Con humor y crítica despiadada analizó el papel de la Iglesia y el Estado.
Pocos dramaturgos mexicanos enfrentaron la intolerancia durante la escenificación de sus obras como el sinaloense Óscar Liera (Culiacán, Sinaloa 1946-1990). Cúcara y Mácara, quizá la más polémica, es una crítica acerca de las actitudes de algunos representantes de la Iglesia católica.
El investigador teatral Armando Partida recuerda que cuando se estrenó en Xalapa (a mediados de la década de los 80 del siglo XX) hubo una manifestación en contra de la obra, impulsada por las propias autoridades eclesiásticas. “Lo mismo sucedió durante una gira por Baja California, aunque quizá lo que más se recuerda es el linchamiento que se produjo en una de sus presentaciones en el teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM.
“Se trata de una historia que coincide mucho con el estado de cosas actuales, en donde la reacción, el conservadurismo, sobre todo proveniente de las instituciones religiosas, tienen una marcada presencia en la vida cotidiana.”
De ahí la importancia de reunir en un volumen un acercamiento representativo a la dramaturgia del sinaloense, bajo el título de Teatro escogido de Óscar Liera (FCE, 2008), compilado por Armando Partida.
Autor de 36 obras de teatro, Óscar Liera —su nombre real fue Jesús Óscar Cabanillas Flores— es considerado de los creadores escénicos más importantes de México de la segunda mitad del siglo XX, gracias a obras en las que hace uso del humor y la crítica despiadada contra la Iglesia y el Estado.
“Su dramaturgia goza de buena salud. En muchos de los estados, en especial del norte del país, encontramos a gente que hace un teatro comprometido con el público, que responde a sus expectativas, siendo fundamental para ellos la presencia de la dramaturgia de Liera.”
De acuerdo con el investigador, Óscar Liera logra la recuperación del imaginario regional y consigue establecer estilísticamente lenguajes que son determinantes, con lo cual se identifican muchas regiones de la República. “El teatro relacionado con las leyendas regionales también alcanza un discurso del habla, hay una recuperación de los mitos, de las leyendas, de los giros lingüísticos y los dichos, lo que le da una particularidad muy específica”.
A lo anterior habría que sumar que varias de sus obras son breves y no presentan grandes exigencias para su escenificación. Por ello despiertan mucho interés entre compañías teatrales universitarias o amateurs.
Visión social
Armando Partida, autor de títulos como La vanguardia teatral en México o el volumen doble Se buscan dramaturgos, explica que Óscar Liera pertenece a una generación de autores —entre los que ubica a Víctor Hugo Rascón Banda, Jesús González Dávila o Sabina Berman— muy comprometidos con el medio social, que “piensan que el teatro tenía una misión por cumplir”.
“Aunque no son de la misma generación, en ellos existe una conciencia por hacer un teatro estrechamente relacionado con la realidad, una dramaturgia con una intencionalidad social que a los dramaturgos de las siguientes generaciones no les va a interesar. Su posición siempre fue abiertamente contestataria y todo eso logró verterlo a través de su obra dramática, al tiempo de dejar constancia del tiempo que vivió y sus problemas sociales.”
La temática de su teatro tiene la característica de estar sostenida sólidamente por una arquitectura teatral que se corresponde con el tema o la preocupación ideológica que tenía en ese momento, explica Partida. “Si tomamos obras como El camino rojo a Sabaiba encontramos una gran metáfora sobre la cultura del noroeste a partir del siglo XVII, con múltiples referencias de carácter cultural, pero en el trasfondo hacía una gran metáfora del gobierno de Antonio Toledo Corro en Sinaloa, aun cuando éste ya había terminado su administración”.
En Teatro escogido de Óscar Liera se recopila lo más destacado de su creación, como El jinete de la Divina Providencia, Los camaleones, La fuerza del hombre, Aquí no pasa nada, Bajo el silencio y Los negros pájaros del adiós.
No se pudo editar su teatro completo, a decir de Armando Partida, porque la dramaturgia del sinaloense se ha publicado en el país, en un primer momento en revistas. La mayoría de las ediciones corrieron por cuenta de autoridades de Sinaloa y no lograron salir de la entidad, como los grandes volúmenes con su teatro completo, editado por el gobierno de aquella entidad a iniciativa de Élmer Mendoza, que tuvieron un tiraje de apenas mil ejemplares.
|