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Nota publicada el miércoles, 2 de diciembre de 2009

Funke revisita los clásicos infantiles
Por: Virginia Bautista

Jacobo Temerario, el protagonista de la nueva historia que prepara la escritora Cornelia Funke, encuentra el castillo de la Bella Durmiente, “pero convertido en una ruina y se percata de que el príncipe nunca llegó”. También se topa con la casa hecha de galletas y la zapatilla de cristal de Cenicienta; pero él mismo tiene cosas mágicas, como el cabello de Rapunzel, que utiliza como soga.

La narradora alemana, quien visitó por primera vez el país para promover Muerte de tinta [FCE], título que cierra su trilogía Mundo de tinta, detalla en entrevista que ahora trabaja en una propuesta, tal vez otra saga, inspirada en los cuentos de los famosos hermanos Grimm; pero que, a diferencia de la mencionada trilogía, que transcurre en la Edad Media, esta trama se desarrolla en el siglo XIX.

La autora de literatura infantil y juvenil confiesa que estos relatos nutrieron su imaginación cuando era niña, pero que les teme porque son muy crueles. “Admito que no puedo crear personajes de una manera tan cruel como ellos. La idea es desmitificarlos, darles la vuelta y mostrar la otra cara. Con esto pago una especie de deuda pendiente con los hermanos Grimm, que me introdujeron a mundos mágicos”.

Añade que el primer libro está listo y que ya tiene ideas para el segundo. “Pero no quiero saber cómo acaba todo, porque si no sería aburrido mi trabajo. Me gusta explorar el misterio”, apunta la autora de libros como Cuando Santa cayó del cielo y El jinete del dragón, cuya obra está publicada en México por el Fondo de Cultura Económica.

La pedagoga e ilustradora de 51 años admite que los vampiros y los duendes se han vuelto a poner de moda, pero que siempre han estado presentes a lo largo de la Historia. “Los duendes, vampiros y hadas fomentan nuestra fantasía, hacen algo en nosotros que nos motiva a soñar. Siempre fueron seres muy aptos para despertar ideas, por eso me gusta que aparezcan en mis relatos. Con las palabras se puede hacer magia para encantar a los niños”.

Señala que cuando escribe no piensa en ningún lector en especial y crea con plena libertad. “Los niños no exigen nada, pero lo quieren todo. No tengo la menor idea de dónde me vienen las historias, sólo sé que llegan a mí. Todo lo que veo, siento y huelo diario fomenta estas ideas”.

Funke piensa que el mercado de la literatura infantil y juvenil es bueno, pues hay lectores numerosos y muy buenos autores. “En México y en Latinoamérica se vive una gran efervescencia. No conozco la producción de la región, pero me

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Fuente: Excélsior / México / Versión para imprimir