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Nota publicada el lunes, 13 de julio de 2009

Tipografía
Por: Raúl Olvera Mijares

Los elementos del estilo tipográfico,
Robert Bringhurst,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2008.

El libro en tanto tal, considerado como objeto de cultura y a la vez obra técnica, con una historia y una fisiología propias, se convierte en el eje temático de una colección relativamente nueva del Fondo de Cultura Económica, Libros sobre Libros. Varios volúmenes han aparecido y se tiene en proyecto otros tantos, aunque ninguno tan señero y fundamental como Los elementos del estilo tipográfico, que evoca la memoria de otra obra indispensable de la autoría de Roberto Zavala Ruiz, El libro y sus orillas, caballo de batalla y bastión de la Biblioteca del Editor, auspiciada por la UNAM.

Con frecuencia se desdeña o menosprecia la labor del editor, el tipógrafo y el revisor técnico de libros, confundiéndosela con ese afán de oficiosidad administrativa, protagonismo ante los medios y lobbying en cocteles, prácticas comunes de los llamados publishers o editores de cuello blanco, ésos que velan por los grandes intereses de las casas editoras y ahuyentan a quienes no exhiben un nombre hecho como garantía de venta. En su veneración casi fetichista por la imagen publicitaria, la información rápida y carente de peso, estos profesionales del libro contrastan de manera aguda con el verdadero editor, especie en peligro de extinción, aquel que conoce a cabalidad su oficio milenario, que como escritura a mano iniciara en civilizaciones tan remotas como Sumeria, Egipto o Grecia.

El autor de The Elements of Typographic Style (Hartley & Marks, Vancouver, 2002), el tipógrafo y humanista Robert Bringhurst, se propuso aderezar una obra a la vez histórica y sistemática, buena para el hombre culto en general y para el experto en diseño de libros. Para el lector común el reto consiste en lidiar con una serie de conceptos técnicos, que lo llevarán a terrenos propios de las artes gráficas, las proporciones y la matemática. Para el diseñador será la historia un franco desafío con promesa de enriquecimiento, con el trasfondo predominantemente humanista que el autor pretendió ofrecer como contexto.

A lo largo del volumen se abordan cuestiones menos humanísticas, como la medida de la caja de texto, la colocación de las cabezas y cabecillas de descanso, la armonía de la página y el libro (calculada según proporción áurea), los caracteres especiales con acentos diacríticos y otros símbolos de las distintas lenguas del mundo, las ligaduras o espacios más reducidos entre letras que forman unidades visuales y fonéticas, en fin, todas esas sutilezas que hacen la diferencia entre un mamotreto con letras y un verdadero libro, obra orgánica, expresiva, casi un ente vivo.

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Fuente: La Jornada semanal / México / Versión para imprimir