tienda

Nota publicada el sábado, 16 de octubre de 2010

De la cosa política
Por: Amando de Miguel

José María Navia-Osorio comenta lo del premio Nobel a nuestro Vargas Llosa. Para mí que han tardado tantos años en reconocerle ese mérito porque la sociedad sueca seguía tonteando con el progresismo. Ahora que los suecos han madurado y se han hecho casi liberales, es el momento de desempolvar el expediente de Varguitas.

Don José María me comenta algunos incidentes de la huelga general (que no fue ninguna de las dos cosas) en Oviedo. Por ejemplo, me da la pista de una buena idea de los piquetes (buena, desde el punto de vista de los sindicalistas): basta con impedir el trabajo de los cerrajeros. Así, las puertas con silicona no se pueden abrir. Mi opinión es que la huelga fue un fracaso porque los dirigentes sindicalistas no expulsaron de sus organizaciones a los liberados violentos. En cuyo caso, esos dirigentes deberían dimitir. No lo harán. Forman parte del binomio del encomio y del momio.

Miguel Ángel Guardado (que comparte mi devoción por Pío Baroja) me pide un consejo sobre una buena historia de las ideas políticas. No sé si me corresponde atender esa petición, dado que la Universidad española considera que ya estoy jubilado. En su día yo di el Sabine, pero supongo que será un libro anticuado. Hay una excelente Enciclopedia de la Política, de Rodrigo Borja (Fondo de Cultura Económica). Pero lo mejor es ir directamente a los clásicos, que no son muchos y los extranjeros están todos traducidos.

José Alberto Torrijos Tejedor promueve la idea de elevar la edad mínima para poder votar: los 25 años. Supongo que su criterio es que, por debajo de ese límite etáneo, los individuos son niños o adolescentes. Mi opinión es que el derecho al sufragio (y a ser elegible) debería ser una consecuencia natural de pagar impuestos de forma regular, sea uno nacional o extranjero.

Juan José Carballal está de acuerdo con la idea de los juicios de residencia (= rendición de cuentas) al finalizar el tiempo de los cargos públicos. Pero se pregunta irónicamente si, con esa medida, seguiría habiendo políticos. No le quepa la menor duda, don Juan José. El poder es aún más escaso que el dinero.

Sobre la cuestión del ahorro público, Javier Vicuña Ruiz opina que se podrían eliminar los retiros excepcionalmente sustanciosos que se conceden a sí mismos (gran privilegio) los políticos. En su lugar, bastaría que se adaptaran a la legislación en materia de pensiones. Aprovecho parea decir que la congelación de las pensiones para la clase de tropa, actualmente en vigor, es un latrocinio.

Librería Virtual
Fuente: Libertad digital / España / Versión para imprimir