Lorenzo Córdova Vianello Derecho y poder. Kelsen y Schmitt frente afrente Prólogo Michelangelo Bovero FCE/Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM México, 2009
Una aproximación pedagógica a dos sistemas de pensamiento complejos, realizada con una enorme pulcritud intelectual siguiendo los pasos lógicos de Kelsen y Schmitt, es lo que Lorenzo Córdova nos ofrece en Derecho y poder.
Se trata de dos autores mayores que han marcado los debates contemporáneos en relación al Estado, el derecho, las formas de gobierno y el poder. Pero además, como desde el prólogo de Michelangelo Bovero subraya, las grandes construcciones conceptuales nunca son anodinas, ya que intentan dar sentido a la realidad y guían discursos y conductas. Y los dos autores analizados por Córdova, más allá de si son o no clásicos, han sido una fuente ineludible de inspiración intelectual y política, y deberían también ser un dique contra ocurrencias de todo tipo.
Si en el terreno descriptivo ambos autores pueden ser vistos como dos caras de una misma moneda –como lo señaló Bobbio-, en el espacio de las prescripciones encarnan dos modelos antitéticos: la preeminencia del derecho sobre el poder (Kelsen) o del poder sobre el derecho (Schmitt), de la democracia o de la autocracia.
Creo que las nociones de ambos pueden ser revisadas también – como lo hace Córdova- a partir de la concepción que tienen de la sociedad: un espacio en el que de manera natural se reproduce una pluralidad de pulsiones, ideas, intereses, ideología, o una entidad orgánica donde habita un pueblo sin fisuras.
Mientras Kelsen desea ofrecer un cruce para la reproducción y convivencia de la pluralidad, Schmitt quiere preservar una unidad monolítica que se ve trastornada por la existencia de partidos y grupos de interés. Mientras el primero busca edificar un régimen de gobierno que permita la coexistencia y el acuerdo entre las posiciones diversas, el segundo intenta que el pueblo se exprese como una sola voz a través de la voluntad de un líder.
Escribe Lorenzo Córdova glosando a Schmitt: “en su inmediata existencia, un pueblo es capaz de actuar políticamente como una totalidad indivisible; en este caso, la mera presencia del pueblo expresa su unidad política (identidad). Por el otro lado, la unidad del pueblo es obtenida propiamente a través de la mediación de aquellos que la representan en las instituciones públicas” (representación) (página 253).
Así, un pueblo como entidad identificable, como masa compacta, como voluntad única, reclama no el pluralismo ni conductos para la expresión de las diferencias, sino un liderazgo capaz de representarlo como una sola voz. Y no deja de ser paradójico que el mismo hombre que plantea las relaciones internacionales en términos de amigos y enemigos –única forma para lograr la identidad de un pueblo, a decir de Schmitt- quiera ver a cada pueblo como un bloque. Si en la esfera internacional “el acto eminentemente político para Schmitt consiste en establecer quién es el enemigo… porque (eso) constituye la verdadera decisión política”, cuando habla de las formas de gobierno “crítica al parlamentarismo liberal-democrático… porque la dialéctica entre diferentes posiciones políticas anula… la posibilidad misma de una auténtica decisión política”. “La verdadera decisión es la que es tomada por un jefe, en el cual el pueblo confía y que se presenta como expresión y guía de este último” (página 47).
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