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Nota publicada el miércoles, 25 de marzo de 2009

Reactivando a Estados Unidos
Por: Manuel Sánchez

La recuperación económica de Estados Unidos depende más del restablecimiento del sistema financiero que del proyecto fiscal.

En febrero pasado, el Congreso de ese país aprobó un paquete de estímulo por 787 mil millones de dólares que incorpora aumentos de gasto público y, en menor medida, alivios impositivos.

La justificación de las mayores erogaciones gubernamentales tiene su origen en las teorías del economista británico del siglo pasado John Maynard Keynes, quien identificaba la causa de las recesiones con una insuficiente demanda agregada.

El supuesto central es que el gasto público, financiado con déficit, tiene un efecto multiplicador porque genera aumentos sucesivos en la absorción de bienes y servicios y el empleo.

Este diagnóstico sirvió de base de los programas de Estados Unidos para intentar combatir la Gran Depresión y las recesiones siguientes en esa y otras naciones.

No obstante, especialmente desde finales de los años 60 del Siglo 20, la investigación de los efectos limitados de los desembolsos oficiales sobre la economía redujo su atractivo como recomendación.

En particular, el mayor gasto público puede impulsar poco el gasto privado, por ejemplo, si la emisión de deuda para financiarlo presiona al alza de las tasas de interés reales encareciendo el consumo y la inversión.

Cuando las erogaciones gubernamentales resultan en una disminución neta del gasto privado, el multiplicador keynesiano es menor a uno, convirtiéndose en un atenuador del producto.

No existe un consenso entre los economistas sobre el tamaño esperable de este coeficiente en el nuevo programa. Sin embargo, la mayoría de las estimaciones históricas revela un bajo valor.

Por ejemplo, el economista Robert Barro ha calculado que el impulso superior ha ocurrido en periodos bélicos, cuando el multiplicador ha sido aproximadamente 0.8 y el resto del tiempo ha resultado casi nulo. Otros estudios han descubierto que este parámetro es negativo por la expectativa de impuestos futuros.

Además, las características del actual paquete invitan a la cautela. Se aplicará con un sistema financiero débil e incluye erogaciones con escaso efecto inmediato, como el apoyo a fuentes alternativas de energía, y otras donde el Gobierno puede desplazar a los particulares, como en salud y telecomunicaciones, con desempleo exiguo y especialización laboral.

Los recortes tributarios difícilmente se traducirán a gasto, ya que, al percibirse como temporales, la gente preferirá ahorrarlos o pagar deuda.

Hay alternativas más promisorias. Por una parte, una reducción permanente de las tasas marginales del impuesto sobre la renta ejercería un impacto favorable sobre el crecimiento económico, si bien el nuevo Gobierno planea aumentarlas a partir de 2011.

Por otra, aun cuando las tasas de interés de referencia han llegado a niveles cercanos a cero, situación descrita por Keynes como de inefectividad de la política monetaria, ésta puede impulsar el gasto de los particulares expandiendo el dinero en circulación. El Banco de la Reserva Federal ha perseguido este objetivo mediante cuantiosas compras y financiamiento de valores del sector privado.

Sin duda, el desafío más urgente para la reactivación productiva es el saneamiento del sistema financiero. Permanecen las dudas sobre el valor de los activos y las necesidades de capital de los bancos, lo que impide el regreso firme a la operación crediticia.

El programa de inversión público-privada para la compra de préstamos bancarios y valores relacionados con bienes raíces mediante mecanismos de mercado, anunciado esta semana, ofrece una salida, si bien la posible participación en el mismo es incierta.

La lentitud en reestructurar el sistema bancario puede propiciar, en el extremo, un estancamiento económico, como en Japón en la última década del siglo pasado.

Dos riesgos adicionales deben considerarse. El primero surgiría si la recesión se prolonga y el Gobierno busca otros aumentos significativos de sus erogaciones, lo que podría vulnerar la confianza del público en la sostenibilidad de la estrategia y dificultar la reanimación de la economía.

El segundo es que se recurra a medidas contraproducentes, entre las que destaca el proteccionismo. Una señal negativa son las cláusulas de compra lo americano presentes de forma suavizada en el paquete de estímulo. Las disposiciones contra el comercio internacional inhibirían la recuperación mundial.

Finalmente, México debería aprender de las limitaciones de las medidas de corto plazo, para mantener los avances estructurales y realizar la tarea pendiente de la estabilidad de los precios. Asimismo, le convendría aprovechar los tiempos difíciles para impulsar reformas que eliminen las trabas a la inversión y permitan aumentar la productividad.


Manuel Sánchez González es doctor en economía por la Universidad de Chicago y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006). Las opiniones aquí expresadas son enteramente su responsabilidad. manuelsanchez01@hotmail.com

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Fuente: Reforma / México / Versión para imprimir