| GUILLERMO ARREOLA, ENTRE LA PLUMA Y EL PINCEL |
| Por Jesús Alejo |
Se siente más cercano a la pintura que a la literatura, aun cuando en todo momento busca que se compenetren esas dos miradas artísticas. Guillermo Arreola se muestra convencido de que las artes plásticas son una experiencia absoluta, mientras que la escritura se desarrolla en un territorio delimitado. Dentro del proceso creativo hay elementos que se pueden realizar de manera compartida -porque, asegura, entre todas las disciplinas artísticas siempre hay una relación-, pero siempre queda la manera de vincularse con esa manifestación y, ahí, por lo menos en su caso, la pintura lleva la delantera. "Me resulta muy difícil hablar de pintura en relación con el lenguaje, porque para mí la pintura es una experiencia absoluta, en el sentido de colaboración íntegra del cuerpo, mientras la escritura requiere más del intelecto, del orden del lenguaje. Aunque sí tengo claro cuáles son los territorios de cada una." En la pintura está presente de forma muy clara la intuición. Se puede planear, como en la escritura, el problema es que los propios materiales de un cuadro te llevan por caminos impredecibles: pareciera que ya tienes el cascarón y resulta que las cosas no son como las habías pensado. El deseo como motor No tanto un mundo es el título de la exposición de Guillermo Arreola, albergada por las Galerías del Bosque y Nacho López de la Casa del Lago Juan José Arreola, donde se reflejan sus búsquedas como artista plástico. "Tengo una gran proclividad a la experimentación; en un principio podría parecer que no, porque soy autodidacta. Me he ido más por la búsqueda estética, no me gusta predisponerme temáticamente y las ocasiones en que ha surgido un plan no es tanto por el tema, sino por el color o las texturas: el deseo de plasmar una textura que ves en la calle, la diferencia de colores o de la intensidad de la luz." Arreola reconoce la creación en la pintura como un acto lleno de placer donde se busca, pero también con la conciencia de que no se va a llegar a algo concreto, porque en ese momento se termina la búsqueda, en un hecho contradictorio, que ha aprendido a sobrellevar: "Todo esto tiene que ver con el deseo: tienes un deseo, lo concretas y debes inventarte otro." La muestra se integra con 29 piezas, 15 de ellas de formato pequeño, cuyo soporte son placas radiográficas, como parte de la experimentación estética del artista. "Es la búsqueda con los soportes y las superficies, lo que resultó muy interesante en términos de procesamiento en su relación con la tela. La placa radiográfica me da la posibilidad de involucrar el cuerpo completo. Para elaborar una obra más grande tendría que levantarme y moverme y hacer cálculos muy precisos sobre los espesores de la pintura, para que tenga la misma uniformidad", explica. Arreola no tiene prisa porque la crítica o los espectadores identifiquen un estilo en su trabajo, si bien asevera que se trata de una propuesta ecléctica. "De alguna manera, la plástica no tiene mucho que ver con la pintura que se produce en México, con una tradición mexicana. Se podría pensar que es abstracción, pero ahora vivo un momento en el cual no estoy tan seguro que sea absolutamente abstracta." El poder de la palabra Caso contrario a lo que le sucede con la literatura. El Fondo de Cultura Económica acaba de sacar al mercado la novela La venganza de los pájaros, donde se nota cierta influencia de las letras mexicanas. "No soy un lector que dedique un gran número de horas a la lectura, precisamente porque tengo que compartir las dos actividades, pero creo que lo que sucede en la literatura mexicana actual es que hay un condicionamiento cultural o intelectual de que debes escribir libros inteligentes. Lo único que quería es volver a lo que, para mí, es la esencia de la literatura: contar." Para ello, Guillermo Arreola apuesta por volver la mirada hacia los pueblos con la intención de recuperar a la memoria como generadora de historias, convencido de que los mejores relatos que ha leído vienen de lugares apartados, de las comunidades, no precisamente de las grandes ciudades. "El libro también es una forma de salvaguardarte frente a la conciencia centralista, con la cual sí estoy en constante conflicto: digo no al centralismo, pero vivo así. Algunas personas me han comentado que la novela está cerca del realismo mágico, algo que me llama la atención porque como escritor no me interesa." En una parte de La venganza de los pájaros aparece Juan Preciado, personaje de Pedro Páramo, cuya presencia, dice, tiene que ver con un asunto más relacionado con la física cuántica: "con las realidades paralelas, pues yo me preguntaba qué podía pasar si eso se aplica en la literatura. "El hecho de que aparezca un teléfono celular, en 1969, no es realismo mágico sino un fenómeno de la física cuántica. Sí hay fantasmas, pero se trata de una invención conciente, donde se quiere mostrar el poder de la imaginación, el poder de la palabra." |
Fuente: Milenio Diario / 41 / MÉXICO Jueves, 03 de agosto de 2006 |
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