treinta. Y yo me dije ¿fotos? Pero si se va a estar moviendo (...) Así que llegué con una cámara de cine y lo filmé.
Luego le mostré la película con él saltando casi con los pantalones bajados, cayéndose, y también leyendo el periódico sobre un toro echado. Ahí fue cuando a él se le vino la idea de hacer cine a partir de sus rutinas de carpa”, cuenta Herrera.
La anécdota revela el origen de una de las ideas que más contribuyeron a la comedia mexicana del siglo XX porque Cantinflas siempre sostuvo en entrevistas que él toreaba en serio. Ahora Herrera revela que fue en su filme donde descubrió que ese “toreo en serio” podía convertirse en rutina cómica.
Y agrega: “Un día Mario me dijo que yo debería tener un estudio grande y me ofreció un piso de un edificio que él había comprado en Insurgentes”. Herrera se mudó al lugar. |