Es asombroso estar aquí, dijo Alejandro Rossi (Florencia, Italia, 1932 - México, Distrito Federal, 2009) al comenzar su discurso de ingreso a El Colegio Nacional el 22 de febrero de 1996. Fue ayer, catorce años después, que en ese mismo auditorio el historiador Enrique Krauze retomó esta frase para lamentar: Es asombroso estar aquí. Estar aquí sin Alejandro Rossi.
El fundador de la Editorial Clío y el filósofo Luis Villoro participaron en el homenaje póstumo que El Colegio Nacional realizó en honor al autor de origen italiano, quien falleció el 5 de junio del año pasado y al que describieron como un latinoamericano paradigmático, exiliado de su país, que hizo su patria en el lenguaje.
Durante la ceremonia, en la que estuvieron presentes el arquitecto Teodoro González de León; el artista visual Vicente Rojo, y el ex rector de la UNAM, José Sarukhán, entre otras personalidades, Krauze y Villoro evocaron sentidamente al autor de Lenguaje y significado y Manual del distraído [FCE] y destacaron su habilidad para relacionar la filosofía con la literatura.
Krauze precisó que Rossi tuvo una derivación absolutamente lograda y originalísima de la filosofía hacia la literatura. Esto tuvo su origen al cumplir 40 años, cuando empezó a publicar en la revista Diálogos de Ramón Xirau y más tarde en Plural, de Octavio Paz, una serie de relatos sorprendentes que se titularon Manual del distraído.
En aquellos textos de literatura filosofante, puntualizó, los lectores identificaron de inmediato la aparición de una voz única, puesto que cada relato era una lenta, cuidadosa e irónica decantación de experiencias, sujetos, personas, lugares, atmósferas, lecturas e ideas.
La urdimbre callada e invisible de la vida diaria, al fin revelada, dijo el autor de Biografía del poder y El poder y el delirio, quien mantuvo con el filósofo una amistad de 33 años.
Rossi siguió a la perfección a Pedro Henríquez Ureña, quien solía aconsejar el uso de un sólo adjetivo, justo y pertinente, y no sólo eso, sino que hilvanó formas nuevas de nombrar a las cosas.
Su escritura, aclaró Krauze, no era sólo un ornamento, sino una actitud ante el mundo, ya que en su alma luchaban dos campos magnéticos: la imaginación y la crítica.
Con él coincidió Villoro, quien subrayó que su obra obedece tanto a la reflexión racional de la filosofía como a la belleza de la literatura.
El acto finalizó con la presentación de un fragmento del documental realizado por Paulina Lavista, dentro de la serie de Creadores Eméritos producida por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, así como con la develación de un retrato realizado por el artista Arnaldo Coen.
Así lo dijo
Alejandro Rossi, que había seguido una filosofía rigurosa, se abrió y buscó la belleza en la expresión, creando otra forma de pensar: una filosofía sin límites. Luis Villoro. Filósofo.
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