Téllez Vargas, leyenda del periodismo urbano
Por Jesús Alejo
  • Recuperan su pasión por la crónica policíaca
  • El Güero Téllez ¡Reportero de policía!, homenaje a la ciudad que le tocó vivir

Su nombre: Eduardo Téllez Vargas. Su vocación: el periodismo. Su pasión: la calle como el escenario de las virtudes y defectos de los seres humanos. Entre los años 30 y los 60 del siglo XX, las páginas de la crónica policiaca tuvieron entre sus filas al Güero Téllez, “una de las grandes leyendas del periodismo”.

Un nombre y una figura que corresponden a toda una época del periodismo en México, a decir de José Ramón Garmabella, cuando el reportero, o el cronista, “no se circunscribía al boletín de prensa, sino incluso hacía investigaciones por su propia cuenta”.

A fin de recuperar al personaje y a su obra, a través de un diálogo que permite el acercamiento a los entretelones de los casos que le tocó investigar, Garmabella preparó el libro El Güero Téllez ¡Reportero de policía!, reeditado bajo el sello DeBolsillo, resultado de largas conversaciones entre ambos y, sobre todo, de la gran cantidad de anécdotas recogidas a lo largo de dicho diálogo.

“Quizá vivió la mayor anécdota de un reportero mexicano: cuando entró, con el atuendo médico, al quirófano de la Cruz Verde y presenció la operación que le practicaron a Leon Trostky luego del atentado que lo mató. Tan sólo eso lo hace un personaje fascinante”, dice Garmabella en entrevista.

Su relación con Eduardo Téllez surgió a principios de 1970, cuando él apenas comenzaba su carrera como periodista. Sin embargo, prácticamente desde aquellos días le surgió el interés por rendirle homenaje mediante la revisión de algunos de los casos más importantes que le tocó cubrir en la fuente policiaca.

“Más que nada buscaba la evocación del personaje, en algunos momentos auxiliado por la hemeroteca y, en ocasiones, por el álbum que él guardaba de sus crónicas. Lo que hicimos ante todo fue una selección de casos. A partir de las conversaciones, me interesaba conocer los entretelones de cada historia, contados por un espectador de primera fila y, en ocasiones, protagonista, lo que finalmente le daba validez a la historia.”

De alguna manera, José Ramón Garmabella no sólo quiso rendir un homenaje al reportero, sino también a la ciudad que le tocó vivir, convencido de que no se puede escribir la historia de una urbe, si antes no se le dedica un capítulo a su historia criminológica: “los crímenes marcan a las ciudades”.

“El Güero fue un reportero de los pies a la cabeza: un hombre que dedicó toda su vida al periodismo, que fue protagonista de una parte muy importante de la historia de la Ciudad de México.”

Sin miedo

La reedición de El Güero Téllez ¡Reportero de policía! se da en el marco de los festejos de José Ramón Garmabella por sus 40 años de labor periodística, con ciertos cambios con respecto a la primera versión del libro: una selección más exhaustiva de los casos, material gráfico que en la primera edición no existía y lo que el autor define como un juego.

Le interesaba “ver qué destino habían tenido la mayoría de los protagonistas, y pude averiguar qué había sido del 95 por ciento de ellos, además de contar con un epígrafe en el que comento mis recuerdos de cada caso.”

Al evocar las charlas con El Güero Téllez, Garmabella señala que la personalidad de los delincuentes resultaba lo más importante de su aproximación a cada caso: cómo eran, cómo reaccionaban, porque había delincuentes de toda índole, desde el frío y calculador, hasta el que resultaba simpático o el que se intentaba hacer pasar por demente.

“Como reportero de policía sí dejó de conmoverse, de sentir miedo. Después de tantos años, llegó el momento en que los veía de la manera más natural: decía que la página de policía no era sino la crónica de sociales del proletariado, para lo cual no le faltaba razón.”

El caso de Isidro Cortés, quien mató a su mujer y a sus dos hijos recién nacidos, fue uno de los que más llamaron la atención del reportero, al grado que llegó a comentar que le dieron ganas de golpearlo, luego de ver los cadáveres de los niños.

“Me interesaba hacerle una especie de homenaje. Los periodistas de prensa escrita son poco reconocidos, sobre todo ahora que está la gran invasión de los medios electrónicos. Quedan en el olvido, pero me parece que él merecía un reconocimiento de este tipo”, concluye Garmabella.

Fuente: Milenio Diario / México
Sábado, 12 de julio de 2008