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Nota publicada el lunes, 11 de febrero de 2013

Un arduo camino
Por: Mary Carmen Sánchez Ambriz
El tomo de Zavala Ruiz sirve tanto al escritor que afina una obra y va a presentarla a una editorial, como a quienes recibirán el texto y le darán su forma definitiva.

Reflexionar acerca de un libro sobre la hechura de los libros puede conformar un pequeño laberinto. Marcar la pauta de lo que debe ser una buena edición convierte al tomo en donde estas definiciones se desarrollan en un ejemplo posible. El libro que define las pautas del trabajo editorial tiene la exigencia de ser un modelo a seguir. Ese ha sido el arduo camino elegido por Roberto Zavala Ruiz con El libro y sus orillas, publicado por la UNAM en 1991 y con numerosas reediciones, ahora con una vita nuova en el Fondo de Cultura Económica.

La labor es inacabable porque el oficio mismo se va transformando. Las primeras versiones de esta obra abordaban un ejercicio que comprometía a varios artesanos, como el capturista o tipógrafo y el cajista; las computadoras crearon nuevas costumbres, pues suele partirse del original escrito en un procesador de palabras por quien firma la obra, que pasa, a veces directamente (o con una mirada superficial de correctores y editores), al diseñador o formador. La simplificación del trabajo suele ocasionar fallas garrafales, con páginas que se leen sufridamente. El paso último hacia el libro electrónico, que parece de fácil manufactura, puede ser también un abismo.

Por ello es importante que alguien se detenga a meditar sobre la historia del libro y las características que conforman una edición correcta. El tomo de Zavala Ruiz sirve tanto al escritor que afina una obra y va a presentarla a una editorial, como a quienes recibirán el texto y le darán su forma definitiva. El autor se pone del lado de la buena prosa, la buena escritura: se trata de un título que, además de su utilidad (de consulta obligada en donde la herramienta principal sea la palabra), puede leerse con agrado.

Dice, sobre esto, Zavala Ruiz: “Una frase oscura, un discurso en desorden o sin hilván; un lenguaje pobre o rebuscado; un estilo opaco, pero también la escritura deslumbrante por exceso de fulgores, pesada por tantas liviandades y pesadeces; en pocas palabras, una redacción inadecuada ensombrece más el acto de comunicarse que todos los deslices ortográficos”.

Un pecado de Zavala Ruiz fue encargarse él mismo de la composición tipográfica y el cuidado de la edición, como desconfiando de la infraestructura del Fondo de Cultura Económica. Una lectura fresca le habría advertido la caída de una ene a financíe (p. 170), o que la poeta Silvia Tomasa Rivera no se llama “Luisa Tomasa” (p. 179).

La edición, pues, no es impecable, pero hacia allá apunta.

El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas. Roberto Zavala Ruiz. Fondo de Cultura Económica, México, 2012.
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Fuente: Milenio.com / México / Versión para imprimir