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Nota publicada el domingo, 21 de noviembre de 2010

La Crítica: Intersticios
Por: Eduardo Rabasa

En una carta de Roberto Calasso al legendario librero italiano Romano Montroni (que aparece en el libro de este último Vender el alma. El oficio de librero, publicado en nuestro país por FCE-Libraria), le explica lo que considera la regla de oro para reconocer una buena librería: «la buena librería es aquélla donde cada vez se compra al menos un libro, y muy a menudo no el que se tenía la intención de comprar al entrar. Como ves, nada más simple, pero también nada más difícil de lograr para un librero». Ahora que el próximo sábado 27 de noviembre comienza la FIL de Guadalajara, pensé de inmediato en la correspondencia entre la regla calassiana y el mayor encuentro libresco de habla hispana. Y es que la FIL de Guadalajara es ante todo una inmensa librería donde es literalmente imposible para un lector salir sin un libro, cuestión de fácil verificación con sólo ver las (varias) bolsas con libros que cargan los miles de visitantes que la recorren diario.

A diferencia de las ferias del libro europeas, limitadas a profesionales de la industria del libro y por lo tanto más glamorosas y elegantes, pero menos cálidas, la FIL está hecha sobre todo por sus lectores. Por supuesto que es importante que acudan autores como el premio Nobel Le Clézio (ya que el reciente Nobel no podrá acudir justo por los compromisos de la recepción del galardón), el escritor norteamericano Phillip Lopate, el poeta colombiano Darío Jaramillo o la historietista libanesa Zeina Abirached; es una gran noticia que se hayan concedido premios importantes a Margo Glantz y al editor de El Acantilado, Jaume Vallcorba; sin embargo, todo el imponente aparato de montaje de stands, charlas y presentaciones de libros, premios, lecturas de poesía, conciertos, etc., no es en el fondo más que un aliciente extra para el acto esencial que la FIL promueve y fomenta: la lectura. Su divertida pirotecnia cumple perfecto la misión de llamar la atención hacia las piedras angulares en forma de rectángulo que hacen que todo lo demás sea posible.

eduardorabasa@sextopiso.com

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Fuente: Milenio / México / Versión para imprimir